vuelve un cabaret símbolo del tango

A lo largo de su movida historia, el tango conoció expansiones transcontinentales y repliegues que parecían definitivos; fidelidades de por vida y rechazos absolutos; florecimientos y retrocesos. Afortunadamente siempre regresa, como está regresando ahora un bastión del tango porteño: el cabaret Marabú, inaugurado en 1935 con la orquesta de Aníbal Troilo.

Este templo del género tuvo sus propios altibajos, provocados por los cambios en el país, las crisis económicas o las modas; y ahora vuelve a abrirse gracias al estadounidense Joe Fish, que vive en Nueva York pero está chiflado por el tango desde hace muchos años y puso dinero y pasión en esta aventura.

A partir del 11 de diciembre habrá en el Marabú (Maipú 365, CABA) clases de baile, milongas diarias, charlas y presentaciones; y por otra parte, dos personas de peso en el mundo del tango formarán parte de la vida de este cabaret que nace una vez más.

Dos personas clave

Eduardo Arquimbau y Carlos "El Negro Copello", dos instituciones tangueras. Foto Lucía Merle

Eduardo Arquimbau y Carlos “El Negro Copello”, dos instituciones tangueras. Foto Lucía Merle

Ellos son Carlos Copello, más conocido como el Negro Copello, que traslada al Marabú la escuela que tuvo en el Abasto durante diez años, y que a su vez ha invitado a sumarse a Eduardo Arquimbau, un bailarín a esta altura legendario y cuyo recorrido es apabullante.

Reunidos en el Marabú, mientras terminan de ajustarse los últimos arreglos para la inauguración, cuentan sus recuerdos del lugar.

Arquimbau: vine por primera vez a comienzos de los años ’50 gracias a una pareja de amigos míos que bailaban aquí con la orquesta de Carlos Di Sarli. Yo tenía nada más que 16 años, ni siquiera la edad permitida para entrar. Pero como en aquella época estaba estudiando para ser bailarín, esos pibes me traían y me hacían pasar.

Y sigue: “Volví mucho tiempo después; pero ya había terminado la época de las grandes orquestas. Y además bailé mucho en el Marabú con Gloria, mi esposa y compañera de baile; también nos hicieron aquí homenajes y di clases en esta pista“.

Una foto del Marabú, con el afiche de la presentación de la orquesta del Maestro Di Sarli. Foto Archivo

Una foto del Marabú, con el afiche de la presentación de la orquesta del Maestro Di Sarli. Foto Archivo

-Eduardo, vos que escuchaste a las mejores orquestas del ’40, ¿cuál es tu preferida?

Primero fue D’Arienzo, la orquesta que te “saca” a bailar (Copello suma: “D’Arienzo te saca a la pista sí o sí”). Después, cuando entendí qué era de verdad la milonga, fue Pugliese; me gustaba porque era la orquesta de los muchachos que se vestían al estilo Divito, con unas pilchas increíbles y se ponían una curita en la cara, una moda de aquel momento.

–Bailaban pisando fuerte, con ese ritmo de Pugliese: ¡chumm, brrrumm, chumm! Y después, cuando entendí todo, me hice hincha de Di Sarli. Recuerdo una historia de Astor Piazzolla y Roberto Fiorentino cuando actuaron aquí.

-¿Podés contarla?

-Fiorentino fue el gran cantor de Troilo –el mejor para bailar, para mí- pero Pichuco quería un cantor más, aunque distinto; lo llevó a Alberto Marino y todo el mundo empezó a admirarlo y a copiarlo. A Fiorentino no le gustó y se vino al Marabú con Piazzolla, que había armado un sexteto o algo así. Fue un fracaso. Piazzolla no sabía acompañar cantores. Él tocaba una cosa y Fiorentino cantaba otra.

-Copello, ¿tenés algún recuerdo relacionado con el Marabú?

-Uno solo: en el ‘84 vine con dos vagos atorrantes porque ya estaba introduciéndome en el tango. No sé cómo nos dejaron entrar, me imagino que nos habremos colado. Te soy honesto: no veníamos muy bien empilchados. Vimos a la orquesta de Osvaldo Pugliese medio escondidos y después agarramos y nos fuimos.

Sentados en el Marabú, que reabre. El Negro Copello y Eduardo Arquimbau. Foto Lucía Merle

Sentados en el Marabú, que reabre. El Negro Copello y Eduardo Arquimbau. Foto Lucía Merle

Trabajar después de la pandemia

Dejando atrás el confinamiento de la pandemia, Copello volvió hace poco a Rojo Tango, el show del Hotel Faena donde cuenta que trabaja desde hace mucho tiempo como bailarín; lo piensa un poco y agrega: “Macana, ¿qué trabajo ni trabajo?; me encanta bailar en el show”. Arquimbau, que hace pocos días cumplió 85 años, perdió en 2020 a su esposa Gloria; un golpe enorme que fue remontando de a poco.

Arquimbau y Copello, con un grupete de amigos todos veteranos, comenzaron ahora a reunirse en un bar: vermú y picada. Después, a milonguear hasta la madrugada; todos salvo Copello, que se va al Faena. El más veterano de esos veteranos se llama Toto, tiene 93 años y es un bailarín sumamente popular en el ambiente.

Copello lo llamó ayer para invitarlo al coctel de inauguración y Toto le preguntó tres cosas: “¿cómo hay que empilcharse?, ¿tengo que ir con una par-te-nai-re?, ¿llevo el libro Guinness?”. Toto está en el Guinness por la cantidad de años que viene pasando en la milonga.

Un templo de la porteñidad

Dos bailarines tangueros veteranos: Eduardo Arquimbau y Carlos Copello. Foto Lucía Merle

Dos bailarines tangueros veteranos: Eduardo Arquimbau y Carlos Copello. Foto Lucía Merle

Parece imposible encontrar un lugar como el Marabú que concentre tantos personajes y acontecimientos de la vida de Buenos Aires a lo largo del tiempo. La orquesta de Aníbal Troilo debutó allí en 1935 y regresó en los años ’60 con Roberto Goyeneche como cantor.

Fue el lugar de la bohemia porteña de una época, frecuentado por José María Contursi y Enrique Santos Discépolo. Contursi compuso el tango Como dos extraños, inspirándose en la historia de un mozo y una chica que trabajaban en el Marabú. Tania estrenó allí el tango Uno.

También fue el lugar donde se conocieron Troilo y la que sería su mujer, Zita. Jugadores de la Máquina de River, famoso equipo de la década del ’40, eran parroquianos habituales cuando tocaba Troilo, hincha del club.

El Marabú contó con el gran barman Manolete y además tenía sus tragos exclusivos: “Berlín 45”, una verdadera bomba, y “Medias de seda”. Finalmente, en los ’80, Marabú pasó durante un tiempo a llamarse Halley y tocaron allí Los Twist, Virus y Soda Stereo.

El campeón de tango

Las placas del Marabú, el clásico templo tanguero de Maipú 365.

Las placas del Marabú, el clásico templo tanguero de Maipú 365.

Eduardo Arquimbau nació en el barrio de Pompeya. Su papá era coleccionista de tango y organizaba milongas con orquestas en la terraza de la casa familiar. Eran frecuentadas por jugadores de Huracán que el nene miraba asombrado. Tiempo después, un vecino le pidió usar la terraza –el papá de Eduardo había fallecido- para dar clases de tango a un muchacho que quería bailar en los carnavales.

Cuenta Arquimbau: “Yo pasaba la música, pero sólo de mirarlos, aprendí. Fue este vecino el que me recomendó las prácticas de baile entre varones, que se hacían dos veces por semana en todos los clubes”.

El próximo paso fue ir a las milongas, pero no tenía aún ni la edad reglamentaria de 14 años, ni los pantalones largos. Se ponía entonces un mameluco de trabajo, arriba un pullover para que no se le notaran los tirantes, y entraba a los bailes.

Una imagen de 2019, en una de las reinauguraciones de la milonga del Marabú. Foto Martín Bonetto

Una imagen de 2019, en una de las reinauguraciones de la milonga del Marabú. Foto Martín Bonetto

Estudió también danzas españolas y rusas, zapateo americano (fanático de Fred Astaire y Gene Kelly), 135 danzas del folclore argentino y baile moderno. Recuerda: “El profesor de baile español me invitó a mí y a otros pibes a participar de las muestras de fin de año porque tenía pocos varones; y me puso de pareja con Gloria, que después sería mi señora”.

Arquimbau fue campeón de tango del club Unidos de Pompeya en 1955 y ahí conoció a Tim, primer bailarín de Troilo. Gracias a él, Eduardo armó en 1958 su primer ballet de tango para un programa de televisión; buscó muchachos que conocía de las prácticas y de las milongas, pero ninguno quiso.

Uno de ellos le dijo: “Yo para ganarme una mina puedo perder seis horas por semana; ¿pero para trabajar en la televisión? Ni loco”. La televisión no estaba en todas las casas ni mucho menos. Así que Eduardo armó el ballet con Gloria y los chicos de la academia de baile y tuvieron un éxito tan grande que empezaron a llamarlos de todos lados.

Hicieron números vivos en el Cine Ópera y allí los vio Francisco Canaro, que los invitó a actuar en una de sus famosas revistas de la calle Corrientes. Y en 1960 viajaron con la orquesta de Canaro a Japón; como Gloria tenía 14 años –diez menos que Arquimbau- tuvo que ir también su mamá, anotada en la lista del elenco como “bailarina”.

De ahí en más y durante décadas Gloria y Eduardo hicieron shows, teatros y mucha televisión; la vida de la pareja fue un movimiento continuo: recorrieron el mundo, incluidas las largas giras con el mítico espectáculo Tango Argentino.

Gloria y Eduardo fueron una pareja mítica del baile de tango.

Gloria y Eduardo fueron una pareja mítica del baile de tango.

Primero fue el rock and roll

Carlos Copello lleva cuarenta años con el tango. Había entrado en la danza por el rock and roll, del que fue un eximio ejecutante, y ahora vuelve atrás en el tiempo. “Yo estaba en el rock and roll, pero tenía amigos que hacían tango y bailaban en unos cabarets de cuarta. Empecé a recorrer las milongas de los clubes: Estudiantes del Norte, Huracán; y también a estudiar con todos los milongueros”.

“Un día, por el ‘85, quiero presentarme con mi compañera Alicia en un concurso de tango en el club La Bristol, en Rioja y Brasil. No tenía plata para la entrada; la cazo a Alicia y me mando adentro. El tipo de la puerta me para, ‘¿dónde vas pibe?’. Le explico que vengo a concursar “ya no hay más números” me dice”.

“Le pido a un viejito que me preste el de él. Así pasamos la primera ronda, la segunda y ganamos. En el jurado estaba Eduardo, pero yo no lo conocía personalmente. Los miraba a él y al Negro Raúl, que también era del jurado, como si fueran Dios y Moisés. Terrible respeto“.

“Ahí mismo, el Negro Raúl me da una tarjeta para un representante que estaba armando una gira a México. Se encarga mi compañera de baile y un día me dice, ‘nos pagan 150 por día’. Casi exploto de alegría, ‘¡¿150 pesos?! –yo ganaba 10 pesos por descargar papas en el Mercado de Abasto-. ‘No, dólares’, me contesta.

“Fui a despedirme de mi vieja, que me había preparado unos sándwiches de milanesa para el viaje. No sabía que en el avión te daban de comer. Yo tampoco.”

Años de tango. Para Carlos "El Negro" Copello y Eduardo Arquimbau. Foto Lucía Merle

Años de tango. Para Carlos “El Negro” Copello y Eduardo Arquimbau. Foto Lucía Merle

El proyecto del Marabú

-Copello, ¿de qué manera se incorpora Arquimbau al proyecto del Marabú?

-Mirá, yo trabajé mucho siempre: ensayar, ensayar, ensayar… y entrar en el alma del tango. Conozco a Eduardo desde hace largo tiempo, sé todo lo que sabe y sus códigos de tanguero. Y lo invito aquí, no para que dé clase sino cátedra: charlas y proyecciones de videos, todo armado de una manera muy profesional. Si él dice, “quiero un vaso de agua”, el agua tiene que estar inmediatamente.

-Cuando definís a Eduardo como un tanguero, ¿te referís a él como bailarín profesional, como bailarín milonguero, o como alguien que sabe mucho de la historia del tango?

-Abarco todo. ¿Qué puedo hacer yo, si no es ir atrás de él aprendiendo? Y me importa que estén aquí también otros milongueros, maestros míos con los que aprendí, no pasos, sino el espíritu del tango.

Información

La reapertura del Marabú será el Día del Tango, sábado 11 de diciembre, a las 22. Habrá milonga con la orquesta Sans Souci y el Chino Laborde.

WD

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