Volvió el fiado: ¿limosna o caridad colectiva?

Tips para ver cuándo fiar y cuándo no: si se discute el precio, no es buena señal para proceder al fiado. Llegado el caso, mejor perder a ese cliente. Sólo conviene fiar lo que puede llegar a comprar un jubilado: el incumplimiento será mas fácil de llevar adelante en una futura relación comercial.

Fiar sin tomar datos de la persona: se supone que el fiador es un ser de luz que nos dignifica con su presencia.

Volvés y pagás las dos manzanas que te habían fiado. Sin embargo da la impresión de que si no volvés, tampoco estaría del todo mal. Es tan de palabra el acuerdo, tan sin cuadernito, sin preguntas sin dirección ni escaneo de rostros, que te preguntas cómo se llamará esta modalidad. ¿Será fiado? ¿Dádiva? ¿Limosna?

Los precios se dispararon tanto que puede haber bastante diferencia entre un local y otro. Es como si de pronto los comerciantes sintieran un súbito complejo de remarcadores compulsivos de precios y comprendieran que uno desconozca cuánto cuesta cada cosa.

El fiado es más argento que la milanesa, pero está mutando. Como diría Palito Ortega, la gente en las calles parece más buena.

En la panadería Bellaria tienen talento para atender. “Llevala (la media docena de medialunas) y pagá el resto cuando vuelvas".

En la panadería Bellaria tienen talento para atender. “Llevala (la media docena de medialunas) y pagá el resto cuando vuelvas”.

Aquí, allá y en todas partes

Sabés de qué estamos hablando. Está ocurriendo aquí y allá. Es imposible que no te haya sucedido. No se blanquea, nadie habla expresamente de “fiado”. Raro todo, los comerciantes que te fían tampoco reconocen estar haciéndolo. 

Lo del ferretero de Barrio Norte que nos cuenta un compañero del diario. Él va y pide 12 clavos. “No me los quiso cobrar”. Era lo único que llevaba. “No hubo forma de pagarle, y tampoco es que vaya a comprarle día por medio…”.

Los ferreteros son conscientes de que hay que prepararse para competir. Otro ferretero del barrio de Belgrano deja que paguemos hasta 100 pesos menos de lo que cuesta un pegamento de madera. “Cuando puedas me alcanzás el resto”.

¿Cómo se llamará esta clase de confianza? ¿Es un favor? ¿Es parte de la economía actual? ¿Es la teatralidad de esa reliquia llamada “yapa”?

“No exageres, es poco y nada, es como ir al Starbucks y pedir que te sirvan lo que consumas sin hielo: siempre cae un poco más…”, opina Fabiana Daversa, pitonisa cafetera, conocida por haber sido una de las responsables de liberar a la elefanta Mara del Zoológico porteño.

Ferreterías, rubro solidario. “Me regalaron 12 clavos”, dijo un periodista de este diario.

Ferreterías, rubro solidario. “Me regalaron 12 clavos”, dijo un periodista de este diario.

-Cuatro manzanas por favor. ¿Cuánto es?

-280 pesos.

-Mmmm, dame dos, no me alcanza.

-Andá, no importa, llevalas…

Sentís vergüenza de que te fíen dos manzanas. Además, dijo “llevalas”, un regalo de 140 pesos. Vas y volvés enseguida. Que parezca un accidente, cualquier cosa, un descuido, un cuelgue, pero nunca nada que se acerque a la presunta realidad.

Manzanas: El cronista quiere cuatro, pero le alcanza para dos. Le regalan las otras dos.

Manzanas: El cronista quiere cuatro, pero le alcanza para dos. Le regalan las otras dos.

¿Si te (con)fían dos manzanas están esperando que las pagues? Con las medialunas de la panadería Bellaria pasa lo mismo. Mala puntería: no nos alcanza para la media docena de facturas. “Pagámelo cuando vuelvas”, dicen con un toque de distinción. Un amor la gente de Bellaria. O sea, no importa si vuelvo mañana, la semana que viene o en el 2023.

Preguntas sin respuesta

-¿Desde cuándo fía usted? –le preguntamos al ferretero de Belgrano.

-Yo no fío.

-Me está diciendo: “Después me traés la diferencia”. 

-Sí, pero yo no fío…

-¿Entonces por qué me lo está cobrando más barato?

-Ehhh… asklajsljdasa aklsjdla askjdlajsñld –no se entiende la respuesta.

La práctica conocida como “fiado” sucede cuando una persona que está interesada en un producto se lo puede llevar pagando por el mismo después de cierto tiempo acordado. Ofreciendo la posibilidad de entregar el dinero en dos o más pagos. El fiado como financiación.

Leemos: en algún momento del año pasado, en Córdoba capital, el fiado escaló hasta el 33,6 por ciento en comercios minoristas del rubro alimentación. Una especialista analizó el fenómeno diciendo que “el fiado es un mecanismo de última instancia para acceder a los alimentos”. El fiado como límite antes de pasar al hambre. O a robar.

En el Disco de la calle Arcos -nos cuentan-, un hombre mayor llega a la caja y no le alcanza para pagar algo de verdura y una cuantas hojas de afeitar. Poco efectivo y la tarjeta vencida. La mujer de atrás amaga sacar plata para pagar la compra del señor, pero el cajero se anticipa: “No se preocupe, está contemplado”. Resultado: se llevo la compra sin pagar.

En el Bellaria es casi emocionante lo que nos dicen a coro dos empleados, una chica y un muchachote.

-No te preocupes, son 60 pesos… me lo traés cuando vuelvas.

¿Causa o consecuencia? Mejor pensar en causa. La causas suelen estar asociadas a su deriva inmediata: “causa noble”. Quizás estemos sensibles por considerarnos víctimas inmediatas de la Guerra contra la inflación

Ahhh, fiar es hermoso. Un empleado o un dueño dándonos a entender que la plata no es todo en la vida. Buen mensaje la caridad. Pensamos en el muchacho del subte con la mano extendida: ¿qué debe sentir al final de la jornada? O en la señora que vive hace 25 años en la calle, Cristina se llama. Nos ponemos por un instante en su lugar.

¿Qué pensará de nosotros el tipo que sabe que el fiado -o como se lo llame ahora- puede ser un acto de misericordia casi cotidiano?

En un Disco dieron a entender que la caridad está contemplada. Foto Mario Quinteros

En un Disco dieron a entender que la caridad está contemplada. Foto Mario Quinteros

-¿O es lo primera vez?

-Naaa, jajajjaja –sonríe con incredulidad el verdulero.

Cuando te fían seguido, como nos pasa últimamente, dan ganas de salir corriendo hasta el lugar de turno para demostrar que somos merecedores de aquella sana costumbre. Que no hacen falta cartelitos aclarando: “Acá no se fía”.

-Para mí el fiado volvió pero con más prudencia -dicen en la panadería Bellaria, donde los empleados tienen talento para recibir clientes.

-¿Es una política de la empresa?

-No.

-¿Lo hacen con gente conocida?

-Por acá pasa mucha gente…

-Si vengo a pedirte 150 pesos de pan me fiás?

-No. Te fío si te faltan unos mangos.

-¿Fiás más o menos de 100 pesos?

-Mmmm, cien es un buen número.

WD​

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