The end of the fu***ing world y un soundtrack de voces angélicas para un romance inadaptado


Basada en la novela gráfica The end of the fucking world (Charles S. Forsman), la serie con la palabra que los ingleses eligen para maldecir y mandar todo al demonio disimulada en el título es una de las historias de amor más extrañas en la galaxia streaming. Entre el humor asordinado de Ricky Gervais y el siniestro total de David Lynch, la pareja, que no fue hecha para amarse, formada por el hiératico James (Alex Lawther) y la desquiciante Alyssa (Jessica Barden) protagoniza capítulos cortos en los que se entrelaza una historia atávica como la de Hansel & Gretel con otra contemporánea como la fuga de Thelma y Louise. Con dos temporadas producidas por Channel 4 en Londres y pantalla global vía Netflix, la historia del autopercibido psicópata y su díscola compañera es también un yacimiento de voces perdidas en el soundtrack. A tono con el siniestro lynchiano, los productores ponen fichas, sobre todo, en una rockolla que apela a la inocencia de géneros subalternos del rock and roll como el doo wop y las voces suaves y femeninas del slow rock. Hay también pasajes originales compuestos por Graham Coxon (Blur), citas al country y voces del mainstream pop. La playlist que sigue es un rescate de esas divas azucaradas (algunas perdidas en el limbo de los charts) que contrastan con la estética de la serie y le dan ese carácter sensible y perturbado a la antiheroína Alyssa. Voces angélicas para un romance inadaptado.

Trailer de The End of the Fucking World

“I’m sorry” (Brenda Lee, 1960). El mayor hit de la estrella adolescente que inspiró a nuestra Violeta Rivas jamás fue pensado para musicalizar un intento de violación seguido de homicidio. Pero así es como lo escuchamos en la primer temporada de esta serie, los arreglos de cuerdas suspendidos sobre un charco de sangre. Es el momento cumbre en esa paradoja audiovisual que enfatiza el siniestro (entendido en los términos de Freud, cuando lo cotidiano se vuelve amenazante) de la historia y de su soundtrack. Un emblema de la inocencia pop convertido en manifiesto punk (murder ballad). Los Twist ya habían anticipado una lectura perversa de la balada con el cover “Lo siento (hábil declarante)”, donde en contrapunto con la voz de Fabi Cantilo, Pipo Cipolatti relata un interrogatorio policial en dictadura. Pobre Brenda.

“Smile” (Timi Yuro, 1961). A primera vista, se diría de Timi Yuro que es una cantante japonesa pero no, es el nombre artístico de Rosemary Timothy Yuro (1940), una contralto de voz penetrante que participó en ese boom de las solistas que se dio entre el reinado de Elvis y Los Beatles. “Smile” es uno de los singles de aquellos años que la vieron ir del estratégico show de TV inglés Ready, Steady, Go, en 1963, al Festival de San Remo y ser una de las primeras estrellas en el circuito de Las Vegas además de telonear a Frank Sinatra en una gira por Australia. Para fines de los 60, Yuro era una prematura atracción oldie y tardaría más de veinte años para reintegrarse al circuito. Todo un acto de reparación escucharla en una serie de 2018.

“The end of the world” (Julie London, 1963). Casi el leitmotiv de la serie, esta balada ensoñada fue editada en el LP homónimo, uno de los pocos en los que la belleza clásica de la actriz-cantante no es explotada como pin up girl (un repaso de sus tapas la muestra como una Rita Hayworth de piernas largas entre el jazz y el pop). La London no era inglesa sino californiana y brilló como actriz entre los años 50 y fines de los 70 cuando interpretó a la enfermera Dixie McCall en la serie Emergency! (1972-1979), un hito de la anterior era dorada del género en la TV abierta. El título apocalíptico de uno de sus mayores hits (aunque no tanto como “Cry me a river” en los 50) no tiene relación alguna con la crisis de los misiles y la amenaza nuclear. El mundo se acaba cada vez que un amor se rompe (“Sabrán que este el fin del mundo porque ya no me amas”) nos recuerda London ahora en el contexto de una serie extraña del siglo XXI.

“Voilá” (Francoise Hardy, 1967). Icono absoluto de la Francia pop de los 60, Hardy no es de las voces (ni las caras) que han caído en el olvido sino que su estilo ha inspirado a grupos de vanguardia como Stereolab o el sofisticado dance pop de Saint Etienne (ingleses pero francófilos) por no mencionar a todas las estrellas pop francesas que le siguieron. “Voilá” se editó en el álbum Ma jeneusse fout le camp y en la serie musicaliza la huida de Alysse de una tienda de la que se ha robado un juego de ropa interior. Ese “Voilá” (¡Listo!) dicho casi como un secreto al comienzo de la canción parece escrito en el pensamiento de la protagonista que emprende una carrera que correspondida por el crescendo de la balada beat crea un momento perfecto.

“At seventeen” (Janis Ian, 1975). “Aprendí la verdad a los 17/el amor estaba hecho para las reinas de belleza/y las chicas de la escuela secundaria con sonrisas perfectas pronto encontrarían un hombre para casarse y retirarse”, dice esta canción pop-folk intimista de una cantautora tan precisa como olvidada. Sin embargo, cuando “At seventeen” fue editada empujó las ventas del álbum Between the lines hasta el número 1 del ranking Billboard. Entre Joan Baez y The Carpenters, Ian dejó un himno para la soledad adolescente (“Inventaba amantes en el teléfono”) desde la perspectiva de una joven compositora de 24 años. Otro caso en el que una canción que fue hit para luego ir perdiendo peso en la memoria pop puede volver como síntesis argumental de una historia como esta: la confesión de una joven solitaria es ahora el texto de un amor entre inadaptados.

“Oh, daddy” (Fleetwood Mac, 1977). Este no es el caso de las divas azucaradas pervertidas por el reúso de la serie porque nada que salga de un álbum como Rumours (cuya escucha creció notablemente en los EE.UU. durante la pandemia) puede considerarse de culto o fetiche. Sin embargo, en la serie no escuchamos ninguno de los hits ni la voz más familiar de Stevie Nicks sino esta confesión dolida de Christine McVie (o Christine Perfect). La secuencia aquí es literal: “Oh, daddy” (que está más cerca del folk inglés de Fairport Convention que del soft rock del álbum) sonoriza el reencuentro de Alysse con su padre. Uno de los secretos mejor guardados en uno de los LP más vendidos de todos los tiempos (40 millones desde su salida en febrero de 1977).

“Five string serenade” (Mazzy Star, 1993). La voz de Hope Sandoval apareció en medio del estallido grunge y estilos híbridos y olvidables como el rap metal como una suerte de meditación balsámica a la que se volvía difícil rotular: su murmullo podía ser dream pop, folk neopsicodélico o ¡slowcore! Los tres discos que dejaron grabados en los 90 (antes de reunirse en 2013) son un desvío tanto del mainstream alternativo de la década que pasó de Nirvana a Oasis y el brit pop como de la explosión de la electrónica y el hip hop. Por alguna razón, el susurro de Sandoval se volvió atractivo para musicalizar películas y series: su voz se puede escuchar en Dr House, Gilmore Girls y Los Soprano tanto como en Batman Forever y Starship Troopers. Suena en dos episodios de The end of the fu***ing world.

“Funnel of love” (Wanda Jackson, 2003). Acompañada por The Cramps, la mítica Wanda Jackson tenía 66 años cuando grabó este rockabilly cavernoso y lynchiano como parte de su comeback empujado por el revisionista Jack White que terminaría produciéndole el álbum The party ain’t over en 2011. El nombre de Wanda Jackson viene de los días pioneros del rock and roll y sus primeras grabaciones para Decca y Capitol la confirman como la primera mujer que cantó el género lo que le valió el mote de “Rockabilly Queen”. En los 60 se volcó a la música country saliendo del radar pop para pasar a ser una cantante de góspel confesional. Este rock vamp que suena en la serie forma parte del álbum Heart Trouble, en donde también colabora Elvis Costello.

“We might be dead by tomorrow” (Soko, 2012). La voz pequeña de Stéphanie Sokolinski (Burdeos, 1985) saltó de My Space (arqueología digital) a las radios de Europa cuando un DJ danés colocó esta canción ambient en alta rotación para borrarse rápidamente. Apenas dejó grabados dos discos de culto y estilo intimista arropados por módicas orquestaciones electrónicas. Soko que también es actriz puso su faceta musical en suspenso en 2015 privando a sus fans de un tercer álbum que decidió abandonar. Escucharla en la serie (algo entre Velvet Underground y Juana Molina) no hace más que agigantar su misterioso perfil y la expectativa por nuevas canciones.

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