tres “enfermeros”, Rosario Ortega y Benito Cerati homenajearon al prócer del rock local

¡Listo!, desde mañana mismo hay que cambiarle el nombre a La Usina del Arte. Así como lo leen. Pongámosle cualquier otro nombre…El Escenario Creativo, El Lugar De Los Talentos, La Tienda de Artistas, no importa. Pero acá la verdadera Usina del Arte señoras y señores es una sola y se llama Charly García.

Con que, ya va siendo hora de hacer justicia. Charly García es una enorme usina de componer bellas canciones, una fábrica incesante de poesía sensible y profunda, un tsunami de vanguardia todopoderosa.

Como adelanto por los festejos del cumpleaños número setenta de García, un pequeño grupo de músicos bautizados en las aguas de su creatividad se reunió para brindar dos recitales con entradas agotadas (el primero fue el jueves 14 y el segundo tendrá lugar este viernes 15), y que ofician como la comprobación fehaciente de lo antes expresado.

Tres "enfermeros" y algo más: el equipo completo para homenajear a Charly en escena. Foto Rolando Andrade Stracuzzi

Tres “enfermeros” y algo más: el equipo completo para homenajear a Charly en escena. Foto Rolando Andrade Stracuzzi

Una base histórica para una celebración actual

Fabián “el Zorrito” von Quintiero en los teclados, voces y bajo ocasional, Fernando Samalea en batería y una todo terreno, Hilda Lizarazu, en voz, armonías y coros; posiblemente la coreuta que mejor interpretó desde siempre el cambiante Universo García, y que lo supo complementar en vivo como ninguna otra.

Junto con el cada día más grande, polifacético y abarcativo Lito Vitale en teclados, viola eléctrica y coros abrieron la noche intitulada Algo de Charly, ante un público rendido desde el primer acorde ante la música hechicera del Gran Genio Bicolor.

Ni siquiera importaba que el propio Charly no estuviera presente (aunque hasta último momento se esperaba el milagro), porque la sala del teatro Martín Coronado, en el todavía majestuoso Teatro San Martín, estaba colmada de una audiencia sedienta de sus hits.

Y todos pero absolutamente todos se habrán ido a sus casas bien satisfechos pues ¿qué otra cosa más que hits ha hecho Charly desde que comenzó a rasguñar las piedras, en sus más de seiscientas canciones registradas?.

Movediza y arengadora, Hilda Lizarazu ofició de "bastonera" de la celebración. Foto Rolando Andrade Stracuzzi

Movediza y arengadora, Hilda Lizarazu ofició de “bastonera” de la celebración. Foto Rolando Andrade Stracuzzi

El asunto arrancó bien ya de entrada nomás, con una Lizarazu movediza, arengadora, ataviada con una pollera hecha de corbatas (pobre Lito!) y con un bajo Rickenbaker en mano para interpretar una poderosa rendición de Yendo de la cama al living.

Poco después apareció en escena Benito Cerati quien sumó su voz y su presencia, (una imagen con algo del Robert Plant de la última era Zeppelin), muy bien plantado y seguro en escena, en una bella versión de No soy un extraño, demostrando que lo suyo es crecimiento artístico constante.

Lookeado como un Robert Plant del Led Zeppelin tardío, Benito Cerati aportó su voz para "No soy un extraño". Foto Rolando Andrade Stracuzzi

Lookeado como un Robert Plant del Led Zeppelin tardío, Benito Cerati aportó su voz para “No soy un extraño”. Foto Rolando Andrade Stracuzzi

Rosario Ortega, actual coreuta de Charly, apareció en escena para hacer Fanky, (el tema que según García le robó Bruno Mars) respaldada por la guitarra eléctrica de Hilda -dime con quién andas y te diré cuántos instrumentos podrás tocar- y la base monolítica de un Samalea preciso hasta en los golpes más sutiles.

Rosario, Benito y Lizarazu integraron a partir de ese momento un trío de voces muy bien balanceadas, con sencillas pero efectivas armonías, que se alternarían en el micrófono para este verdadero Charly Songbook, algo así como un libro de sus grandes canciones tocadas en vivo.

Lizarazu y Ortega, dos de las voces que acompañaron a García a lo largo de su carrera, junto a un incondicional, el Zorro Von Quintiero. Foto Rolando Andrade Stracuzzi

Lizarazu y Ortega, dos de las voces que acompañaron a García a lo largo de su carrera, junto a un incondicional, el Zorro Von Quintiero. Foto Rolando Andrade Stracuzzi

Hábiles “albañiles” para un arquitecto “especial”

Esta banda, con tres ex integrantes de los famosos Enfermeros (Hilda, Samalea y Quintiero) más el complemento certero de Vitale, debería ser bautizada como Los Albañiles: ellos saben cómo levantar paredes adecuadas para los exquisitos diseños del Arquitecto García.

No hicieron falta solos extensos, virtuosismos ni artilugios sónicos para seducir los oídos ni los corazones. Sólo exponer literalmente y de la manera más respetuosa posible cada uno de los himnos de Charly.

A tres voces, Benito Cerati, Hilda Lizarazu y Rosario Ortega repasaron algunas de las grandes obras de García. Foto Rolando Andrade Stracuzzi

A tres voces, Benito Cerati, Hilda Lizarazu y Rosario Ortega repasaron algunas de las grandes obras de García. Foto Rolando Andrade Stracuzzi

Así, desfilaron canciones de casi todas las épocas: Pasajera en trance, Siempre puedes olvidar, Fantasy, Raros peinados nuevos, Ojos de videotape, No voy en tren, y Buscando un símbolo de paz. Para el final escogieron esa bellísima alegoría que es La máquina de ser feliz, primer single del álbum Random.

Entonces, mientras Benito le sacaba fotos al público “para mandarle a Charly diciéndole que lo amamos”, la banda se despidió. Sólo por unos instantes, porque para los bises habían preparado un verdadero set de alto voltaje: Nos siguen pegando abajo, Inconsciente colectivo, De mí, Seminare (con el público cantando visiblemente emocionado), Rasguña las piedras y Promesas sobre el bidet.

De los '80 a los '20: Lizarazu, Samalea y 'Von' Quintiero, con Charly García y sus canciones como denominador común. Foto Rolando Andrade Stracuzzi

De los ’80 a los ’20: Lizarazu, Samalea y ‘Von’ Quintiero, con Charly García y sus canciones como denominador común. Foto Rolando Andrade Stracuzzi

Quizás les haya faltado a algunas canciones el elemento determinante, el ingrediente imprescindible de la fórmula secreta, esa pizca de dulce veneno que sólo puede ser inoculado por su propio creador y nadie más.

Así y todo (y considerando que el mismísimo Charly se abstuvo de concurrir (aunque por supuesto no era la idea), el recital fue un muestrario brillante del talento que emana este duende creativo, a cargo de una banda de grandes músicos con mucho oficio y con el suficiente amor como para rendirle este tributo a su Jefe.

Multifacético, Lito Vitale , sumó sus teclados a un repertorio que conoce como pocos. Foto Rolando Andrade Stracuzzi

Multifacético, Lito Vitale , sumó sus teclados a un repertorio que conoce como pocos. Foto Rolando Andrade Stracuzzi

Esto es música cien por ciento argentina de la mejor calidad. Y eso es porque pocos, poquísimos artistas hay más argentinos que Charly García. Tal vez Carlos Gardel. ¿Gardel y Charly un solo corazón?. Hmmm…pensándolo bien hasta podría ser un excelente axioma para alguna próxima campaña. Por nada, estimados políticos.

E.S.

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