Un argentino filma en un tanque de agua en plena pandemia



Pablo Giorgelli, ganador de la Cámara de Oro en Cannes 2011 con esa maravilla que es Las acacias, filma en República Dominicana La Encomienda, un drama de nuevo con solo tres actores -como en Las acacias-. Los tres están a bordo del barco que da título al filme del director de Invisible, que a poco de zarpar, naufraga.

“A mediados de 2019 estaba rodando una serie para la TV Púbica en Santa Fe (Derecho viejo) y trabajando en simultáneo en la que iba a ser mi tercera película, Trasfondo, basada en la novela de Patricia Ratto, cuando me llega un mensaje de Diego Poleri, director de fotografía de todas mis películas, contándome que estaba en República Dominicana rodando y se le había acercado un productor ítalo/dominicano que había visto Invisible y quería hablar conmigo”, recuerda el realizador.

Ese productor era Ettore D’Alessandro, también actor (trabajó en la polémica Mary, de Abel Ferrara), guionista y director. “Cuando me contó su idea de inmediato me atrapó la premisa. Y había algo en ese universo inicialmente ajeno que enseguida reconocí como propio. Cuando me pasa esto, la cabeza empieza a trabajar sola, imaginando, preguntando, a veces dándome alguna respuesta. Luego aparece el tono, un punto de vista posible y se me hacen presentes los primeros elementos que estructuran una película posible”.

El actor Ettore D’Alessandro, coguionista, se puso a disposición de Giorgelli para que lo probara para el rol de Pietro. FOTO: TAREA FINA

Giorgelli -ya recordará su experiencia con Bong Joon-ho, el director de Parásitos, que fue quien le entregó la Camara de Oro- se reunió con Adrián Biniez (director de Gigantey El 5 de Talleres, con quien había coescrito el guion de Trasfondo) y con D’Alessandro para escribir La Encomienda. “Luego entró Tarea Fina como coproductora argentina, bajo el comando de Juampa Miller (productor de mis películas anteriores) y a partir de ahí ya me sentí como en casa”.

-Una de las productoras, Lantica Media, produjo “Terror a 47 metros” y su secuela. ¿De ellos fue la idea de rodar en el tanque en Dominicana, donde las rodaron?

-El plan siempre fue rodar en República Dominicana, precisamente en el tanque de agua de los Estudios Pinewood que tienen sede en ese país, y como el 100% del relato transcurre en el mar era indispensable rodarla ahí, un set diseñado especialmente para rodajes acuáticos: máquinas de olas y tormentas, distintos niveles de profundidad, la posibilidad de tener un horizonte real por estar construido junto al mar y un equipo de buzos altamente especializado para estas tareas.

Cannes, 2011. Pablo Giorgelli agradece al Presidente del Jurados de la Cámara de Oro , Bong Joon-ho, con su Cámara de Oro por “Las acacias”. El año pasado el coreano ganó la Palma de Oro por “Parásitos”. ARCHIVO

El elenco es dominicano en los roles centrales: Ettore D’Alessandro (romano, pero que vive hace mil allí, en un mes le sale la ciudadanía) interpreta a Pietro, trabajador de cubierta de La Encomienda, y Henry Shaq Montero hace lo propio con Benel en su debut en el cine y en la actuación, interpretando a un joven que viaja de manera ilegal en el mismo barco. Y por el lado argentino Marcelo Subiotto interpreta a Abreu.

-¿Cómo va el rodaje?

-Está siendo un desafío en todo momento, tanto por las cuestiones extracinematográficas, pandemia y demás, como también por las características propias de esta filmación: rodar en el agua es complicado, lento y difícil, hay características específicas de este tipo de sets que te obligan a diseñar una puesta en escena muy precisa. Además, estás siempre en exteriores, y el clima en el Caribe es una sorpresa permanente, muy cambiante…

Ettore D’Alessandro, Giorgelli, Henry Shaq Montero y Marcelo Subiotto en un alto del rodaje en el el water tank de Pinewood Dominican Republic Studios. FOTO: TAREA FINA

-¿Y cómo se vive en República Dominicana el confinamiento social? ¿Cómo es el protocolo?

-Llevan un confinamiento bastante similar al que hay en la Argentina, no hay clases, aunque hay toque de queda y casi todo está cerrado, pero de a poco se nota que están en un proceso de apertura… De todos modos, nosotros estamos en una suerte de burbuja, filmando en un pueblo a una hora de la capital (Juan Dolio, donde están los estudios), todos testeados semanalmente, en alojamientos cercanos al estudio, así que prácticamente vamos de casa al trabajo y del trabajo a casa. Y fuera del horario de rodaje no hay demasiado para hacer ni adónde ir: a las 19 comienza el toque de queda y los fines de semana es a las 17.

Henry Shaq Montero no es actor, y encarna a un joven que viaja de manera ilegal en el barco. FOTO: TAREA FINA

-¿Cuándo iban a comenzar a filmar?

-En principio en diciembre de 2019, luego la pasamos para marzo de este año y ahí vino la pandemia, ése fue el segundo aplazo. Y finalmente está sucediendo ahora, barbijos, distancia y alcohol en gel mediante. Hay también una suerte de Comisario de Covid en rodaje, un médico, enfermeros, todo el tiempo te renuevan el barbijo, en fin, muy bueno por un lado y un bajón por el otro. Es un poco una locura cuando lo mirás desde afuera, pero no nos está limitando en nada a la hora de rodar lo que queremos, sí sé que los costos de producción se han visto afectados.

-¿Cómo fue el proceso de casting?

-Con Subiotto tenía ganas de trabajar hace mucho, desde que lo vi en La luz incidente, de Ariel Rotter. Me parece un actor tremendo y, sin conocerlo, tenía la impresión de que era un buen tipo, una condición indispensable para mí. Volvería a filmar con él sin dudar.

Giorgelli y Juan Pablo Miller (hijo de Tato Miller, que fue vicepresidente del INCAA), quien produjo todas sus películas. FOTO: TAREA FINA

El caso del personaje de Pietro (Ettore D’Alessandro) fue especial. El actor le dijo desde el primer momento que, más allá de ser el productor, quería someterse a su consideración, “y que si yo sentía que él no era el actor indicado, se haría a un lado. Esa comprensión de lo que estábamos haciendo y esa generosidad ya fueron un punto a su favor. En el proceso nos fuimos conociendo y fui encontrando en Ettore al actor ideal para ese personaje. Tiene una gran sensibilidad y sutileza, sabe de cine, entiende rápidamente el tono, y es dueño de una capacidad de trabajo y entrega muy grandes”.

-Henry Shaq Montero no es actor… Vos solés trabajar con no actores en roles protagónicos.

-El proceso para encontrar a Benel fue más largo y extraño. Primero realizamos una etapa inicial extensa, vía Zoom, donde a partir de ciertas premisas y ejercicios que yo les daba, salían a buscar candidatos y me los enviaban. Vi muchos jóvenes desde octubre de 2019. Eso me ayudó además a reescribir y afinar en el guion el personaje de Benel, a encontrar su manera caribeña de hablar y ver el mundo. Buscamos actores y no actores. Y aparecieron varios y muy buenos, pero yo sentía que Benel aún no estaba y ya faltaba poco para empezar la preproducción. Ampliamos la búsqueda sumando a otra directora de casting, Patricia Terc, hasta que, finalmente, Carolina, la productora, sugirió al hijo de una amiga suya, Henry Shaq. El problema era que, aunque era dominicano, vivía en Francia hacía varios años y no tenía ninguna experiencia en actuación, cosa que me gustaba.

“Las acacias”, la opera prima de Giorgelli, con la no actriz Hebe Duarte y Germán de Silva. FOTO: ARCHIVO CLARIN

Giorgelli diseñó un primer casting con varios ejercicios diferentes, que fue conducido por una actriz dominicana, Judith Rodríguez. Y cuando lo vio, cuenta, “sentí que era él, pero al mismo tiempo la distancia y el Zoom me generaban dudas. Entonces organizamos dos pruebas más vía Zoom y ahí me decidí. De todos modos, la incertidumbre y la angustia no se me iban, era la primera vez que tenía que definir un casting por Zoom. Lo conocí recién un mes después cuando llegué a Dominicana, ya habiéndolo contratado. Él es un actor natural intuitivo tremendo, de una inteligencia emocional y una sensibilidad impresionantes y en la película está realmente increíble. Henry es otro de los milagros que vienen ocurriendo con La Encomienda. Creo que va a dar que hablar”.

-En tus dos películas anteriores, el sentimiento materno (y el paterno en “Las acacias”) estaba más que latentes. ¿En “La Encomienda” lo dejaste de lado?

-Yo siento que La Encomienda tiene un universo con varios puntos de contacto con el de mis películas anteriores. Mas allá de los eventos que deben atravesar los personajes, me interesaba un enfoque que estuviera atento a lo existencial y a lo íntimo.

“Invisible”. El director argentino se tomó su tiempo después de “Las acacias”, y presentó en Venecia 2017 su filme sobre una joven que hace frente a un embarazo no deseado. ARCHIVO

-La inmigración, a partir de la injusticia social, es un tema presente. ¿De qué forma la abordaste?

-Por otro lado, desde lo temático, la migración, la exclusión, el desamparo y la presencia de los vínculos familiares están presentes también en el universo de estos personajes. Es una película que, en un nivel, responde a elementos propios de una película de género, y en otro hace foco en el drama íntimo de sus protagonistas. ¿Cómo se piensa la existencia y el sentido de la vida en un mundo hiperconectado y a la vez tan desigual, donde los productos y las mercancías tienen más posibilidades de traspasar las fronteras que las personas?

-Pablo, ¿podés vivir del cine? ¿Seguís con tu emprendimiento de los bares?

-Y… Más o menos… Por épocas… Yo hago películas cada 4 o 5 años, y no han sido precisamente éxitos de taquilla, aunque les haya ido muy bien en festivales y crítica… Y los bares están a punto de cerrar. Ya venían bastante mal en los últimos años y la pandemia fue el golpe de gracia. Nos está pegando en un lugar muy difícil para la gastronomía y se está extendiendo por demasiado tiempo…Parece que esta vez no zafamos… Mi trabajo principal, y regular, es la docencia, hace años.

-Al margen, Bong Joon-ho te entregó la Cámara de Oro en el Festival de Cannes hace nueve años. ¿Tuviste algún pensamiento, o recuerdo cuando “Parásitos” ganó la Palma de Oro?

-Me alegró especialmente, me puse muy contento con todo lo que le pasó con Parasite. El era el presidente del jurado cuando ganamos en Cannes. Aunque aquella vez nos comunicamos casi exclusivamente por señas, nos miramos a los ojos, nos dimos la mano y creo que hubo una suerte de entendimiento profundo. Claro, siempre le estaré muy agradecido y le tengo un cariño especial. De alguna manera, aquel premio ayudó mucho a que Las acacias diera prácticamente la vuelta al mundo.

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