Coronavirus: “¡Nos vamos a la quiebra!”, el grito desesperado de los comerciantes en Francia



Confinamiento severo en Francia y un grito de angustia de los comerciantes no esenciales: ”Nos vamos a la quiebra”. A pesar de las ayudas del estado, que pueden llegar a 10.000 euros, la desfiscalización, los fondos de solidaridad, los dueños de boutiques de ropa, los almaceneros de barrio, los floristas, los peluqueros, los tintoreros, los joyeros, los negocios de juguetes, que consiguen sus ganancias anuales en los dos meses previos a Navidad, sienten que no pueden resistir la fuerza del confinamiento, cuando los supermercados de sus mismas áreas están abiertos.

Una brutal segunda ola en Francia, con 31.919 casos diarios y 1 hospitalizado cada 30 segundos. El primer ministro Jean Castex prometió “una revisión” del confinamiento severo para ellos desde el 1 de diciembre, aunque no estarán incluidos en ninguna apertura bares y restaurantes.

Para los comerciantes y su sobrevivencia, diciembre es su prioridad y su único instrumento para su salvación. En un gesto de ayuda para ellos han prohibido a los supermercados vender ropa, libros y juguetes para salvar a librerías y otros negocios. Pero los reemplaza Amazon, que nadie controla y se expande en Francia.

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Coronavirus en Francia

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Fuente: Johns Hopkins University Infografía: Clarín

Yan llegó de Lagos con su familia tras la guerra en Asia. Su mini salón de peluquería en la rue de Charonne tiene una clientela estable y leal. Este confinamiento amenaza su negocio. “Si esto sigue, tengo que cerrar para siempre. No me alcanza para pagar mi alquiler. Tampoco me permiten atender mis clientes a domicilio. Al menos yo no tengo personal y no debo despedir a nadie. Pero si este confinamiento se prolonga hasta las fiestas, mi gremio no podrá sobrevivir”, contó.

Los vendedores de árboles navideños están desesperados ante las restricciones de Covid. Han comenzado a vender vía Zoom a clientes particulares, que pueden elegir el tamaño del árbol. “Pero la gran venta de árboles se inicia esta semana y nada se ha establecido para su distribución”, se queja Gérad Favé, que se ocupa de este negocio en Meudon, en los Altos del Sena.

“Las flores son difíciles de vender con zoom. La gente quiere verlas, compararlas, olerlas. Mis ventas han caído un 90 por ciento”, se queja Omar, con su florería cerrada en la avenida Ledru Rollin de Paris.

Las boutiques de ropa agonizan cerradas. Foto: AFP

Las boutiques de ropa agonizan cerradas. Han perdido la venta de ropa de otoño, comienzan a rematar la de invierno en sitios de Internet, si los tienen. Nadie compra nada que no sea por internet. La ayuda del gobierno alcanza los 10.000 euros pero a ellos no les alcanza. Ni siquiera representa el 5 por ciento de su cifra de negocios del mes de noviembre. Enfrentar el pago de los alquileres de los locales es el mayor problema.

El gobierno quiere salvar las ventas de Navidad y fin de año. El ministro de economía, Bruno le Maire se reúne con federaciones y con el Medef, que agrupa a los capitanes de la Industria, para encontrar una salida a los pequeños comerciantes, una solidaridad de los grandes hacia el comercio no esenciales.

Con las dramáticas cifras de la pandemia, los institutos de belleza temen abrir ahora, si al menos tienen asegurado que podrán trabajar antes de Navidad y Año Nuevo.

Nadie compra nada que no sea por internet. Foto: AFP

Los vendedores de juguetes están desesperados. “Todos pueden trabajar salvo nosotros”, se queja Thierry Leroux, dueño de dos casas de juguetes en París. “Me deprime. Yo veo que la gente se aglomera en Monoprix y Leroy Merlin, cuando yo no tengo el derecho a recibir ni una persona a la vez en mi boutique”, se queja. El ha recibido 10.000 euros de ayuda pero debe a sus proveedores 43.000 euros al mes por su stock.

Si abren el 1 de diciembre, los pequeños comerciantes tendrán un protocolo estricto, que puede incluir la cita obligatoria previa para entrar.

Su temor es que en Navidad, sus negocios bajen la cortina definitivamente, victimas de la crisis, las restricciones y el largo confinamiento. En Francia, el 30 por ciento de los restaurantes podrían cerrar para siempre. Para ellos, el levantamiento de las restricciones es menos factible que para los pequeños comerciantes.

París, corresponsal

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