Vera Cirkovic: la novia sideral de Rimbaud, Baudelaire y Verlaine



Vera Cirkovic canta los poetas malditos musicalizados por Léo Ferré Crédito: Alejandra Lopez

Vera Cirkovic. Álbum:Escombros de un vampiro sideral(Débris d’ un vampire sideral). Canciones: “Les poètes de sept ans”, “L’albatros”, “La mort des amants”, “La servante au grand cour”, “À celle qui est trop gaie”, “Les métamorphoses du vampire”, “Mon rêve familier”, “Ô triste, triste était mon âme”, “La vie antérieure”, “L’invitation au voyage”, “Colloque sentimental”, “Green”. Edición: Independiente. Nuestra opinión: muy bueno

Escombros de un vampiro sideral (Débris d’ un vampire sideral) podría ser el título de una película clase B de la década del ochenta. O, quizá, de alguna producción muy anterior, también de bajo presupuesto, dirigida por Ed Wood y protagonizada por Bela Lugosi. Pero no es el caso. Se trata de una producción discográfica. Y así como muchas veces el nombre de una canción termina siendo el título de un álbum, esta vez las ideas que brotan de varias canciones terminan de conformar ese título tan extraño. La responsable es la cantante lírica franco yugoslava Vera Cirkovic, radicada en la Argentina. Después de mucho tiempo de navegar entre lo contemporáneo y lo clásico, y de incursionar en el corpus de la chanson française con sus recitales, fue al hueso de una producción profunda o por momentos oscura: los poemas de Arthur Rimbaud, Charles Baudelaire y Paul Verlaine que musicalizó y grabó el cantautor Léo Ferré.

Habrá que decir que el tono que le pone a cada pieza esta mezzosoprano no es el de una intérprete lírica. Que nadie piense que se encontrará con una especie recital de lieder, sino con una colocación vocal para piezas populares de la década de 1960 (fue entonces cuando Ferré grabó sus discos dedicados a estos tres poetas). Se encontrará con melodías precisas, enriquecidas y reinterpretadas con extrema delicadeza por la voz de Vera, y recontextualizadas por un trabajo instrumental, no menos delicado, que quedó a cargo de Pedro Giorlandini, con la colaboración de Murci Bouscayrol (especializado en música para cine).

Las guitarras de Sebastián Zambrana y Bouscayrol tienen un rol muy importante en las decisiones estéticas que ha buscado Giorlandini para los arreglos. Como si la música de Leo Ferré conservara ese tono sesentista y, al mismo tiempo, viajara al rock indie, con influencias de los noventa y de la década de 2010 que se acaba de ir. Así establecen las paredes de este disco que habita Cirkovic.

Vera Cirkovic Crédito: Alejandra Lopez

“Les poètes de sept ans”,de Rimbaud, fue el punto de partida de este proyecto y, en el sentido más literal, la apertura del disco, de 12 piezas (once musicalizadas por Ferré y una por Henri Duparc). De esta especie de casa de muchas puertas se accede a situaciones muy distintas. Una escucha atenta revela la maduración de cada verso que Cirkovic ha hecho en su voz. Y la caracterización, en algunos casos. Ese niño de siete que Rimbaud describió a sus 17, con una declamación intensa que al final explota en una melodía de notas largas. La evocación de “La Sierva” que hace Baudelaire en un tono autorreferencial. La figura femenina (de hace casi dos siglos) en distintas facetas: vampira que atrae de manera enloquecedora, o belleza absoluta, distante e indolente.

Mundo paralelos que coinciden en un tiempo y un lugar, si por lugar podemos llamar a un álbum de canciones; ese que representa el tercer hecho artístico en la voz de Cirkovic, luego del primero (los versos de Rimbaud, Baudelaire y Verlaine), luego del segundo (haberse convertido en canción con la música de Ferré). A veces brillante, muchas veces oscura, compleja pero muy accesible, la voz de Vera hace una magnífica exposición para el siglo XXI de un material que pudo haber sido provocador en su época, pero hoy podría ser entendido como clásico (por imperecedero).

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