T(raperas): rimas y feminismo explotan la escena musical



Las batallas de freestyle, para aquellos aún desprevenidos de este fenómeno en ascenso, es eso que hace referencia a un concurso en el que dos o más raperos compiten utilizando versos, letras y ritmos improvisados. No sería muy exagerado decir que es poesía en movimiento, como así también se asemeja a un deporte mental, por su caracter competitivo.

En el juego de las rimas, la picardía y la inteligencia se unen para, con palabras, astucia y flow (fluidez, estilo para rapear), competir contra el contrincante de turno. Con un condimento: aquí, la palabra es la protagonista y la expresión no reconoce de géneros. Es cierto, en un principio, la actividad la colonizaron los hombres, pero rápidamente empezaron a aparecer exponentes femeninas que necesitaban dar su punto de vista. Y en una etapa de la historia humana en la cual la mujer alzó su voz en busca de equidad, el freestyle le extendió sus brazos.

Es el momento idóneo para ellas y son parte fundamental del empuje que llevan las mujeres en el género que, lejos de relajarse en una postura o ideología, reafirman su condición de iguales al sacarse, en primera instancia, los prejuicios propios para ir atrás de lo preestablecido y patear el tablero.

A este viaje se suben tres de las mujeres más influyentes de la escena y que muestran los diferentes ramales del género. Hoy son tendencia en las redes sociales y sus A.K.A (alias) son aclamados por miles de seguidores: ellas son Tink, Roma y Dakillah. 

A Luyara Cerena (Tink), afrodescendiente, nacida en Itajaí, sur de Brasil, en una batalla años atrás le dijeron que le prestaban un jabón blanco para sacarse su color de piel. El público estalló y ella perdió la competencia.

Tink (Luyara Cerena), posando junto a uno de sus primeros grafitis, en la localidad de Alejandro Korn. (Foto: Gabriel Pecot)

Para cuando Tink empezó a rapear el descalificativo de “puta” era un clásico al que las mujeres sabían eludir y hasta dejar en ridículo a su adversario con un acote letal. Pero el “negra de mierda”, como el que le dijeron en la Red Bull Batalla de los Gallos 2016, frente a 10 mil personas, le costaba digerirlo.

Para ese entonces, ella había pasado muchas veces por esta situación y no tuvo mejor idea que responder citando a Martin Luther King. “Si en una rima improvisada un chabón te está largando eso es porque en algún momento lo pensó o lo siente. Como sabía que me iban a atacar por mi color, no me costaba nada ponerme a buscar armas para defenderme. Eso me abrió un mundo”, analiza Tink, sentada cómodamente en su casa en Alejandro Korn, provincia de Buenos Aires. Detrás la escucha Aparecida Da Penha, su madre, derramando una lágrima de orgullo.

Hasta allí llegaron juntas cuando Luyara tenía cuatro años. Ella dice que si su madre “no fue la primera negra de Korn, pega en el palo”. El racismo fue una constante en el colegio, de parte de compañero y profesores. Y para canalizar todo eso y buscar una vía de escape llegó el hip hop.

Primero a través del grafiti, pintando muros y trenes. Ahí nació el A.K.A Tink, por Tinker Bell, la Campanita de Peter Pan. “Para mis 15, mi mamá me hizo un vestido todo verde. Me gustaba el hada porque todo el tiempo tenía que resolver situaciones, siempre dentro de su inocencia”. En ese momento su apodo se fue apropiando de su forma de ser y el hip hop se convirtió en su estilo de vida.

“Después sufrir el racismo, lo tomé como un valor. ‘Sí, soy afrodescendiente, mujer y estoy rapeando en Latinoamérica”.

Luyara Cerena (Tink)

Siempre con dificultades presentes. Los grafiteros del barrio no querían saber nada con integrarla a su crew (grupo de pertenencia). “No era que no me aceptaran, pero yo tenía que hacer el doble. Si ellos pintaban medio muro, yo pintaba muro y medio. Si ellos rellenaban un cuarto de tren, yo rellenaba tres cuartos. Por ser mujer siempre tenés que esforzarte el doble y demostrar que realmente te gusta el hip hop, y no que estás ahí porque te gusta un chico”.

Tink y su hermana Gabriela, en la casa de sus padres. Foto: Gabriel Pecot

El tren era su punto de conexión, pasando todas las tardes entre “muros y rimas” viajando desde Korn a la plaza de Lomas de Zamora, a Berazategui, sede del Halabalooza, una de las primeras competencias de freestyle más importantes, o a Capital.

Pero ahora Tink viaja en avión a Mendoza, sede de una fechas de la competencia Freestyle Master Series (FMS), que convocó a 4 mil personas y donde ella es la primera jurado mujer. El tiempo pasó, el free se acercó al deporte y un insulto sin sentido, una rima machista o racista no recibe la misma respuesta que antes por parte del público. “Todo eso fue cambiando en base a las experiencias que muchas hemos pasado. Me han atacado por mi color de piel o por mi género, diciéndome que me iban a meter en una bolsa de consorcio y tirar al río. Pero ya está, ahora estoy del lado de jurado y esas cosas ya no se dejan pasar”.

Tink, en la previa de la fecha de la FMS en Mendoza. Detrás, Tata, su compañero en el jurado. (Foto: Gabriel Pecot)

La Red Bull Batalla de los Gallos es la otra gran competencia nacional, que tuvo el pasado 20 de octubre por primera vez dos exponentes femeninas como participantes: NTC y Roma. “Las minas estamos abriendo puertas a las patadas”, dice NTC sobre el escenario de Ciudad Universitaria, en un evento de promoción del evento que organiza la bebida energizante. La patada, con Wos a la cabeza, parece ser la analogía perfecta del rap interlazado con feminismo para resumir este fenómeno. Y Roma suma: “Nosotras llamamos la atención porque tenemos micrófono, pero hay muchas más pibas que hacen más ruido sin la necesidad de usarlo”.

Y vaya que hizo ruido sobre el escenario del Luna Park, donde lanzó el punchline más festejado por los 11 mil presentes en la competencia que posteriormente consagraría a Trueno como campeón nacional. “No sabe que decir… aguante la maternidad, pero es deseada o no será”. Roma le ganó a NTC en octavos y con esa barra, en una batalla pareja, dejó en el camino a Dozer, el último campeón. De esta forma, se consagró como la primera mujer en llegar a semifinales en la Red Bull Argentina. Una nueva barrera derribada.

El descubrimiento de las batallas por parte de María del Rosario Flores Galarregui (luego sus nombres se unirían para formar Roma) llegó de la misma forma que a un gran número de raperos sub 30: viendo 8 Millas (2002), la película en la que el propio Eminem​ cuenta -en clave ficción- cómo se ganó el respeto de todos en el rap en la pesada Detroit de los ’90. No vendría nada mal un análisis en profundidad de cómo esta película influyó a tantas personas de distintos lugares del planeta. Tarea para algún sociólogo.

Roma, minutos antes de salir a una de sus presentaciones. Foto: Gabriel Pecot

Roma, a los 14, cambió Violetta y el pop de Katy Perry por el hip hop. Fueron horas viendo en YouTube las mejores batallas de El Quinto Escalón, el ya mítico encuentro de batallas en Parque Rivadavia, e intentando las primeras rimas con su primo. “Hasta que me pudrí y dije ‘quiero ir a una competencia”, recuerda en el patio de la casa de un amigo en San Miguel, con el que entrenó rumbo a la Red Bull.

“Yo empecé siendo la peor, pero la peor de las peores. Rimaba algo, pero era tan mala… Sinceramente mal, pero a mí me daba una re satisfacción. Perdía, pero siempre me iba feliz”, dice la porteña con familia en Gualeguaychú, ahora de 17. El free se convirtió en una “adicción” y -patrón que se repite- en su forma para “expresar la bronca que tenía que no podía sacar de otra manera”.

-¿Qué encontraste en el rap?

-Llenar esa necesidad de formar parte de algo. Nunca fui parte de ningún grupo fijo de amistades. En el colegio tampoco encajaba súper bien. Entonces ahí encontré mi lugar. Llegaba a una competencia y era como ‘Ella es Roma’. Y era el único lugar donde no era Rosario, la boludita. Ese ambiente me hacía muy bien y me sentía re cómoda. Además el free me ayudó a hablar más, a expresarme, porque antes era muy para adentro.

“Cuando empecé a competir, no había pibas. Las que estaban era porque iban a ver o eran amigas de los pibes que rapeaban”

María del Rosario Flores Galarregui (Roma)

Su entrenamiento para la Red Bull se completó en su casa con un app que lanza palabras al azar, leyendo libros para sumar vocabulario (“soy fan de Norma Huidobro y Gabriel Korenfeld”), y en las presentaciones en la Triple F (Federación de Freestyle Femenino), la primera competencia femenina de alto rendimiento de habla hispana que se desarrolla en el Centro Cultural Recoleta y que tiene a Brasita (Ailén González) como su primera ganadora.

Roma, en unos de sus entrenamientos. (Foto: Gabriel Pecot).

Taty Santa Ana es la creadora y organizador de Triple F. Ella, con solo 21 años, está haciendo que la escena femenina esté cada vez más metida en el mundo batallero. 

Para Taty, que ya tiene el aval y el reconocimiento de Red Bull, que la convocó para que sea comentarista en la Final Internacional de Batalla de los Gallos disputada días atrás en Madrid (Sí, la de la polémica en Wos vs. Aczino), esta transformación se dio como parte del cambio de paradigma global. “La liga vino a replantear no el espacio que tenemos las pibas, sino la motivación que tenemos a la hora de buscar nuestros espacios dentro de la cultura”, cuenta.

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Y explica: “Vengo haciendo eventos hace 7 años y veo desde entonces la dificultad que tenemos las mujeres para incluirnos en muchos aspectos del arte y por eso es necesario que tengamos un espacio para nosotras en el que se nos brinden las herramientas para poder llegar. Triple F se formó con el objetivo de que sea un impulso para que las pibas puedan llegar a donde quieran sin ningún tipo de techo”.

Morena Jabulij (Dakillah) ejemplifica el camino natural para muchos de los más destacados MC’s. Ganó popularidad como freestyler, algunas de sus picantes batallas se convirtieron en virales vía YouTube y eso le dio un colchón para lazar un tema. Number One fue el primero, un éxito del trap local, que a su vez le permitió formar los cimientos para dejar las batallas y tener una sólida carrera musical, que ahora la encuentra con convocantes presentaciones en vivo, lanzando temas nuevos (Pensaste mal y No es tan difícil) y próxima a lanzar su primer álbum.

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“Ese tema lo escribí de muy piba y todo el tiempo me decían que era muy guachina, que no podía rapear. Que no entendía la calle, los conceptos, el mensaje… ‘Ya cuando seas más grande vas a poder'”. El tema quedó guardado algo más de un año, hasta que encontró alguien que confíe en ella para enseñarle, tenerle paciencia en el estudio y grabarlo, a sus 17.

Dakillah, una auténtica traper. Antes de uno de sus shows. Foto: Gabriel Pecot

Esto Morena lo cuenta cómodamente mientras le hacen las uñas en el local “mas trapero”. Este es su lugar. Aquí se pasa horas probando múltiples diseños rosados llenos de glitter, hablando de música y de sus problemas. 

“La vida es un choque de frente. Y el rap es el que me dijo ‘nena, no seas boluda, ponete el cinturón’”.

Morena Jabulij (Dakillah)

Criada en Nordelta, Morena no se encontraba en ese ámbito, no tenía un grupo de pertenencia, apenas compartía con un par de amigos “como yo, inadaptados total”. La salida para esa incertidumbre, sumado a algunos conflictos familiares y en el colegio, la encontró en la plazas de la Ciudad de Buenos Aires, a donde llegó gracias a su hermana. “Yo llegué y no entendía nada. No sabía si estaban hablando en otro idioma, porque decían tirate un ‘free’, vos un ‘beat'”, dice Dakillah sobre el que fue su espacio de descarga, de purificación. Un día, mientras observaba una batalla, la provocaron a rapear y ella sorprendió con una buena rima. “Ese día como que me desbloqueé, después vino la práctica”, rememora.

Una súper producción, en Ezeiza, para la grabación de uno de los próximos videos clip de Dakillah. Foto: Gabriel Pecot

“Me distraía. Me peleaba con mi hermana o con mi mamá y me iba a una compe (tencia). Me reía, me cagaba de risa con todos mis amigos, la pasaba bien. Después, al volver, ni me acordaba de mi enojo”, sigue quien tuvo que, en un principio, convencer a su madre que deje atrás sus prejuicios, esos que sostenían que en el ambiente del hip hop eran “todos drogadictos”.

-¿Cuál es la diferencia entre Morena y Dakillah?

-En el momento del show, de la joda y del mensaje peleador la que está es Dakillah. Pero no crean que dejé de ser la Morena tranquila y buena onda de siempre. Dakillah me permite expresar todas esas cosas que por ahí Morena no te quiere decir porque te puede lastimar. Entonces aparece Dakillah, y pum… te las bate todas.

WD

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