Ir a la escuela en invierno sin poder cerrar las ventanas: otro desafío del coronavirus en Europa



“Qué si vamos a pasar frío este invierno en la escuela?” Sí, esa es la pregunta. Viene a cuento por la obligación de ventilar de forma periódica las aulas para prevenir contagios de coronavirus entre los alumnos. “Pues le respondo: a no ser que tengamos un invierno cálido, no tenga ninguna duda de que alumnos y profesores van a pasar frío los próximos meses en buena parte de los colegios de Cataluña”.

El augurio, contundente, lo hace Pilar de Lara, directora del colegio público Parc del Saladar de Alcarràs (Segrià). En esa zona, como otras muchas del interior de Cataluña, ha hecho aparición la niebla y escolares y profesores empiezan a notar ya en sus carnes la factura climática del protocolo de ventilación. Todos, alumnos y docentes, tienen a mano buzos y abrigos para no titiritar cuando se abren las ventanas y puertas (varias veces al día) para que corra el aire por esas aulas.

Belén Tascón, presidenta de Associacions Federades de Famílies d’Alumnes de Catalunya (aFFaC) parece tener también muy claro el futuro que se avecina, con esto de la ventilación, en los espacios educativos. “Ya sabemos de alumnos que empiezan a pasar frío en las aulas y aún no ha llegado el crudo invierno”, alerta.

Protocolos que no son viables

Saludo codo a codo de dos chicos en un colegio en España. Foto: AP

Tascón entiende, como la mayoría de directores de centros, que haya que ventilar las aulas. Nadie cuestiona las normas sanitarias impuestas para prevenir contagios del virus en el ámbito educativo. Pero lo que ha vuelto a sacar de sus casillas a la aFFaC con el tema de airear las clases “es que se deje otra vez solos a los colegios para que capeen ellos con todos los temporales que se avecinan con esta pandemia”.

La presidenta de la entidad critica que con la ventilación de las aulas “está pasando los mismo que ha ocurrido con la polémica sobre quién tiene que hacer las PCR a los escolares, o las distancias y uso obligatorio de mascarillas en las clases”. Se dicta la norma, recalca Tascón, “y nadie se preocupa después de asesorar para que esos protocolos sean viables y puedan cumplirse”.

Y si no que le pregunten a la directora del colegio de Alcarràs, Pilar de Lara. La realidad de este centro público del Baix Segre se repite en otros muchos centros de Cataluña. “Aquí tenemos 29 grupos; un total de 535 alumnos y todos los espacios están más que ocupados”, afirma la docente.

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Fuente: Johns Hopkins University Infografía: Clarín

¿Sacar a los alumnos del aula y llevarlos a otro sitio mientras la clase se ventila y vuelve a calentarse? Sería la mejor opción, “pero imposible en la mayoría de colegios que no han conseguido espacios alternativos, pese a las promesas de las autoridades educativas”, critica Belén Tascón.

Una manta en la mochila

Así que la mayoría de alumnos siguen sentados en sus pupitres mientras el aire corre por las aulas con todas las ventanas abiertas de par en par cuando toca ventilar. ¿La solución para protegerse del frío? “Venir a clase con ropa de abrigo”, como hacen la mayoría de escolares que viven en zonas donde ya asoma el invierno con las primeras nieblas. Es el caso de Alcarràs, un centro con escolares de edades comprendidas entre los 3 y 12 años.

Otra opción es pedir a los alumnos que pongan en sus mochilas una manta. Algunos centros ya han hecho llegar a los padres esta recomendación. Belén Tascón considera que esa opción “es la confirmación del problema, pues pedir a los alumnos que se pongan una manta encima cuando están en clase es lo mismo que decirles que se preparen porque van a pasar frío de verdad”. La presidenta de aFFaC insiste que “así no se puede educar”.

Pilar de Lara tiene claro que cuando llegue el frío de verdad (lo que ocurre ahora en muchas zonas del interior de Cataluña o los Pirineos solo es un aviso) “vamos a tener que capear con quejas de padres”. Eso pasará “cuando las niñas y niños lleguen a casa y cuenten, que pese a los abrigos o mantas han pasado frío en el aula”.

Ventas abiertas en un día de nevada​

Blanca Barra, directora de la escuela pública Ruda de Salardú (Naut Aran), anuncia que en su centro –con 72 alumnos– van a hacer lo posible para que esas quejas de padres no lleguen nunca. “Aquí, cuando el invierno asome de verdad, lo tenemos muy claro: no vamos a permitir que nuestros alumnos pasen frío en las aulas”.

Blanca Barra tiene asumido que para conseguir ese propósito no podrán cumplir a rajatabla el protocolo de ventilación, tal y como se ha fijado desde Ensenyament. “Solo pido una cosa –añade la directora de Salardú– que venga al centro una de esas autoridades y compruebe si se puede aguantar y dar clase en una de nuestras aulas con las puertas y ventanas abiertas de par en par para ventilar, en un día de nevada o ventisca”.

Algunas escuelas temen que no podrán cumplir con los protocolos al rajatabla. Foto: AFP

Barra estima que esa ventilación repetida varias veces durante una clase o de 15 minutos entre hora y hora “igual puede hacerse en Torredembarra, sin que la temperatura de las aulas se desplome; pero no en los Pirineos”.

Ni repartiendo mantas entre los alumnos. “Esa no tendría que ser la solución, ni tampoco confiar en que el problema del frío en las aulas que se avecina en muchos centros se va a subsanar animando a los escolares a ponerse el anorak y el gorro en clase”, opina esta docente.

En Esterri d’Àneu (Pallars Sobirà) son más optimistas. Kiko Peris, jefe de estudios de la escuela La Closa, recalca que los alumnos de este centro “están curtidos con el frío, así que por ahora nadie se ha puesto aún en clase el anorak”, revela.

Y otra factura que se avecina: la del gasto de calefacción. Las calderas o equipos de gas de los colegios ubicados en las zonas más frías que hace ya días ventilan de forma periódica o tienen abiertas ventanas durante todo el día, funcionan a pleno rendimiento. “Ya veremos que dirá, en nuestro caso, el Ayuntamiento de Alcarràs –teme Pilar de Lara– que el pasado curso ya se quejó por la factura de la calefacción”. Que se preparen, pues, los que tienen que asumir ese gasto de los centros educativos.

Por Javier Ricou, Lleida, La Vanguardia

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