un Händel audaz con un elenco y una orquesta en gran nivel y una cuenta pendiente

“Nuestros dioses son queer porque son los que queremos que sean”. A telón abierto, y proyectada en el escenario, la frase recibe a los espectadores que acuden al Teatro Colón para ver Theodora, el segundo espectáculo de su temporada lírica.

A modo de manifiesto, la sentencia también funciona como advertencia -o recordatorio- de que lo que se está por ver es, tal como se lo anunció, una “versión escénica sobre el oratorio Theodora de Georg Friedrich Händel para una actriz, cantantes y orquesta”.

El manifiesto continúa cuando hace su entrada en escena Mercedes Morán y comienza su rol en el espectáculo, que es el de traer a escena una selección de textos de la rosarina Marcella Althaus-Reid, autora de una corriente de pensamiento que cuestiona de lleno los conceptos de la teología “hegemónica”, y que ella misma llamó teología indecente.

Mercedes Morán es la encargada de introducir los textos de Althaus-Reid en el marco del oratorio. Foto Teatro Colón/Arnaldo Colombaroli

Mercedes Morán es la encargada de introducir los textos de Althaus-Reid en el marco del oratorio. Foto Teatro Colón/Arnaldo Colombaroli

Discursos superpuestos

El lazo que une a Marcella y Theodora es tanto biográfico como simbólico: mientras la protagonista del oratorio fue una mártir cristiana condenada a la prostitución y la muerte por negarse a adorar a los dioses paganos, la teóloga argentina ha sufrido en nuestro país un doble ostracismo.

Eso significó para ella haber tenido que exiliarse y desarrollar su carrera en Escocia y al ser prácticamente desconocida en su tierra natal por su pensamiento disidente, incómodo y rupturista.

Aunque el paralelo entre ambas figuras tiene su basamento, parece más adecuado como tema de un ensayo o una tesis que para la puesta en escena de una obra dramático-musical.

El lazo que une a Marcella y Theodora es tanto biográfico como simbólico. Foto Teatro Colón/Máximo Parpagnoli

El lazo que une a Marcella y Theodora es tanto biográfico como simbólico. Foto Teatro Colón/Máximo Parpagnoli

Si el propósito de esta elección es dar a conocer al público que asiste al Colón el pensamiento de Althaus-Reid (una idea y realización de Franco Torchia), la forma de presentarlo -a través de los textos fragmentados en la voz de Morán y de aforismos en pantalla- dificulta su asimilación y pone en riesgo su sentido, al sacarlo de su contexto original.

Alejandro Tantanian es autor de la dirección y dramaturgia de esta propuesta singular, en la que el discurso de Althaus-Reid termina superponiéndose al de Händel y su libretista Thomas Morell, y echando más sombras que luces sobre la obra en la que se basa, una de las más amadas por Händel (que sin embargo temió que las mujeres de Londres rechazaran la historia de esta cristiana virtuosa).

Oria Puppo es responsable del espacio, el vestuario y, junto a Matías Otárola, el omnipresente video, que incluye la proyección en directo de primeros planos de los cantantes y de un serigrafista que hace su trabajo en el escenario.

El elenco tuvo un desempeño muy parejo a un muy buen nivel. Foto Teatro Colón/Máximo Parpagnoli

El elenco tuvo un desempeño muy parejo a un muy buen nivel. Foto Teatro Colón/Máximo Parpagnoli

Los pilares de la versión

Un elenco de desempeño muy parejo, la sólida dirección musical de Johannes Pramsohler y el concurso de una Orquesta Estable reducida a su mínima expresión pero en un altísimo nivel (las cuerdas respondieron muy bien a la exigencia que Händel propone sin descanso) son el pilar de esta versión, junto con el continuista Benoît Babel.

Encabeza el reparto la soprano coreana Yun Jung Choi; aunque su actuación es correcta, su contratación parece difícil de justificar en tiempos de tanta austeridad.

La soprano coreana Yun Jung Choi le aporta una actuación correcta a su rol. Foto Teatro Colón/Máximo Parpagnoli

La soprano coreana Yun Jung Choi le aporta una actuación correcta a su rol. Foto Teatro Colón/Máximo Parpagnoli

Brillan especialmente los cantantes más experimentados en este repertorio: el contratenor Martín Oro (en el papel de Didymus, que Händel escribió para el castrato Gaetano Guadagni, además creador del Orfeo de Gluck) y el barítono Víctor Torres (Valens).

Se lucen también otros dos artistas jóvenes, la mezzosoprano Florencia Machado (Irene) y el tenor Santiago Martínez (Septimius), y complementa bien el ensamble de covers que hace las veces de coro, aunque su número sea insuficiente para recrear la sonoridad característica de los oratorios de Händel.

Pese a sus méritos individuales, los muchos elementos que convoca la apuesta de Alejandro Tantanian no terminan de ensamblar del todo. Foto Teatro Colón/Arnaldo Colombaroli

Pese a sus méritos individuales, los muchos elementos que convoca la apuesta de Alejandro Tantanian no terminan de ensamblar del todo. Foto Teatro Colón/Arnaldo Colombaroli

Una cuenta pendiente

Mártir por decencia y mártir por indecencia: sobre el final, la protagonista y la actriz se funden en un abrazo que parece simbolizar la voluntad de amalgamar los muchos elementos que integran este espectáculo y que, pese a sus méritos individuales, no terminan de cuajar en su conjunto.

Ficha

Theodora, versión escénica sobre el oratorio de Georg Friedrich Händel para una actriz, cantantes y orquesta

Calificación Bueno

Director Johannes Pramsohler Dirección de escena y dramaturgia Alejandro Tantanian Sala Teatro Colón, martes 28 de septiembre.

Repite el miércoles 29 de septiembre y el viernes 1 de octubre a las 10 y el domingo 3 a las 17.

E.S.

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