una celebración postergada con sabor a fiesta popular

Pocas veces un par de versos de una canción es capaz de definir el clima de todo un show, como sucede cada vez que en esta noche de viernes 8 de octubre, parada en la punta de la pasarela del enorme escenario del Movistar Arena, Soledad Pastorutti repite eso de que “quiero darlo todo a cada instante” (porque) “puede que mañana sea tarde”. Idea que refuerza eso de que “el camino es largo, pero es nuestro”.

De golpe, en ese ida y vuelta que aquel “tifón de Arequito”, hoy devenida una mujer de 40 años con la madurez necesaria y suficiente para saber cómo seguir jugando a la que fue sin perder de vista lo que el paso del tiempo le/nos dejó, mantiene con su público, la letra de Quién dijo adquiere un significado único en el aquí y ahora.

Y aquí y ahora, mientras La Sole canta la canción incluida en Parte de mí, álbum lanzado en plena pandemia, lo que sucede es que tanto la cantante como sus músicos y las 3 mil personas que colman la capacidad permitida del estadio parecen haberse sacudido del todo esa especie de sarro con que el encierro endureció parte de nuestra capacidad de reacción e interacción.

De pronto, el encuentro -el primero de los tres programados para este fin de semana largo-, que sirve de festejo de su cumpleaños 40, cuando ya está a punto de sumar uno más,  pasa de la categoría de recital a la de fiesta; y en tren de calificar, se trata sin duda de lo que cualquiera denominaría una “fiesta popular”.

La Sole, nuevamente cara a cara con su público, después del largo tiempo de "encierro. Foto: Fernando de la Orden

La Sole, nuevamente cara a cara con su público, después del largo tiempo de “encierro. Foto: Fernando de la Orden

Volver, después del frío

Atrás queda la imagen de Sole cantando La música de mi vida, a dúo con ella misma en la enorme pantalla que preside la escena, mientras las palmas no llegaban a calentar del todo el inmenso recinto. De algún modo, la disposición de los espectadores de a dos butacas en dos impone una distancia que hace más difícil la generación de calor. Por eso de la energía que se genera por fricción.

Más lejos quedan la secuencia inicial con Volverás y Fiesta en el Sur, una especie de declaración jurada de las intenciones de la cantante de convertir el lugar en un terreno de disfrute; y el pasaje siguiente compuesto por la confesional Parte de mí, la conmovedora A la abuela Emilia y Cuando duele, una bella manera de decir que lo que suena es todo lo que tiene, es todo lo que es.

Y por cierto que eso que tiene y es La Sole no es poco. A tal punto que me hace borrar eso que había escrito en mis apuntes de que “cuesta volver”. A esta altura, con el Movistar a pleno de pie balanceando sus celulares al compás de Tal como siento, muestra un paisaje que nada tiene que ver con ese comienzo en el que hasta sus movimientos parecían hasta algo aparatosos.

Una puesta en escena generosa enmarca el presente de una cantante que supo transitar un camino de crecimiento. Foto: Fernando de la Orden

Una puesta en escena generosa enmarca el presente de una cantante que supo transitar un camino de crecimiento. Foto: Fernando de la Orden

El pulso popular

La presencia en escena de Francisco Benítez, ganador de la última edición la Voz Argentina de la mano de Pastorutti y dueño de una historia de vida de esas que en la tele rinden al máximo, sube la vara de los sentimientos y las sensaciones un escalón más.

Cuando ves esta imagen de la cantante consagrada cara a cara con un chico al que su sonrisa interminable e inmensa no le le alcanza para transmitir tanta alegría, entendés eso del artista popular y lo de “la magia de la televisión”; y ahí se mueren todos los análisis intelectuales que hablan de mucho de lo que a pocos les importa.

Acá, lo que vale es la emoción, y las emociones no se explican. Las compartís o te la perdés. Y hay que ser un poco tonto para perderse algo tan lindo como lo que esta pasando ahora en este lugarcito de Villa Crespo, que se transforma en un gran patio abierto al baile cuando se impone el tiempo de chacarera, con un mix de Digo La Telesita, Sólo para bailarla y Entre a mi pago sin golpear.

A esta altura, Soledad Pastorutti combina madurez y energía en dosis que administra con sabiduría. Foto: Fernando de la Orden

A esta altura, Soledad Pastorutti combina madurez y energía en dosis que administra con sabiduría. Foto: Fernando de la Orden

Bombos, boleadoras y un plan íntimo

Una coreo de bombos y boleadoras es el prologo para el juego de que el público elija una canción, aquí y ahora, mediante una App, y Brindis saca ventaja. No es casual que sea la elegida. Eso que canta La Sole de “Porque los días se nos van/Quiero cantar hasta el final/Por otra noche como esta doy mi vida” se hace karaoke, y en este regreso a los escenarios presenciales su mensaje se potencia.

Alguien levanta las dos manos como si elevara sus palabras al cielo, el tema lo completa la gente a capella y, de nuevo, si no te emocionas es que sos un cascote.

En plan familiar, La Sole suma a su hermana Natalia y juntas encaran la bellísima Zamba de amor en vuelo. Todo sucede sobre un escenario secundario, ubicado en el extremo opuesto del que ocupa el principal, a la luz de una iluminación intimista -obra de su esposo Jeremías- y con Bruno Orgaz al mando de un piano de cola blanco que hace juego con el cortísimo vestido de brillos de la anfitriona.

La Sole canta, arenga y se carga al hombro su rol de conductora de una fiesta que crece en intensidad a medida que avanzan los temas. Foto: Fernando de la Orden

La Sole canta, arenga y se carga al hombro su rol de conductora de una fiesta que crece en intensidad a medida que avanzan los temas. Foto: Fernando de la Orden

En un rato, de nuevo en el tablado central y con La gringa, Soledad levantará de sus sillas a todo el mundo. La Valeria sigue en línea, el público pide Chingui Chingui y La Sole se lo da mientras arenga a la multitud, “hace jueguito” con uno de los muchos globos que vuelan de acá para allá entre colores y carteles que sus fans levantan y agitan con devoción.

La misma, pero distinta

La introspectiva Sigo siendo yo sirve para certificar lo escrito en los primeros párrafos de esta crónica. “Soy esa niña/Soy esa mujer/Que no se cansa de aprender”, declara Pastorutti con una honestidad que lo que acaba de suceder en las últimas dos horas no hace sino confirmar.

El final llega con un mano a mano entre el DJ Tommy Muñoz y el solvente “team” de músicos que acompaña a la artista, con el ex Operación Triunfo Lucas Boschiero haciéndole la segunda -y a veces la primera- a La Sole con notable desempeño, en un marco de sonoro que hace equilibrio entre el pop latino, el rock y el folclore, que siempre ronda por ahí.

El repertorio hace equilibrio entre el pop latino, el folclore y cierta actitud rockera. Foto: Fernando de la Orden

El repertorio hace equilibrio entre el pop latino, el folclore y cierta actitud rockera. Foto: Fernando de la Orden

El enganchado, que incluye fragmentos de Aquel bahiano de tierra y sol, El tren de las nubes y Como los unicornios en plan de cumbia, entre otros títulos, y que suma nuevamente al centro de la escena a su hermana Nati y a Boschiero, marca el punto final. Volvió La Sole. Y hubo fiesta popular.

E.S.

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