una expresividad directa contorneada con la sutileza de un orfebre

El pianista Tomás Alegre se presentó en el Teatro Colón con el Concierto para piano K. 414 de Mozart, junto con la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires dirigida por Pablo Druker.

Pasaron cuatro años de su debut en el Colón, y bastantes más desde que, a los doce años, inició su carrera como solista con el concierto para piano y orquesta K. 415 de Mozart.

El dictamen de niño prodigio recayó inmediatamente sobre el pianista pero, a diferencia de otros niños en los que ese dictamen puede tratarse de una verdadera maldición por el peso de crecer y desplegar una carrera a luz de semejante promesa, Alegre logró desarrollar sus potencialidades y una carrera que se vuelve cada vez más sólida.

Tomás Alegre ofreció una versión de sí totalmente integrada con el grupo orquestal. Foto Teatro Colón/Arnaldo Colombaroli

Tomás Alegre ofreció una versión de sí totalmente integrada con el grupo orquestal. Foto Teatro Colón/Arnaldo Colombaroli

La parte al servicio del todo

Aún en la cualidad operística que tiene el Concierto nº12, donde el solista podría asumirse como una diva de la ópera y convertirse en la atracción estrella del espectáculo, Alegre ofreció una versión impecablemente cortés, totalmente integrada con el grupo orquestal.

Se trata de los primeros conciertos que Mozart compuso para el público vienés, y los pensó de tal manera que se pudieran omitir las partes de viento y hacerlos igualmente adecuados para la interpretación doméstica. La empatía entre Drucker y Alegre hizo posible una lograda y equilibrada intimidad. Un Mozart ascético, seco se podría decir, pero para nada carente de expresividad.

Sólo que se trata de una expresividad tan directa la que asomó en la interpretación del pianista que se puede explicar con una idea genial de Federico Monjeau sobre la engañosa “superficie musical” en Mozart: allí convive algo engañoso y verdadero al mismo tiempo porque debajo de la superficie de esa música no hay nada, sólo música.

Tomás Alegre, dueño de una expresividad que revela la verdadera esencia de lo que interpreta. Foto Teatro Colón/Arnaldo Colombaroli

Tomás Alegre, dueño de una expresividad que revela la verdadera esencia de lo que interpreta. Foto Teatro Colón/Arnaldo Colombaroli

Los alcances más profundos y ocasionalmente más oscuros, como en el segundo movimiento que abre con una cita de La Calamità dei cuori de Baldassare Galuppi escrita por Johann Christian Bach, emergen del manejo diestro con el cambio de sonoridad.

Técnica y sensibilidad

Alegre mostró no solo su facilidad técnica -los contornos de las frases tuvieron el detalle de la labor de orfebre- sino también sus cualidades interpretativas a través de sus cambios de tempo, sus repentinas vacilaciones en cada una de las cadencias de los tres movimientos.

La energía y de sentido de la diversión no faltaron en el último movimiento. El pianista agradeció las ovaciones con un bis de Granados, La Maja y El Ruiseñor, de la suite Goyescas.

El estimulante programa había comenzado con la no menos estimulante Ittingen-Concerto, del argentino Oscar Strasnoy, especialmente escrito para la Akademie für Alte Musik de Berlín en el modelo instrumental de los conciertos de Brandeburgo de Bach.

Pablo Drucket condujo con acierto al cuerpo orquestal, tanto en el tramo dedicado a Mozart como en las obras de Strasny y Stravinsky. Foto Teatro Colón/Arnaldo Colombaroli

Pablo Drucket condujo con acierto al cuerpo orquestal, tanto en el tramo dedicado a Mozart como en las obras de Strasny y Stravinsky. Foto Teatro Colón/Arnaldo Colombaroli

Los tres movimientos que integran la obra de estilo fragmentario y cifrado, Brandeburgo-Ittingen (En tren), Resplandor y Canones, tuvieron una lograda realización musical de Pablo Druker y una destaca actuación del concertino Xavier Inchausti.

La noche tuvo un cierre sereno con Apollon Musagete de Stravinsky, al que tal vez se hubiese favorecido por momentos una interpretación un poco más incisiva.

FICHA

Orquesta Filarmónica de Buenos Aires

Director Pablo Drucker

Solista Tomás Alegre (piano) Sala Teatro Colón, jueves 30.

Calificación Muy bueno.

E.S.

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