“País de maricas”: ¿Por qué Jair Bolsonaro vuelve a atacar a los homosexuales en Brasil?



Cinco días antes de que casi 150 millones de brasileños voten en las elecciones municipales de este domingo, el presidente Jair Bolsonaro dijo que “Brasil tiene que dejar de ser un país de maricas y enfrentar la pandemia de pecho abierto”.

En el mismo día, martes, al hablar del demócrata estadounidense Joe Biden dijo que “sólo con la diplomacia no es posible” y “cuando se termina la saliva, hay que usar pólvora”. El demócrata indicó que Brasil podría ser castigado en el ámbito comercial por no proteger la Amazonia. A Bolsonaro no le gustó que Donald Trump no fuera reelecto y aún no había saludado a Biden.

El ex capitán del Ejército volvió a usar su ametralladora verbal cuando avanza la investigación judicial contra su hijo mayor, el senador Flávio Bolsonaro, por organización criminal, lavado de dinero y apropiación indebida de hechos ocurridos cuando era diputado estadual en Rio de Janeiro. Según la investigación, Flávio (del partido Republicanos) cobraba parte del sueldo de los empleados de su gabinete parlamentario.

La familia Bolsonaro niega que el primogénito sea corrupto. El combate a la corrupción fue una de las banderas de la elección del presidente y de los gobernadores y parlamentarios que apoyan – o apoyaban – el ‘mito’, que es como sus partidarios lo siguen llamando en los actos que hace en el interior de Brasil.

“Sólo con la diplomacia no es posible”, dice Jair Bolsonaro. Foto: Xinhua

Bolsonaro hizo el comentario acerca de los “maricas” al hablar del coronavirus, a pesar de que el Covid-19 ya ha matado a 162 mil personas en el país. Quince días antes, en un viaje al estado del Maranhão, en el nordeste brasileño, el presidente se burló de los que consumen la gaseosa popular del lugar, el Guaraná Jesus, por tener el color rosa. “Me transformaré en boiola”, dijo. Boiola, como marica, es sinónimo de homosexual en el lenguaje vulgar. En un país donde la mayoría de los 205 millones de habitantes dicen tener una religión, la casualidad es que la bebida fue creada en 1920 por un farmacéutico comunista y ateo llamado Jesús.

Hace casi 20 años en un templo de Buenos Aires, el aliado de Bolsonaro y fundador de la iglesia Universal del Reino de Dios, Edir Macedo, preguntó, haciendo gestos, a una multitud y frente al diario ‘Jornal do Brasil’ como se decía en español a los que eran gays. La respuesta de sus seguidores en voz alta fue: “maricón, maricón”.

Entre aquellos años y hoy la Iglesia fundada en el suburbio de Rio de Janeiro se ha multiplicado en Brasil y mucho más allá. Otras iglesias neo-pentecostales proliferaron por el país donde las comunidades evangélicas, como en otros países de América Latina, pasaron a ser el camino de la esperanza de días mejores de mucha gente que se siente desamparada.

Las municipales

Y en Brasil la fe – y también el uso de ella – camina junto con la política, lo que vuelve a quedar claro en las elecciones de este domingo en los más de 5 mil municipios del territorio nacional. Hay varios candidatos pastores evangélicos, ex coroneles y ex delegadas de policía en la disputa por una silla en las cámaras de concejales (vereadores) y en la prefecturas. La campaña y la fe están visibles también en los muros del país.

En el viaje de poco más de una hora entre los balnearios de Sepetiba y Pedra de Guaratiba y Recreio dos Bandeirantes, cerca de Barra da Tijuca, en la Zona Oeste de Rio, es posible contar más de diez iglesias diferentes. Algunas de ellas: iglesia evangélica quadrangular; iglesia congregacional guaratibana, iglesia de la familia, iglesia renacer en Cristo…

A veces, algunas ocupan espacios diminutos, como un día sucedió con la Universal. Y en los muros de las ciudades brasileñas y del interior también siguen vigentes frases que confirman la diversidad religiosa en Brasil. “Tiro los Búzios – preveo tu futuro -, traigo tu amor de vuelta en una semana”, dice una de ellas.

Pero, en las ultimas dos décadas, en el país que aún es famoso por tener la mayor cantidad de católicos del mundo, los evangélicos crecieron en la política brasileña. No sin generar polémicas. En agosto pasado, la Policía Federal prendió al pastor Everaldo Dias Pereira, conocido como Pastor Everaldo. Fue en la operación policial por irregularidades que también determinó que el gobernador de Rio de Janeiro, Wilson Witzel (del partido PSC), fuera expulsado de su cargo.

Rio, como otros estados, no ha tenido mucha suerte con gobernadores. El ex gobernador Sergio Cabral, que está preso en un presidio de máxima seguridad, acumula una serie de denuncias que le suman más de 200 años de cárcel.

El Pastor Everaldo era el padrino político de Witzel – un nombre que muchos ni sabían pronunciar cuando él, entonces un juez desconocido, fue electo como aliado de Bolsonaro. Everaldo fue quien bautizó al entonces diputado federal Jair Messias Bolsonaro en las aguas del rio Jordan, en Israel, en 2016, dos años antes de que fuera electo presidente. Hoy, oficialmente, los tres no se hablan. Bolsonaro dejó el partido del pastor y no tiene partido.

La izquierda evangélica

En el Congreso Nacional, la poderosa bancada evangélica está distribuida por varios partidos, incluyendo al Partido de los Trabajadores (PT) del expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, y este año nació una fragmentación de la bancada evangélica de izquierda.

La izquierda evangélica es opositora del presidente. Pero, allí, Bolsonaro pasó a tener a partir de este año el apoyo, también decisivo, del llamado ‘Centrão’ – son parlamentarios que no tienen ambiciones presidenciales, que votan según sus conveniencias políticas, son fundamentales para aprobación de las leyes del Ejecutivo, y son conocidos como ‘bajo clero’. Simbolizan la vieja política, muy lejana a la nueva política prometida por Bolsonaro en su campaña. Ahora, el presidente hace campaña para sus candidatos en las principales ciudades del país y también mira a la posibilidad de reelección en 2022.

En estas elecciones municipales, Bolsonaro declaró su apoyo a la reelección del actual intendente (prefeito) de Rio de Janeiro, el pastor evangélico Marcelo Crivella, pero igualmente, por las dudas, dejó su electorado libre para votar en el ex prefeito Eduardo Paes.

Paes lidera las encuestas para la votación del 15 de noviembre en la ciudad que es la cuna política de los Bolsonaro. Y la expectativa, según el Instituto Ibope, es que sea electo en la segunda vuelta, el día 29 de noviembre.

Pero Bolsonaro mira intensamente para San Pablo, el mayor y más rico estado del Brasil, gobernado por su principal rival político, João Doria (del partido PSDB), posible candidato a la Presidencia. Allí, el prefeito de San Pablo, Bruno Covas (PSDB), opositor de Bolsonaro, lidera las encuestas. El candidato del presidente, Celso Russomanno (que como Flávio Bolsonaro y Crivella es del partido Republicanos, vinculado a la Iglesia Universal del Reino de Dios) tendría pocas posibilidades de ganar, según las encuestas. En la que fue realizada por XP/Ipespe para el diario ‘Valor Económico’, Covas subió 8 puntos en la última semana. Y Russomano cayó 7 en ese mismo período.

No es una elección fácil para los aliados del presidente, según los encuestadores. En estas elecciones municipales, el número de profesionales del ámbito de seguridad (policías y ex militares) deberá seguir creciendo. Según el Foro Brasileño de Seguridad Publica, este número ha triplicado entre las elecciones de 2010 y de 2018. Además hay que contar los candidatos vinculados con la milicias (paramilitares), como ha dicho en reciente entrevista a Clarín el ex secretario nacional de Seguridad Luiz Eduardo Soares. Antes, dijo, ellos ponían a sus candidatos, ahora los candidatos son ellos mismos.

En un ambiente de politización de la pandemia, de nuevas agresiones de Bolsonaro a los homosexuales (‘no sé porque siempre nos ataca’, dicen amigos de Rio y de San Pablo) y de disputa presidencial, los artistas decidieron participar activamente de la campaña para las elecciones del domingo.

Caetano Veloso ganó en la justicia el derecho de hacer un show por las redes sociales (live) para los candidatos Guilherme Boulos (PSOL), de San Pablo, y Manuela D`Ávila (PC do B), de Porto Alegre. Como dice la música de Gilberto Gil, ‘hay que caminar con fe’. O como prefiere Bolsonaro, ‘Dios arriba de todo’ – frase que dijo cuando Trump perdió para Biden.

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