Volare: historia de la canción que se entona en los balcones de una Italia herida por el coronavirus



El mapa de Italia con un barbijo atravesando sus 20 regiones. La península abrazada por un enfermero que llora. El mensaje de “tutti a casa a cucinare e mangiare e vinceremo”. Herido por los estragos del coronavirus, el Bel Paese resiste con medicina y altruismo, pero también con música. De los balcones emerge una melodía dulce, como una pócima invisible de la resistencia. Y en ese halo triste y esperanzador que envuelve el aire como en una guerra reaparece el hit de Doménico Modugno.

“Pienso que un sueño así no volverá nunca. Más me pintaba las manos y la cara de azul. De repente fui raptado por el viento. Y empecé a volar en el cielo infinito”.

“Volar, oh, oh, cantar, oh, oh, oh, oh. En el azul pintado de azul, feliz de estar allí arriba. Y volaba, volaba feliz, más alto que el sol y aún más arriba. Mientras el mundo poco a poco desaparecía lejos, allí abajo, una música dulce sonaba sólo para mí”. 

Nel blu di pinto di blu es un “himno” embajador de que la mayoría nombra a secas -erróneamente- como “Volare”. Pasó las seis décadas y no sólo sirvió para vender long play como hoy se vende alcohol en gel, sino para exportar italianidad en todos los sentidos y hasta para musicalizar una línea aérea. Cuenta la leyenda que en julio de 1957, en Roma, Franco Migliacci (uno de los dos autores del texto, el otro fue Modugno) tuvo una repentina inspiración al despertarse.

Doménico Modugno y el hit “Volare”, llamado en realidad “Nel blu dipinto di blu”.

Lo primero que Migliacci vio -supuestamente- ese amanecer fue la pintura de Chagall “Le coq rouge dans la nuit”, colgada en la pared de su casa. La obra: un hombre volando. El color azul, el protagonista.

Según medios italianos, durante meses el famoso estribillo se trabajó junto a Modugno. Como un “amasado” de pasta intenso. El resultado fue una canción onírica, que subraya el tema de la libertad y que fundó un hito de la canción italiana. Los brazos abiertos de Domenico serían insignia eterna del Festival de San Remo 1958.

Fue la actuación de Domenico aquel febrero de 1958 en el escenario del Ariston, con moño negro engalanando su tráquea, lo que empujó al hit. Los críticos y periodistas hablaban de “un volcán que se liberaba”. El sentimiento de Modugno -por entonces 30 años, guitarrista y cantautor nacido en Polignano a Mare, Bari- se llevó una ovación y desde entonces todo fue “viralización”: el tema llegó con fuerza desde Nueva York hasta Pakistán.

Una guitarra y una voz. Doménico Modugno.

Considerada para muchos la canción italiana más conocida del mundo, con más de 22 millones de discos vendidos en el globo, tuvo sus versiones en manos de músicos como Gipsy Kings y Ray Charles. Una hazaña que pocos saben es que Nel blu dipinto di blu obtuvo el primer Grammy a la canción del año y a la grabación del año, en 1959.  

Doménico, el Señor Volare

En los Estados Unidos no demoraron en bautizar a Doménico “Mister Volare”. Y adoptaron el hit sin traducirlo, reivindicando la musicalidad de la pronunciación. Tal fue el suceso allá que el propio Ed Sullivan -popularísimo presentador de la televisión estadounidense- lo invitó a su programa en 1958, The Ed Sullivan Show, un tanque musical por el que pasaron desde el mismísimo Elvis Presley a los Beatles.

Autor de más de 200 canciones, ganador cuatro veces de San Remo (1958, 1959 con la canción Piove, 1962 con el tema Addio, Addio y 1966 con Dio, come ti amo) sus fotos en blanco y negro no significan nada para los Millenials italianos, pero los entes culturales de ese país se empeñan en agigantar el mito Modugno. Todavía en Polignano a Mare, Puglia, donde nació, cada año una kermesse musical recuerda a su hijo pródigo, el Festival Meraviglioso Modugno.

​”Los brazos abiertos de par en par de Modugno representaron a un país que se sacudía los recuerdos de la guerra”, definió con precisión quirúrgica Marco Bracci, sociólogo en la Universidad de Florencia. “Hizo en la música lo que el neorrealismo en el cine”, agrega con exactitud Edoardo Tabasso, coautor con Bracci del libro De Modugno a Factor X.

Para Modugno la vida fue AV/DV. Antes de Volare y después del hito. Desde esa carnal interpretación que conmovió al jurado más estricto, compró la Ferrari que soñaba y su apellido se volvió sinónimo de Italia. Frank Sinatra, Barry White, Dean Martin, Paul McCartney, Luciano Pavarotti, Andrea Bocelli e Il Volo tomaron prestada la bendita melodía para darle su impronta.

Doménico Modugno. Su tema conocido como “Volare” recorrió el mundo.

Guitarrista, acordeonista, hijo de un comandante de la policía y de una ama de casa, el muchacho partió a Turín a los 19 años. Se ganaba la vida como reparador de neumáticos y camarero. No imaginaba el éxito brutal ni la brutal decisión de su padre, Vito Cosimo, que se suicidó tras ser diagnosticado con una enfermedad terminal.

​Tan tsunámica fue aquella performance en San Remo que Italia decidió enviar a Modugno al Festival Eurovisión ese mismo año de la primera consagración, 1958. Volare se transformó de a poco en el estigma, la condena a repetición de por vida, pese a que logró otros hits de la época, como El teléfono llora, un drama letal cantado sobre la separación de un padre e hijo.

El señor Volador que visitó varias veces Buenos Aires en los ’60 fue, además de cantautor, presentador de televisión, actor, padre cuatro veces y figura política. Su cuarto hijo fue reconocido por un Tribunal de Roma 20 años después de la muerte del artista: Fabio Camilli nació de una relación extraconyugal y secreta que el cantante mantuvo con la coreógrafa Maurizia Calì.

​Involucrado con el Partido Socialista, fue Diputado, entre 1987 y 1990, y senador por Roma entre 1990 y 1992. Un artículo de la revista Rolling Stone Italia define poéticamente al hombre del bigote fino que hoy resucita desde los balcones: “Encantador de almas, primer gran trabajador de la canción moderna local, artesano capaz de preservar la inspiración lírica”.

Una película guionada por Hugo Móser lo tuvo con un pie en Bariloche y Mar del Plata. Fue a mediados de los sesenta e hizo de sí mismo. El filme, coproducción italo-argentina- se llamó Vacaciones en la Argentina, fue filmado a color y se estrenó en 1966, sin pena ni gloria. 

Madugno murió el 6 de agosto de 1994, a los 66 años, en la Bahía de los Conejos, en la isla siciliana de Lampedusa, “entre el verde y el mar que tanto amaba”, tal como contó su esposa, Franca. Su vida no era fácil desde 1984. Había sufrido una trombosis que lo puso al borde de la muerte mientras se presentaba en un programa en un programa de TV italiano. Desde entonces se vio obligado a usar una silla de ruedas.

No sólo las terrazas, las ventanas, los balcones andan resucitando la gema histórica de su voz por estas horas. Hasta en los pasillos de los hospitales donde se lucha contrarreloj las rimas de Modugno se reproducen. Las radios italianas se unen todas en un mismo grito, Volare. El pueblo sueña con que la canción se lleve volando al maldito virus. Ya lo dice, de algún modo, la canción: “Que todo sea un sueño. Y que ese sueño no regrese nunca”.

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