The Ever Fonky Lowdown, de Wynton Marsalis: el alegato de un maestro del jazz contra el racismo, el populismo y el abuso de poder



El trompetista y compositor Wynton Marsalis, uno de los artistas más importantes de la escena jazzística actual, advierte que no es tiempo de sonambulismo ante el avance de los gobiernos contra las libertades individuales, a través de su último disco, The Ever Fonky Lowdown, un álbum doble contra el racismo, el populismo, la injusticia y el abuso de poder.

Considerado como uno los grandes artistas de la historia del género, Wynton Marsalis ganó nueve premios Grammy; el primero en 1983, a las 22 años, con su disco Think Of One. Además de liderar varios combos, es el director de la orquesta de jazz del Lincoln Center, de Nueva York.

Marsalis proviene de una familia jazzística de Nueva Orleans, integrada por su padre, Ellis, un reconocido pianista y docente, y sus hermanos Branford (saxofonista), Delfeayo (trombonista) y Jason (baterista). Si bien este disco tiene una absoluta actualidad, el músico llama la atención para que lo enfoquemos dentro de un contexto más amplio, y nos recuerda que The Ever Fonky Lowdown es su quinto trabajo que toma como argumento central las cuestiones sociales.

Marsalis apuesta a un equilibrio entre la tradición y el modernismo en el jazz. /Foto EFE Jaxcek Turcyk

Black Codes (From the Underground) (1985), con el que ganó un Grammy; Blood on the Fields (1996), en el que trató sobre la libertad y con el cual ganó un premio Pulitzer; All Rise (2002), en donde habla de una humanidad colectiva; y From The Plantation to the Penitentiary (2007) muestran su dedicación a lo objetivamente preocupante para la comunidad negra, su libertad y su calidad de vida.

Por cierto, no parece una coincidencia que el lanzamiento del álbum ocurra en medio de la campaña electoral en los Estados Unidos, ya que tiene una posición muy clara respecto de la violencia institucional, a partir de los recientes asesinatos de los afroamericanos George Floyd, Raydshard Brooks, Breonna Taylor y Ahmaud Arbery a manos de la policía, que provocaron masivas demostraciones de repudio hacia esa violencia encabezadas por el movimiento Lives Blacks Matter.

The Ever Fonky Lowdown, escrita en 2018, es una obra de 110 minutos a modo de un musical o de un circo, como lo define el propio compositor. Fue grabada en un día y medio, en octubre de 2019, por la Jazz at Lincoln Center Orchestra, integrada por 16 músicos, más el guitarrista Doug Wamble, y su hermano Jason en batería, inclusión que el trompetista justificó con un argumento inapelable: “La obra tiene tantos ritmos de Nueva Orleáns, que tenía que ser alguien de esa ciudad”.

Además, participan tres cantantes, Ashley Pezzotti, Camille Thruman y Christie Dashiel, mientras el papel central de la narración quedó en manos del actor Wendell Pierce (The Wire y Third Watch). La obra está estructurada a modo de coro que propone y un presentador que hace las veces de narrador, predicador y abogado del diablo, con textos escritos por Marsalis.

La música, en tanto, de raíz negra y muy supeditada a los textos de las letras, propone una amplia recorrida por diferentes estilos que el trompetista tomó en buena medida de la que hacían su padre junto al baterista y compositor James Black, en los años ’60, y en el jazz funk de los años ’70. Música que, en definitiva, traza un arco del templo al cabaret.

La obra tiene un maestro de ceremonias, Mr. Game; hombre fuerte, a medio camino entre predicador y estafador que utiliza un lenguaje refinado atravesado por un mensaje de tono populista. Abre el disco una melodía de aire triunfalista y, enseguida Mr. Game nos recuerda: “Estamos aquí por todo este ajetreo internacional. Se ha desarrollado muchas veces en el tiempo y en el espacio y no es específico de ningún idioma o raza. Toma diferentes sabores según el gusto de la gente”.

Luego, a su parlamento le sucede el tema We Are The Greatest (Somos los más grandes), donde el coro canta: “Nuestros crímenes son mucho mejores; nuestras mentiras son muchos más verdaderas; Oh, somos los mejores del mundo”. Entonces, Mr. Game sentencia: “Sí, tienes que creer en ti mismo para tener éxito. Veo que han aceptado bastante bien ese concepto”.

En They/Let’s Call Them This (Ellos /Vamos a llamarlos así), el coro canta: “Están por aquí, están por allá, están por todas partes/ ¿Qué piensan? ¿Qué importa?, ¿Qué pasa con su charla loca, ruidosa y tonta?” . Tras lo cual, Mr. Game advierte: “Bueno, ahora hay bastantes de ellos, debemos vigilarlos; quizás quieran desafiar nuestra grandeza”.

Y enseguida un suave a go-go, I Don’t Like Nobody, hace de plataforma para que una vez más sea el coro el que tome la palabra. “No me gustan los negros, no me gustan los gordos, no me gustan los blancos, no me gustan los bajos, no me gustan los viejos, no me gusta nadie en absoluto”, entona, y concluye: “No me gusta nadie más que yo”.

El narrador acompaña de manera irónica cada proposición o afirmación de la formación vocal, y el epílogo de la hermosa canción What Would The Savior Think? no es la excepción. Entonces, Mr. Game se confiesa: “Es tan ingenuo que me da ganas de vomitar. No tenemos tiempo para todas estas tonterías del Salvador. Sólo hay un Salvador, el poder, el dinero”.

Así es la tapa de “The Ever Fonky Lowdown”, álbum en el cual Marsalis despliega un alto nivel de crítica social e ironía.

Some for Me, Some for You es un instrumental en el que la orquesta luce sus mejores armas. Tras una introducción en los tambores por parte de Jason Marsalis, el swing se apodera de la propuesta y ese ya clásico sonido del tren por parte de los vientos brilla atravesado por el arreglo de trompetas. En Night Trade (Comerciante nocturno), el texto habla de cómo funciona cierta justicia: “Hago cumplir una ley/Una ley que nunca vi/Ponlos en la cárcel/¿Cometieron un crimen?/Guárdalos por mucho tiempo/ Soy un comerciante nocturno”.

Como si con eso no alcanzara, Mr. Game legitima su poder en la fuerza física. “Bebe de este pensamiento grupal, somos la nación más grande del mundo, tenemos razón y ellos están equivocados”. El cinismo explícito del predicador queda en evidencia en Because I Want To, Because I Like to, Because I Can, donde pregunta y respuesta todo lo explican: “¿Por qué me tratas tan mal? Porque quiero, porque me gusta, porque puedo”.

En Isms, Schisms el coro canta una realidad que se viene haciendo rutina en los Estados Unidos de Donald Trump: “Nuestra policía puede matarlos y ganar el caso/Estoy feliz en estos lugares ruinosos/y nuestras escuelas segregadas/Tenemos racismo, sexismo, textismo, gua…izquierdismo, derechismo”.

Para Mr. Game la fórmula es simple: “Todo ese ganar es adictivo, pero si no peleas no puedes ganar. Cuando derrotas a un grupo debes usar esa inspiración para pasar al siguiente, y al siguiente, hasta que superes todos los grupos que te desagradan”. Yes/No es lo más parecido al reciente debate que mantuvieron Trump con Joe Biden, y que se decanta en un avasallante clima free de la orquesta que muestra esa triple virtud de potencia, unión y libertad.

Cada tema tiene su propio corazón; Consider This ‘Bout the Filth We Love es creado sobre una base suavemente funky, mientras I Got Nagging Feeling se inscribe en el terreno del spiritual. “Tengo un sentimiento molesto/en el fondo de mi alma/He tenido algunos poderosos problemas/desde que vendieron a mis hijos/Voy a levantar ese sentimiento pesado/Deja la luz brillar por dentro”.

Hay espacio hasta para un bluegrass en la guitarra y voz de Doug Wamble, en The Ballad of Fannie Lou, que tiene una segunda parte más cadenciosa y que fusiona el góspel con el swing. Las voces elegidas son impecables: Ashley Pezzotti es una de las cantantes más importantes de la escena neoyorquina, y con Christie Dashiel y Camille Thurman, que además es saxofonista, transmiten esa necesaria convicción para una propuesta que tiene un tono de manifiesto social.

Junto a la Lincoln Jazz Orchestra Marsalis ha abordado muy distintos tipos de estilos dentro del género, y también de la música clásica. /Foto EFE Guillermo Granados

Mr Game no puede evitar que aflore fugazmente su empatía. “Fannie Lou, Fannie Lou, ella realmente era algo; lástima que estuviese del lado del perdedor//No vamos a luchar contra las libertades que disfrutamos abundantemente porque alguien sin dinero se siente molesto”. Se entendió, ¿no?

A lo largo de este álbum doble The Ever Fonky Lowdown aparece como leit motiv, en diferentes compases, en cuatro por cuatro, en cinco, en seis, en cinco y seis y en siete. A medida que trascurre el disco, el coro va dando más detalles de ese tenebroso Fonky Lawdown, al que describe como fraudulento, tramposo y sucio. En esta saga hay diferentes arreglos y pequeños solos que hablan de esa amplia paleta de recursos y lenguajes que domina el trompetista.

La música de The Ever Fonky Lowdown tiene un swing desbordante, con pequeños pasajes de solos que enfatizan la orientación del tema y nos muestra, además, la aguda y abarcadora mirada de Marsalis, teñida de un profundo realismo sobre la sociedad actual.

Hay un en su obra marcado contraste entre la estructura musical, divertida, amena, juguetona y la dureza de los textos, cruzados por la ironía, el sarcasmo y una elegante hipocresía. Letras que exponen las trampas del populismo y de su propaganda barata. Gran parte de los textos escritos por el trompetista surgieron de charlas en familia de la que fue tomando notas, sobre todo sobre lo que el músico llamó una mitología venenosa.

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E.S.

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