Elecciones en Estados Unidos: “Espero con ansias hablar con usted”, la invitación de Joe Biden a Donald Trump tras las denuncias de fraude



Hace exactamente cuatro años Barack Obama recibía en la Casa Blanca a Donald Trump, que había ganado las elecciones, para comenzar el traspaso del poder de manera amigable, una rutina histórica en los Estados Unidos. A pesar de que no se llevaban bien, todos cuidaron las formas. Pero nada es igual en estos tiempos donde la transición se ha convertido en un increíble caos: Trump sigue clamando que ganó las elecciones del 3 de noviembre, incrementó su ofensiva judicial contra un supuesto fraude y ahora sumó el apoyo de las grandes figuras del partido. Por otra parte, el presidente electo Joe Biden dijo este martes que era “una vergüenza” que Trump no reconociera su derrota y clamó públicamente: “Señor presidente, espero con ansias hablar con usted”.

Trump al fin tuvo un respaldo que esperaba, pero que se demoraba. Después de tres días de ambigüedades, el Partido Republicano rompió el silencio y salió en apoyo del presidente saliente y sus acusaciones de fraude electoral.

“El presidente Trump está al 100% en su derecho de examinar las acusaciones de irregularidades y sopesar sus opciones legales”, dijo el líder republicano en el Senado, Mitch McConnell. “Nada de sermones sobre cómo el presidente debería aceptar de inmediato y con alegría los resultados electorales preliminares viniendo de los mismos personajes que se han pasado los últimos cuatro años negándose a aceptar la validez de las últimas elecciones”. Un mensaje muy diferente al del ex presidente republicano George W Bush, que felicitó a Biden por su triunfo.

La campaña de Trump ha lanzado ya varios recursos legales en estados como Nevada, Georgia, Wisconsin, Michigan y Pennsyvlania con el objetivo de impugnar los resultados pero –al menos por ahora– nada ha prosperado porque no se han encontrado pruebas sino denuncias aisladas. Los expertos señalan que, aunque en algunos lugares se encontraran algunas irregularidades, no alcanzaría para dar vuelta el resultado.

Pero los esfuerzos de sus abogados se vieron alentados por una medida del ministro de Justicia, el fiscal general William Barr, que instruyó el lunes a sus efectivos para que investiguen cualquier sospecha de “irregularidades en el cómputo de votos” antes de que los estados certifiquen los resultados. En general, el ministerio no debe intervenir hasta luego de la certificación de los resultados.

En otra medida que avala la ofensiva judicial de Trump, los fiscales generales de estados republicanos pidieron al Tribunal Supremo que revise la sentencia de septiembre que avaló la ley estatal de Pennsylvania que permite contar los votos recibidos hasta tres días después de las elecciones, pero dejó abierta la posibilidad de reexaminar el caso. Las autoridades de este estado, donde Biden tuvo unos 45.000 votos más que Trump, afirman que el volumen de votos recibidas en ese plazo fue muy limitado y no tiene capacidad para alterar el resultado. Pero sin dudas sirve para embarrar el escenario.

Ante este panorama complicado, Biden ha buscado seguir adelante y comenzar la transición. Habló con líderes como Angela Merkel, de Alemania; Emmanuel Macron, de Francia, y Boris Johnson, del Reino Unido, entre otros mandatarios. “Les estoy diciendo que Estados Unidos ha vuelto. Estamos de vuelta en el juego”, afirmó en una conferencia de prensa. Y también se enfocó en la lucha contra el coronavirus y el futuro de la ley de salud.

Pero no es fácil. Biden dijo que la resistencia de Trump a reconocer su derrota era “francamente una vergüenza”, aunque “nosotros ya hemos empezado nuestra transición”, y que el pueblo estadounidense “sabrá y entenderá que ha habido una transición” porque no hay “evidencias” sobre un fraude electoral.

A su juicio, los miembros del Partido Republicano que se niegan a aceptar su victoria en las elecciones están “intimidados” por Trump. Y cuando un periodista le preguntó qué le diría al magnate si lo estuviera viendo, Biden respondió, mirando a la cámara y con una sonrisa: “Señor presidente, espero con ansias hablar con usted”.

Consultado por Clarín, Matthew Dellek, profesor de Ciencias Políticas de la George Washington University sobre la posición del partido Republicano ante este escenario caótico, dijo que “Trump recibió más de 70 millones de votos y la gran mayoría de los funcionarios republicanos electos saben que él es el líder del partido, incluso después de su derrota, y necesitarán encontrar la forma de ganar su bendición mientras intentan hacer su propio camino”.

Dellek, que es experto en elecciones en los Estados Unidos, agregó que el líder del Senado McConnell salió a respaldar al presidente saliente “porque quiere mantener a la base de Trump entusiasmada sobre la posibilidad de mantener ambas bancas del Senado de Georgia en manos del partido. McConnell debe saber que no hay ningún fraude en las elecciones, pero es tan cínico que está dispuesto a cubrir las mentiras de Trump para poder mantener la mayoría del Senado”.

En Georgia ganó Biden por apenas 11.419 votos. Pero la relevancia de ese estado se extiende aún más allá: el 5 de enero se repetirán las elecciones para elegir al senador porque ninguno de los candidatos ha alcanzado el umbral del 50% de votos. Son dos escaños fundamentales: si los demócratas consiguen ganar los dos, igualarían a los republicanos en el Senado. La Constitución prevé que en caso de un empate a 50-50 es el vicepresidente, o sea la vicepresidenta electas Kamala Harris, quien tiene el voto decisivo. Tener una mayoría demócrata en esta cámara (ya controlan la de representantes) facilitaría enormemente la tarea de Biden y dejaría a los republicanos fuera de juego.

Sobre la posibilidad de que la intervención del ministro de Justicia Barr pueda cambiar el escenario, el experto electoral fue contundente: “No. Barr se ha mostrado, una vez más, como un agente político de Trump, más que como un mediador honesto e independiente de la presión política. No hay ninguna evidencia de ningún fraude real y ciertamente no se ha encontrado nada que pueda anular los resultados de las elecciones”.

Consultado sobre el futuro de Trump y su movimiento, Dellek señaló: “Por supuesto el trumpismo no va a desaparecer. La pregunta es cómo será el trumpismo y qué pasará con él sin Trump en el poder. Mucho depende de cómo le vaya a Biden. Si es popular y exitoso en el control de la pandemia y en la reconstrucción de la economía, el Partido Republicano debe pensar y reconfigurar cómo mantener sus bases trumpistas y al mismo tiempo ganar apoyo en el votante suburbano blanco”.

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