This is Paris, el costado más humano de Paris Hilton: un pasado de abusos y traumas



“Perdón, estoy acostumbrada a que se prenda la cámara y ponerme en personaje”, dice Paris Hilton al comienzo de This is Paris, el docu-reality en primera persona de YouTube Originals, que a dos días de su estreno en la plataforma ya lleva más de 2,7 millones de reproducciones.

Es la primera vez que la it girl se muestra a calzón quitado, lejos de los flashes de los paparazzis y de aquella imagen de hija de millonario que copaba las tapas de las revistas de farándula, con detalles de su vida privada en los comienzos del 2000.

Durante la hora y 45 minutos del documental -hay una versión extendida para suscriptores premium-, se va develando el costado más humano de la celebrity, que con su marca de ropa, perfumes y cosméticos -ostenta 19 líneas de productos- se transformó en una empresaria independiente, en influencer con millones de seguidores y también en DJ que pasa(ba) cerca de 250 días al año viajando por el mundo.

El documental aborda un pasado desconocido de abusos que hoy sigue afectando a Paris Hilton.

La cámara se mete en la intimidad de su vida, su familia y su equipo de trabajo. En ese marco, Paris va develando un trauma que la persigue desde años, provocándole insomnio, pesadillas y falta de confianza con sus parejas.

“Siento que todo el mundo me conoce, porque estuve jugando a este personaje durante mucho tiempo”, confiesa al comienzo de la película dirigida por Alexandra Dean. Y aparecen secuencias del reality The Simple Life, jugando a la barbie tonta con su amiga Nicole Ritchie, preguntando sin pruritos ‘¿Qué es Walmart?’.

“Esa no soy yo”, dice volviendo al momento de la filmación, en octubre de 2019. “Nadie sabe realmente quién soy”, asegura la también modelo de 39 años, con pasado de actriz y cantante.

La película retrocede seis meses y la muestra a Paris manejando a la casa de su abuelo, el magnate fundador del imperio de hoteles. “El único modo de terminar con estas pesadillas es hacer algo al respecto”, dice su voz real -muy distinta la que se conoce- en off, en referencia a ese pasado oscuro que la atormenta.

La primogénita de los conservadores Richard Hilton y Kathy Avanzino, Paris entabla charlas a corazón abierto con su madre -su padre, más celoso de su vida privada, no participa del documental-. “Mi mamá siempre quiso que fuera una Hilton, pero yo sólo quería ser Paris”, dice, en un recorrido por su infancia y crianza estricta en un colegio católico de Nueva York.

Nieta del magnate de los hoteles, Paris se abrió camino como empresaria independiente multimillonaria.

Parte de su círculo íntimo y familiar brinda una mirada más real de Paris. “Su marca es mucho más glamorosa que ella. A ella le gusta hacer álbumes de recortes, estar con sus perros, comer sobras. Es muy normal”, dice Nicky, su hermana menor, que siempre cultivó un perfil bajo. “Tiene este aspecto de chica sexy, pero en el fondo es un varón”, agrega Nicky.

Inevitablemente, el documental repasa aquellos tiempos de popularidad extrema como celebrity. “De adolescente quería atraer a los paparazzi”, confiesa Paris. El dueño de una empresa de paparazzis le agradece por el crecimiento de su negocio. “Una foto de ella podía valer entre 50 mil y un millón de dólares por día”, dispara.

Otra de las que le agradece es su amiga Kim Kardashian. “Esa fue la época más intensa. Yo no estaría acá si no fuera porque fue la primera en popularizar el género reality. Y segundo, porque ella me presentó al mundo”, dice la mayor de las Kardashian.

Hilton explica por qué optó por escaparle a esa exposición mediática constante. “Con el tiempo, decidí que no quería eso. Así que decidí controlar toda mi imagen. Todos dicen que fui la primera influencer, pero creo que ayudé a crear un monstruo”, dice, mientras recuerda su primera decepción amorosa después la filtración de un video sexual casero con su novio Rick Salomon.

Paris y su madre Kathy, una historia de conflictos y secretos no confesados.

“Era un momento privado de adolescente que no pensaba compartir, pero que todos miraron y se burlaron de él”, acusa. “Fue como una violación electrónica. Sentí que me habían quitado todo”, recuerda, mientras se suceden videos de archivo de figuras de la tevé estadounidense riéndose de ella.

Hoy en día, Paris admite pasar gran parte de su día mirando y generando contenido para sus redes sociales. Nicky Hilton le aconseja parar la pelota, tomarse vacaciones y alejarse de ese mundo virtual que no es sólo entretenimiento: supone gran parte de su negocio.

“No voy a parar hasta ganar mil millones de dólares. Recién ahí me voy a relajar”, le dice a su hermana menor, en una charla abierta sobre la adultez, el matrimonio, el deseo de tener hijos. “Me asusta la gente, especialmente los hombres”, sentencia la rubia, quien se define como una adolescente eterna que le tiene miedo a la madurez.

Adicta a la vida nocturna desde adolescente, dice que en la noche encontró a la verdadera Paris. “Siento que cobro vida de noche. Amo la música, bailar sobre la mesa, divertirme. Me siento en las nubes”, se la oye decir antes de subirse a la cabina de DJ en un boliche de Los Angeles.

En primera persona, Hilton muestra su costado más humano y su vida íntima actual.

Hacia el final de This is Paris, la rubia profundiza en el episodio traumático que modeló su faceta más huidiza y desconfiada. Sus padres, cansados de las rebeldías de su hija, la internaron en la escuela Provo Canyon, un internado en el estado de Utah donde sufrió abuso psicológico y físico.

“Pasabas todo el día en una silla mirando la pared, nos gritaban y pegaban”, revela, con ojos llorosos. Paris cuenta que les daban pastillas para sedarlos, y que encontró el modo de no tomarlas. Pero cuando las autoridades se dieron cuenta, la aislaban y la incomunicaban durante varias horas.

“Te hacían desnudarte y quedarte encerrado veinte horas. Tenia mucho frío, hambre, estaba sola, asustada. Mis padres estaban en Nueva York, no sabían lo que pasaba”, cuenta, en el pasaje más dramático del documental.

“Estuve 11 meses en Provo. Cuando cumplí 18, y salí, fue el día mas feliz de mi vida. Sabía que si me hacía famosa iba a tener mi libertad. Nunca lo hablé con mis padres. Creo que canalicé mi ira tratando de tener éxito”, añade.

“This is Paris” es un retrato profundo y descarnado de Paris Hilton.

En la última parte de This is Paris, la influencer se pone en contacto con varias “sobrevivientes” de la escuela, como una forma de empezar a enfrentar juntas ese trauma. Todas recuerdan sus experiencias personales de abuso durante la estadía en Provo.

Y comparten las secuelas psicológicas que les dejó el paso por la escuela: sus problemas para entablar vínculos íntimos con hombres. Paris habla de relaciones pasadas de violencia física y verbal que ella aceptaba porque creía que era normal.

Y se vuelve al presente, octubre de 2019, donde Paris y sus compañeras de Provo se reúnen en su casa para organizar la campaña “romper el código de silencio” por redes sociales, con el objetivo de sumar testimonios de personas que atravesaron ese mismo calvario y poner en evidencia a las autoridades de Provo Canyon y otras instituciones similares.

Paris decide mostrarle la campaña a su mamá y abrirse del todo con ella. “De habernos enterado, sabés que tu papá y yo te habríamos sacado de ahí inmediatamente”, dice Kathy, conmocionada por la revelación.

“Me esforcé tanto en crear mi marca mostrando una vida feliz y perfecta. Y esa historia nunca fue parte de la marca”, parece arrepentirse Paris. Pero ante la pregunta de si alguna vez piensa en divorciarse de su marca, admite: “No, me acompañará para siempre”.

SL

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