un padre enamorado y un hombre que es feliz hasta equivocándose

Nicolás Cabré está solo. Sentado en una butaca, en la platea vacía del Multiteatro Comafi, parece más un espectador a la espera de que se levante el telón, que uno de los protagonistas de Me duele una mujer, la obra de Manuel González Gil que se estrenó este miércoles 12, en la que se luce junto a Mercedes Funes, Carlos Portaluppi, Facundo Calvo y Sol Loureiro.

La obra debió entrar imprevistamente en un receso hasta el 21 de enero, porque la actriz Mercedes Funes dio positivo de Covid.

Han pasado ya dos años de sus últimas actuaciones en Tu parte del trato, la serie con Eleonora Wexler y Jazmín Stuart que se vio por El Trece, y de la temporada 2020 de Mar del Plata, donde presentó Departamento de soltero, la comedia que protagonizó junto a Laurita Fernández, su ex pareja.

Me duele una mujer relata la historia de Miguel Sánchez, un profesor de filosofía, quien al ser abandonado por su novia Paula vive los primeros seis meses tan atribulado que recurre a un psicoanalista para superar su obsesión por ella.

Nicolás Cabré, sobre el escenario. Un lugar conocido y transitado. Foto Emmanuel Fernández

Nicolás Cabré, sobre el escenario. Un lugar conocido y transitado. Foto Emmanuel Fernández

Disfrutar de parar

-Después de este tiempo inactivo, un impasse inusual en tus casi treinta y dos años de carrera, ¿hay otros nervios?

-No es la primera vez que me pasa y yo disfruto de estos parates. No me modifica, sí me genera obviamente estas sensaciones de enfrentarte otra vez a la gente y mostrar algo nuevo. La verdad que soy bastante frío también, capaz me agarra un poco de nervios el mismo día, pero no antes.

-¿Y se manifiestan con un dolor de panza, te sudan las manos…?

-No, eso no. Quizás como un retorcijón o puedo estar respirando un poco mal, pero dos minutos antes ya me acomodo. Tengo la suerte de que soy hasta poco expresivo con mi nerviosismo y no lo registro. A lo mejor cuando termina el día y llego a mi casa muerto de cansancio me doy cuenta de que estaba tensionado.

Nicolás Cabré se enciende al hablar de su hija Rufina. Foto Emmanuel Fernández

Nicolás Cabré se enciende al hablar de su hija Rufina. Foto Emmanuel Fernández

-El famoso “la procesión va por dentro”…

-Sí seguramente. Si me ves no te vas a dar cuenta, no vas a decir: “¡Uy, está…!” No soy expresivo con eso tampoco (se ríe).

-¿No ser expresivo te condiciona por la mirada de los demás o a vos también te pesa y a veces te gustaría ser el niño extrovertido de diez años que conocimos cuando debutaste en televisión?

-No. Soy así y no me lo planteo. Mi hermano -Duilio, un año y ocho meses mayor- es muy parecido a mí. A lo mejor si alguien está esperando otra cosa y… lamentablemente sé que no voy a cubrir las expectativas de todos. Los que me conocen saben cómo soy y lo que me cuestan muchas cosas por vergüenza o por tratar de pasar desapercibido, pero no me pesa, si no sería un calvario mi vida.

Tampoco soy una persona que esté tratando de convencer a todo el mundo, no hago cosas para los demás en ese sentido.

-¿Ni siquiera cuando actúas?

-Obviamente cuando estoy trabajando cambia. De hecho la profesión me ha permitido hacer millones de locuras en los programas de televisión que nunca jamás haría en mi vida, pero es parte del trabajo.

Reencuentro con colegas

Carlos Portaluppi, Nicolás Cabré y Mercedes Funes, protagonistas de "Me duele una mujer". Foto Prensa

Carlos Portaluppi, Nicolás Cabré y Mercedes Funes, protagonistas de “Me duele una mujer”. Foto Prensa

-Además de ser tu regreso, en esta comedia romántica te reencontraste con Carlos Portaluppi y Mercedes Funes.

-Sí, es hermoso y es una tranquilidad tener la posibilidad de estar con Mercedes y con Carlitos y ser dirigidos por Manuel (González Gil). El grupo es divino, la verdad que ensayar fue un placer y lo estamos pasando muy bien.

-¿Es un plus que sea una obra de un autor argentino?

-A mí no me varía, si la obra es buena es buena, no importa de dónde es, pero sí es una ventaja enorme tener al autor acá. Encima Manuel es un tipo que te escucha, que sabe hasta por qué puso cada coma, pero tiene en cuenta lo que a vos te llegó de su obra.

Igual creo que en el teatro termina de construirse cuando está la gente mirándola, porque yo puedo entenderla de una manera o puedo creer que a la gente le va a disparar determinado tipo de cosas, pero cuando está ahí te dice cómo es con sus reacciones, entonces te sorprendés: “¡Ah, se ríen acá! Y hacen silencio en esta parte…”.

Siempre digo que uno puede estar parado ahí arriba y decirle a las personas: “Imagínese un árbol”. Y todos sabemos que es un árbol, pero vos te imaginaste un pino, aquel una palmera… Entonces no sabés para dónde va a disparar. Es lo lindo que tiene el teatro.

"Sé que no voy a cubrir las expectativas de todos", un textual de Nicolás Cabré. Foto Emmanuel Fernández

“Sé que no voy a cubrir las expectativas de todos”, un textual de Nicolás Cabré. Foto Emmanuel Fernández

-En el elenco está Facundo, el hijo de Carlos Calvo, vos trabajaste con Carlín, ¿compartir el escenario con él te moviliza de alguna manera?

-¡Sí! ¡Facundo es hermoso! Yo trabajé con Carlos, pero a Facundo lo conocí acá y me sorprende porque tiene momentos que es el papá, tiene cosas, gestos, cómo camina, es lindo tenerlo acá, me da mucha ternura lo buen pibe que es. Él y también Sol Laureiro, como te decía, somos un grupo de actores que la estamos pasando muy bien.

-¿En este momento de tu vida es lo que buscás?

-Sí. Hoy por hoy es lo único que me preocupa. Cuando te llega un proyecto y te gusta, la prioridad también es el hecho de si voy a disfrutar, si lo voy a pasar bien, si voy a estar lejos de problemas, de los “dimes y diretes”. Yo trato de hacer lo mejor posible y le pido a todos que hagamos siempre lo mejor que podamos hacer.

Rufina, su debilidad

-No sé si sos de proyectar pero ¿qué pasaría si Rufina, tu hija que hoy tiene ocho años, te plantea ir a un casting? ¿La apoyarías como lo hicieron tus padres?

-Sí, obviamente. Ellos me apoyaron mucho siempre y yo haré lo mismo con Rufi, pero no sólo si ella quisiera ser actriz, haría lo mismo si quiere ser pediatra o veterinaria o lo que sea, porque mi objetivo es que mi hija sea feliz.

-En estos dos años de pandemia al estar alejado del trabajo, ¿se fortaleció tu relación con ella, sentís que algo cambió en vos?

-Sí. Yo creo que todos los días se aprende. Y no sé si fortaleció porque siempre fuimos muy pegados con Rufi, pero sí la vida cambia y pasa muy rápido, y seguramente fortaleció la unión familiar en sí.

Yo la verdad es que soy feliz con Rufi como compañera, hacemos todo juntos y soy una persona que descubrí que, más allá de tener que hacerlo porque soy su papá, lo disfruto mucho y yo soy feliz hasta equivocándome.

-¿Ella te mostró a un Nicolás que no tenías previsto o no conocías?

-Me abrió un camino que no conocía. Empecé a entender muchas cosas que me han dicho mis abuelos o mis padres y empecé a conseguir sonrisas que no existían en mi vida. Rufi me cambió la vida.

-¿Qué dice tu hija cuando te ve actuar?

-Ella se crió en esto y se divierte. El otro día cuando hicimos la primera pasada completa de la obra, le dije: “Sentate, mirala y decime qué te parece”. Rufi es sensible y me interesa mucho su opinión.

-¿Eso te pasaba con tu papá, que te interesaba su mirada?

-Todo el tiempo. No siempre le daba la razón, pero sí me interesaba escucharlo. Cuando hacíamos Algo en común en este teatro (con Ricardo Darín, Ana Maria Picchio, y Silvina Bosco) me venía a buscar. Yo tenía 15 años, él era mi fan número uno y ¡vio todas las funciones! Pero no sé por qué llegaba al camarín que estaba acá abajo y hacía como que había llegado hacía cinco minutos…

Creía que de arriba del escenario yo no lo veía (se ríe). Y desde entonces me pasa que siempre está conmigo, lo siento conmigo (Norberto Cabré murió en 2014). Cuando hago teatro me invento un lugarcito, como una referencia suya, que desde donde estoy en el escenario puedo mirar mientras estoy trabajando para sentirlo ahí.

Este teatro es especial, porque fue real y no me lo tengo que inventar. En esta sala hay un lugar específico que fue nuestro y que miro de vez en cuando porque sé que él está.

El autor y director Manuel González Gil, con el elenco: Portaluppi Facundo Calvo, Sol Loureiro, Cabré y Mercedes Funes. Foto Prensa

El autor y director Manuel González Gil, con el elenco: Portaluppi Facundo Calvo, Sol Loureiro, Cabré y Mercedes Funes. Foto Prensa

-¿Qué te gustaría transmitirle de él a tu hija?

-Siempre digo que si yo llegase a hacer el dos por ciento de lo que fue mi viejo conmigo estaría tranquilo.

-¿Y de tu mamá?

-¡También! Mi vieja sabe todo. Está ahí y somos muy parecidos con mi vieja, no hace falta decir nada, a veces somos un calco.

-¿Cómo viviste el tiempo, casi dos meses, cuando Rufina viajó a España con la China Suárez, su mamá?

-Hermoso. Yo, como te decía, disfruto mucho. La extrañé, obviamente y si me preguntás no es lo que más me gusta, pero..

-Porque se dijo que con ese tema estabas pasándola mal e incluso te habías enojado.

-Y bueno… La verdad que no le presto atención a esas cosas que se escriben, paso. Imagínate que mi hija tenía la posibilidad de estar en lugares hermosos y yo ¿iba a decir que no? Yo lo único que quiero es que mi hija conozca todo, que viva todo, que me cuente… Y con la tecnología hablábamos todos los días. No hay nada que me guste más que esté con la madre, con la abuela, con sus hermanos.

-¿Te llevas bien con la China porque es la mamá de tu hija?

-Sí, pero no porque sea la mamá, porque yo con la China tengo una relación de verdad hermosa y eso es espectacular para Rufi y para nosotros también. Poder reírnos, divertirnos, apoyarnos, estar, es mi familia. Y si pusieron que yo estaba enojado por algo estaban mintiendo.

-¿Por eso no tenés redes sociales?

-No me gustan, no las necesito. Entiendo que casi todo pasa por ahí y sé que en algún momento me tengo que meter, porque mi hija en cualquier momento arranca.

-Y te va a aparecer con un TikTok.

-¡Va a ser una TikToker! (risas) -O youtuber o influencer… -¡Claro! Y tengo que estar entendiendo y pregunto, pero si es por mí no me nace directamente, no es una cuestión ideológica, si me remonto a la época de Facebook que mis amigos me decían: “Boludo tenés que tener Facebook”. Y no, la verdad es que lo miro dos segundos y me aburro. ¡No es para mí!

Tampoco me interesa desde lo profesional, yo quiero hacer bien mi trabajo y que se diga que soy buen actor, es lo único que me preocupa. Y desde lo personal, tratar de ser cada día mejor, aprender, ser un buen padre, un buen amigo, buen hermano…

El futuro

-El 6 de febrero cumplís 42 años, ¿hay algo que no te quieras perder de hacer?

-No. Sí tengo un millón de cosas por hacer, pero no algo tan específico… Mi prioridad no es material ni está afuera. Está en la cara de mi hija, en tratar de tener buenos momentos, de vivir el día a día y de ser feliz viendo la sonrisa de mi hija en Disney, en la puerta de mi casa, o en Egipto, lo de atrás es una escenografía y no dependo de eso para decir si no hago tal cosa me muero.

Me muero si mi hija no tiene ganas de estar al lado mío. No estoy en la búsqueda esa, ni lo pienso, te lo juro. No es que estoy diciendo ojalá me llamen para…

-¡¿Hollywood!?

-Pero no. ¿Y por qué yo querría ir a Hollywood? Fui a España (en el 2012 filmó la película Atraco, con Guillermo Francella y Daniel Fanego) y estuvo bueno, pero hoy me decís si me voy a España tres años y no, no puedo, si está mi hija acá.

-En “Me duele una mujer”, hay una frase que dice “siempre en el amor hay un poco de locura”, ¿lo creés así?

-Sí, seguramente… Hay que ver la obra y ver a qué hace referencia.

-Como lo de mirar el árbol que dijiste al comienzo. En ese caso, ¿vos cuál mirarías?

-¡No tengo idea! Me gustan muchos las plantas y eso creo que viene con la edad, jajá, empezar a cuidar las suculentas, tener la colección, llamar a mi mamá: “Che, má, se me está muriendo el potus…” (risas)

-¿Lo desarrollaste ahora eso?

-Ya hace años. Tengo mis suculentas, que si me las tocas me muero, jajajá. Estoy ahí todo el tiempo con las cosas, saco hijitos, hago plantas, regalo macetas… Y en cuanto al árbol, miraría uno que plantamos con mi hija.

-¿Cuál es?

-Ese es nuestro secreto.

WD

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