Vivir sin permiso 2: culebrón mexicano mata serie española



De la muy buena primera temporada quedó poco y nada. Y no porque los personajes centrales hayan desaparecido. Lo que parece haber desaparecido es la pureza el eje principal que se vio -y se disfrutó- en los primeros 13 capítulos de Vivir sin permiso, serie española que se puede ver por Netflix.

El viernes 31 de enero se estrenó la segunda temporada, que bien podría llamarse Buscando a Nemo.

Porque Nemo Bandeira es el delicioso personaje que interpreta José Coronado, con su nutrida paleta de matices al servicio de este villano adorable, empresario exitoso y mandamás de una compañía conservera de Oeste, el ficticio pueblo de Galicia donde transcurre la historia.

José Coronado & Álex Gonzláez. Nemo y Mario eram como padre e hijo. Ahora parecen enemigos íntimos.

No es que no esté, ni mucho menos. Sigue siendo pieza clave del rompecabezas, pero en la primera temporada todo giraba alrededor suyo, un estratega capaz de manejar los hilos de su empresa y de su familia, una de las más poderosas de la zona. Nada se le iba de control, hasta que una enfermedad lo obligó a dar un volantazo. Y, luego, el volantazo los dieron los guionistas.

En esos primeros 13 capítulos se lo vio lidiar con los dos hijos que tuvo con su esposa, Chon Moliner (Pilar Castro). Y se lo vio conquistar la confianza de Lara (Claudia Traisac), la hija extra matrimonial, proveniente de otra clase social, opuesta a la de los Bandeira. Y se lo vio en casi todas las escenas, dosificando cinismo, seducción, maldad, bondad, emoción… En capítulos extensos para los tiempos televisivos que corren (de unos 75 minutos), la serie se volvía ágil, con un relato combinado entre el drama policial y los tejidos vinculares.

Pero en el arranque de la segunda temporada, a Nemo se lo ve algo perdido en pantalla, y no precisamente por su Alzheimer. Su peso narrativo quedó un poco opacado por una sublínea de la primera temporada, que recobró fuerza en esta segunda parte: la presencia en la casa de los Bandeira de Berta Moliner (cuñada de Nemo, interpretada por Leonor Watling) y su hijastro Daniel (Patrick Criado), dos ambiciosos recién llegados de México, que buscan quedarse con todo. Y destrozar el universo del protagonista original. Su semi incestuosa relación y su estridente desembarco en Oeste le cambiaron por completo el tono al relato. De pronto, la serie española desprende aroma a culebrón mexicano.

Alex Ugalde ya no forma parte de la serie, pero sí Claudia Traisac, que compone la hija extra matrimonioal de Nemo, personaje clave de la ficción española.

Una pena, porque muchos de los brillos de la primera temporada quedaron deslucidos, como el caso de Ferro (Luis Zahera), el tipo más leal de Nemo, un atorrante carismático con una moral muy a lo Bandeira: ya no tiene tanto espacio para sus escenas memorables, como las tenía antes. Es un personajón que hasta merecería cargarse al hombro un spin-off. También se nota la ausencia de Carlos (Alex Monner), el pintoresco hijo de Nemo, que sobre el final aparecerá, tal vez, quién sabe.

El que sí está en esta segunda etapa es Mario Mendoza (Alex González), el ex hombre de confianza del protagonista que parecía haber muerto sobre el final de la primera temporada. Volvió… y es como si fuera otro.

No en vano en España ya han anunciado que ésta será la última temporada de esta ficción que tuvo 13 capítulos atrapantes, para lucimiento de Coronado y algunos de sus secuaces. Pero estos 10 nuevos episodios cayeron en la trampa de “refrescar el relato haciendo crecer personajes secundarios”. Y, en ese reordenamiento de figuritas, uno sigue buscando a Nemo. Al Nemo de los comienzos.

Ficha

Calificación: Regular

Drama policial y culebrón Protagonistas: José Coronado, Claudia Traisac y Alex González, entre otros Creador: Aitor Gabilondo Emisión: Netflix.

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