un festival que derriba fronteras

Poco más de dos años después de su edición inaugural, el FIMBA (Festival Internacional de Música de Bariloche) puso en marcha este miércoles 27 de octubre su segundo capítulo, con sendos conciertos protagonizados por Pablo Agri y Rafael Gintoli junto a la ORN (Orquesta Filarmónica de Río Negro) y por Peteco Carabajal y su trío Riendas libres, acompañado por los metales y maderas de la formación.

Organizada por la Filarmónica, al mando de Martin Fraile Milstein, la iniciativa, que cuenta con el apoyo del área de Cultura de la Gobernación provincial y también de la administración municipal y el Emprotur reinsertó a la ciudad rionegrina en la agenda anual musical de la Argentina, con una propuesta que apuesta a una combinación de excelencia y amplitud.

Pero, además, abrió las puertas a un espacio de intercambio en el que la música ejerce el rol de vaso conector entre distintos universos, a tal punto que el mismo Agri que en un momento de la jornada desplegaba su temperamento cargado de sutilezas al servicio de la música de su padre, Antonio, en la catedral local, un rato más tarde le metía violín a una chacarera de Peteco en el teatro La Baita.

La inmensidad de la catedral barilochense, un excelente escenario para el encuentro de Agri, Gintoli y la OFRN. Foto Prensa FIMBA

La inmensidad de la catedral barilochense, un excelente escenario para el encuentro de Agri, Gintoli y la OFRN. Foto Prensa FIMBA

Una proximidad saludable

Tal vez sea esa misma proximidad entre los distintos escenarios, separados por apenas siete cuadras, la que convoca a una conexión no sólo entre los músicos que participan del encuentro, sino también a la que se establece entre artistas y público, potenciando el carácter emotivo de ese intercambio.

Eso es lo que se percibió desde el inicio de la presentación de Agri, que el violinista inició con El Julián Aguirre, una pieza breve de su autoría, cargada de nostalgia, para luego continuar con Sin pretensión de nada y el Primer Concierto para Violín, que la OFRN estrenó en 2018. Ambas, obras de su papá Antonio.

Y ahí, parado a centímetros de la primera fila de un auditorio de las 280 personas que colmaron la capacidad permitida de esa maravilla arquitectónica que es la Catedral diseñada por Alejandro Bustillo e inaugurada en 1946, Agri pareció contar un cuento que avanzaba por diferentes caminos, pero siempre en un territorio en el que se se mueve a sus anchas.

Pablo Agri al frente de la formación, interpretando el Primer Concierto para Violín de su padre. Foto Prensa FIMBA

Pablo Agri al frente de la formación, interpretando el Primer Concierto para Violín de su padre. Foto Prensa FIMBA

La referencia no es casual, porque la ejecución de Pablo va más allá del contrato que existe entre la obra y su violín; el músico se entrega -y se entregó, en la noche de este miércoles- en cuerpo y alma a la interpretación, y entonces la obra también es sus rodillas que se doblan como para tomar impulso, su torso que gira para darle paso a las cuerdas y sus ojos que se cierran en busca de algún viaje interior.

Mientras tanto, a lo largo de los cuatro movimientos de Sin pretensión… su instrumento dialogó con las violas y violines de la Filarmónica, o simplemente les cedió el protagonismo para retomarlo una y otra vez, desde otro lugar, a veces más calmo e introspectivo; otras, como un arrebato que sorprendió la calma.

Una mirada sinfónica y tanguera

Si no, como en el Primer Concierto, en el que Agri (Antonio) logró plasmar una mirada sinfónica del tango por fuera del estilo piazzolleano que tantas veces caracteriza propuestas de este tipo, fueron las maderas las encargadas de crear una plataforma desde la que Agri levantaba vuelo.

La conexión de Agri con la música va más allá de la que existe entre su instriemnto y la partitura. Foto Prensa FIMBA

La conexión de Agri con la música va más allá de la que existe entre su instriemnto y la partitura. Foto Prensa FIMBA

Hasta que de pronto de la soledad del solista se desprendía una magnífica mini sinfonía que le abría paso a un juego de toma y daca entre el solista y Luis Salvo, concertino de la orquesta, en su fibra más tanguera que parece que te rasca el pecho.

Así sonó el violinista, como si dejara que el sonido abandonara su instrumento para vagar por la inmensidad del recinto, en un discurso que completó la Filarmónica, de notable desempeño con Fraile Milstein al frente y en el que la tensión sólo aparece cuando la partitura lo exige, como parte del juego y no de cuestiones pendientes. En la calle dirían que hubo onda.

El espíritu que recorre el FIMBA, que se establece como un espacio de encuentro. Foto Prensa FIMBA

El espíritu que recorre el FIMBA, que se establece como un espacio de encuentro. Foto Prensa FIMBA

El factor Rafael Gintoli

El ingreso de Gintoli, para Post-Riga, redondeó la maravilla. El inicio de el plan compartido por el dúo fue un certero ataque al corazón que puso a Buenos Aires de patitas frente al Nahuel Huapi. Una alquimia extraña, en la que la orquesta asumió el rol de la más tanguera de las orquestas, sin perder ese punto de equilibro en el que se sostiene más allá de la obra que le toque interpretar.

Mientras tanto, Agri y Gintoli parecían esgrimistas que sobre un tapete avanzaban y retrocedían a su tiempo, que se replegaban para observarse por un momento y volver al centro de la escena; a veces uno, a veces los dos. Una demostración de esa capacidad que tienen algunos músicos “académicos” de hacer que eso que está escrito con estática rigidez adopte una dinámica que contagia.

Esgrimistas del violín, Agri y Gintoli protagonizaron un gran momento del concierto. Foto Prensa FIMBA

Esgrimistas del violín, Agri y Gintoli protagonizaron un gran momento del concierto. Foto Prensa FIMBA

Como contagió el aplauso final intervenido por repetidos agradecimientos lanzados desde el público, que se multiplicaron después de una exquisita versión de El choclo, que puso punto final a la celebración.

Tiempo de chacarera

Apenas 30 minutos más tarde, Peteco Carabajal, a solas con su guitarra, dio inicio en el teatro La Baita a la segunda presentación del día del ritual compartido con sus hijos Homero y Martina a través de su proyecto familiar Riendas libres. A los 65 años, Carabajal sigue siendo, además de un referente del folclore argentino y santiagueño, un puente que atraviesa las fronteras del género.

Peteco Carabajal con su trío familiar Riendas libres, por duplicado en La Baita. Foto Prensa FIMBA

Peteco Carabajal con su trío familiar Riendas libres, por duplicado en La Baita. Foto Prensa FIMBA

En ese continente habitan la tradición que reivindica en A mis viejos o en El embrujo de mi tierra, la fiesta que se despliega en Flores y chacareras, pero también una carga de energía “rockera” que se tradujo en el modo en que Homero encaró muchos de los “solos” de guitarra. Mientras, La Baita, colmada, cantaba y hasta bailaba

El ingreso de las maderas y los metales de la Filarmónica, con arreglos de Guillo Espel, introdujo un elemento extraño -tal como lo reconoció el propio Peteco- para la propuesta del trío. Sin embargo, la elección de Como pájaros en el aire se reveló apropiada para semejante desafío. Aún cuando cualquier versión del tema deba competir con aquella casi imbatible de MPA.

Pero siempre hay una primera vez para muchos, en esto de descubrir nuevas músicas y maneras novedosas de interpretarlas, y el intento llegó a buen puerto. Perfume de carnaval ganó en intensidad con las texturas orquestales y esa canción preciosa que es La estrella azul fue un fantástico broche de oro para el maridaje del trío con la orquesta.

Riendas libres y los integrantes de las OFRN; buena alquimia. Foto Foto Telam/Eugenia Neme

Riendas libres y los integrantes de las OFRN; buena alquimia. Foto Foto Telam/Eugenia Neme

Mirá quién vino

Tan atractivo como el “feat.” telúrico que encarnaron Peteco, Martina y Homero junto a Agri, que se corrió los 600 metros desde la Catedral a la sala para jugar con su violín en una espontánea versión de Puente carretero, en la cual el violinista que un rato antes estaba dibujando Buenos Aires en Bariloche, ahora hacía figuras entre Santiago y La Banda.

Para el final, nuevamente con el trío a secas sobre el escenario, entre anécdotas y relatos del anfitrión mayor, La Baita se convirtió en un patio santiagueño en el que Mi abuela bailó la zamba, El amor como bandera y Entre a mi pago sin golpear marcaron el rumbo a la despedida.

Pablo Agri, un convidado de lujo de Peteco Carabajal para una chacarera clásica. Foto Prensa FIMBA

Pablo Agri, un convidado de lujo de Peteco Carabajal para una chacarera clásica. Foto Prensa FIMBA

Este jueves será el turno del bandoneonista Rubén Hidalgo, un Piazzolla Barroco con el cuarteto formado por Andrés Spiller, Marcela Magin, Marcelo Rebuffi y Luis Caruana junto a la Filarmónica y Ramiro Gallo con las Cuerdas patagónicas. El FIMBA sigue hasta el próximo domingo.

E.S.

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