Todos los goles, y el ídolo de Boca que le tenía terror a la caricatura de Luis Ordóñez



Además de que era el único programa de fútbol de la televisión argentina, Todos los goles se destacaba por dos cosas:

1) El moñito que lucía Dante Zavatarelli, uno de los conductores.

2) La caricatura que Luis Ordóñez les regalaba a los invitados.

De 1983 a 1987, Todos los goles se emitió por Canal 9. Además de Zavatarelli, al frente del ciclo estaban Marcelo Araujo, Fernando Niembro y Julio Ricardo, que a partir del segundo año fue reemplazado por Adrián Paenza, no menos amante de “la táctica y la estrategia”.

Era un programa imperdible, adictivo, un festival de pelotas Pintier, shorcitos ajustados, melenas enruladas o genios de escasa melena, como el 10 de Independiente, “Bo-bo-chi-ni”.

El Bocha no era la única figura. Por citar sólo a algunos, también se destacaban el Beto Márcico, el Bocha Ponce, el Bichi Borghi, Ramón Centurión u Oscar López Turitich, marcador de punta de Platense que una tarde le tocó reemplazar a Gabriel Puentedura en el arco y le atajó un penal a Fernando Morena, de Boca.  

Brown, Batista, Bilardo y Burruchaga, con Luis Ordóñez en “Todos los goles”.

Sin Telebeam ni Var ni polémicas inconducentes, apenas con una musiquita de fondo, mostraba los goles de los diez partidos de la fecha, incluidos los del Interior, que en aquel tiempo aportaba varios equipos que ya no están en Primera: Instituto, Racing de Córdoba…

El mayor avance de la tecnología era la repetición en “cámara lenta”.

Había goles de chanfle, de taco, de chilena, de pecho, de rabona, de caño, de cabeza, de cucharita, de emboquillada, de oreja y, también, de rebote.

Al principio duró una hora; luego, una hora y media, cuando se agregaron las conquistas del Ascenso y las de los “argentinos en el exterior”, principalmente en Italia y España.

Empezaba a las 22. El público no quería que terminara nunca: no sólo había que esperar una semana para volver a ver goles en pantalla chica, sino que el final de Todos los goles también era el cierre del fin de semana, y había que regresar a clases, al trabajo…

El programa no necesitaba superproducciones para salir al aire, y era un exitazo: había que mandar un camarógrafo, un productor y una moto a cada cancha. Nada más. La AFA permitía pasar, gratis, hasta tres minutos por partido. En 1985, por Canal 7, apareció un competidor fuerte: Fútbol de Primera, al que se terminaron trasladando Araujo y Paenza.

Los invitados a Todos los goles elegían “el mejor gol de la fecha”. Quedó en la historia la noche en que Dino Sani, entrenador brasileño que en aquel momento dirigía a Boca, destacó… ¡un ¡gol en contra!

Sí, el que hizo Marcelo Firpo, de Atlanta, tras un córner de Jorge Comas, para que Vélez ganara 1-0 en Villa Crespo.

Firpo, de Atlanta, en contra

Dino Sani lo eligió “el mejor gol de la fecha”

En el último programa del año se elegía “el mejor gol de la temporada”. En el Metropolitano 83, por ejemplo, el premio se lo llevó Carlos Tapia. El Chino, jugando para River, y tras una apilada inolvidable, le hizo un golazo a Platense en el Monumental.

Era, sin dudas, un ciclo bilardista.

Ahora, Niembro relata los goles de Vélez frente a Independiente en el José Amalfitani. El local usa ropa Sportlandia; el visitante, Topper. Es un partido en el que Vélez gana 3-1. Abel Moralejo, marcador de punta fortinero, sube por la derecha y tira el centro al ras. El que define en el área es Carlos Bianchi.

Ahí, Niembro baja línea: “Es un gol que ayuda a desmentir que hacen falta wines… Lo que hay que hacer, en todo caso, es ocupar los espacios”.

En otro programa, en sintonía “ideológica” con los conductores, el invitado es Víctor Hugo Morales, el uruguayo del “ta, ta, ta”.

Algo pretencioso, Araujo le propone: “Para algunos relatores de fútbol, la vida pasa por una pelota de fútbol. Te pregunto: ¿Dostoievski o Norberto Alonso?, ¿García Márquez o Diego Maradona?”.

Tras el título en el Mundial de México ’86, la Selección también visitó el programa. Además de Bilardo, el entrenador, en los estudios del 9 estuvieron, entre otros, Diego Maradona, Jorge Burruchaga, el Checho Batista y el Tata Brown. Galíndez, el díscolo masajista, no paraba de fumar en cámara.

Presentación del programa

Con Víctor Hugo como invitado

“Este es Diego Maradona, que acaba de pasar a Vélez Sársfield”, cargó Niembro al superhéroe del Napoli, que lucía un buzo azul con la ve blanca, el mismo diseño que la camiseta suplente del equipo de Liniers.

En 1983, Luis Ordóñez tenía 28 años. “Autodidacta”, como él mismo se define, ya había hecho algunas caricaturas “en los programas de Gerardo Sofovich y en Las mil y una de Sapag”.

Y le llegó la oportunidad de su vida. Gracias a la actriz Silvia Peyrou, “gran amiga”, se contactó con Gustavo González, productor de Todos los goles. Luis le contó su idea: dibujar a los invitados al programa. “A Gustavo le pareció algo interesante, y arranqué”, sigue.

“Fue una experiencia increíble”, agrega Luis, que con el tiempo armó su propia escuela de dibujo y llegó a publicar uno de sus trabajos, ni más ni menos que su versión de La Gioconda, en el museo del Louvre, en París. Un talento de exportación, podría decirse.

Sentados: Paenza, Melgar, Sabella, Tapia y Zavatarelli; parado, Ordóñez. En Canal 9.

“Todos los goles no paraba nunca. En verano, yo me iba unos días de vacaciones a la Costa y los domingos volvía a Capital para estar en el programa”, profundiza Ordóñez, que en su imagen de whatsapp lleva la caricatura de Marilyn Monroe.

“Al primero que dibujé fue a Bilardo. Lo hice en lápiz, en 35 por 50, tardé diez minutos… Sí, me sobró mucho tiempo. Entonces propuse hacer las caricaturas en colores. Y fue un golazo… Se instaló muy rápidamente. A los jugadores les encantaba. Es más, había algunos jugadores que estaban enemistados con alguno de los periodistas del programa, pero iban igual para llevarse el dibujo”, detalla Ordóñez, que jugó en las Inferiores de Lanús. “Era un 8 con más técnica que marca”, suelta.

 -¿De qué cuadro sos?

-De River, por hambre, y de Lanús, por mi barrio.

-¿Por qué “por hambre”?

-Porque mi viejo, si yo no me hacía de River, no me iba a dar de comer.

Con Luis Ordóñez dibujando

Los invitados, Alejandro Sabella y Carlos Tapia

Ordóñez no ensayaba. Dibujaba en vivo. “El contrato decía que no podía llevar nada preparado. Además, hasta último momento no se sabía quiénes iban a ser los invitados. A la tarde, los cuatro conductores iban a cuatro canchas distintas. Y cada uno invitaba a alguna figura. Lo hacían así por si fallaba alguno. Y entonces a veces había más de un invitado”, sigue Luis.

A veces, claro, tenía mucho trabajo. “En el 86, cuando la Selección ganó el Mundial de México, fueron al programa los 22 jugadores. Los dibujé a todos, en un cartón más grande. Y en el 84 había pasado algo parecido cuando salió campeón Argentinos Juniors…”, comenta.

El Beto Alonso, ídolo de Ordóñez.

Hubo situaciones complicadas, como la vez que el único invitado era Maradona y, “faltando cinco minutos para que terminara el programa”, apareció Jorge Cyterszpiler, su representante.

El caricaturista lo cuenta así: “Lo sentaron al lado de Diego. Entonces vino Fernando Gago, que era otro de los productores del programa, y me pidió que también lo dibujara a él. ‘No podés hacer sólo a Diego’, me dijo, ‘hacelo también al manager’. Por suerte, llegué. Me puse a dibujar a loco y lo terminé”.

A la hora de recordar si hubo algún invitado al que no le gustó la caricatura que le regaló, Ordóñez cuenta divertido: “Les gustó a todos. Eso sí, Hugo Gatti, en aquel tiempo ídolo de Boca, tardó cuatro años en ir al programa. ‘Le tengo miedo a Ordoñez’, decía el Loco. Al final, la noche que vino, primero apareció su esposa, Nacha, y me pidió: ‘Luis, por favor, no lo mates tanto… (se ríe)’”.

Hugo Gatti, gran arquero de Boca, temía por el dibujo de “Todos los goles”..

-El Loco tiene una pera grande… 

-Sí, claro, mucha pera… ¿Entonces sabés que hice? En una hoja superpuesta, dibujé la caricatura de Alain Delon. Y se la di. Fue una broma. También tenía la de él, por supuesto. Podría decirse que lo cuidé.

Bilardo fue el personaje al que dibujó más veces: siete. “Siempre se lo tomó con mucho humor. No tenía ningún problema con que le hiciera grande la nariz. Griguol también se divertía mucho: me pedía que lo dibujara con pelo… También recuerdo la noche que el Beto Alonso, mi ídolo, fue al programa. Estaba en su mejor momento… Yo no lo podía creer, lo tenía ahí, a un metro. Y cuando lo dibujé lo hice llorar. Se emocionó muchísimo. Lo dibujé parado y su cuerpo proyectaba una sombra con la imagen de Ángel Labruna”.

Luis Ordóñez en el Museo del Louvre, donde expusieron su caricatura de La Gioconda.

Si bien su trabajo era muy intenso, Ordoñez también podía ver los goles. “Me hacía el espacio para verlos. Lo más raro fue cuando vino Dino Sani y eligió como el mejor gol de la fecha uno en contra, de Atlanta para Vélez. En el estudio, nos miramos todos. Nos queríamos morir”.

-¿Fue una broma de Dino Sani?

-No. ¡Le gustó ese gol!

Zavatarelli era el conductor con el que tenía mejor relación. “Me llevaba muy bien con todos. Pero el más cariñoso conmigo era Dante. Un tipazo. Él decía: ‘Nuestro artista, Luisito Ordoñez, está haciendo la caricatura de fulano’. También lo dibujé, con el moñito. Los dibujé a todos, en realidad, a Araujo, a Niembro… Me la paso dibujando: si estoy en un restaurante comiendo, lo más probable es que aparezca alguien y me pida, ‘¿no me hacés un dibujito?’. Es mi trabajo, lo sé. Y lo hago sin ningún problema”.

-¿Cuál fue el invitado que más te costó dibujar?

-Goyén, el arquero de Independiente, no me salía. Encima tuve un percance: se me volcó el café sobre la mesa de dibujo. Goyén había ido al programa junto con Trossero y Burruchaga… No le encontraba la vuelta. Hasta que giró, hizo un gesto y lo pesqué: al final me salió bárbaro. 

Lionel Messi: caricatura de Luis Ordóñez.

-¿Quién es más fácil de dibujar, Messi o Maradona?

-Los hice a los dos. Messi, a quien nunca dibujé en vivo, es más fácil porque tiene rasgos más prominentes. La nariz, las orejas… Maradona tiene la boca grande y los ojos chiquitos… A Diego lo dibujé varias veces. Cada vez que él iba al canal se armaba un revolución. Era un mundo de gente. Todos llevábamos a alguien para que lo pudieran ver.  

WD

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