The Crown: una reina y dos actrices se disputan el trono de la mejor actuación



El mejor ejemplo de que muchas veces importa más el cómo se cuenta un relato que el relato mismo está representado por The Crown. La serie de Netflix que retrata a la monarquía británica a partir de la figura de Isabel II, a lo largo de su extenso reinado tiene un entramado tan brillante que, aún el espectador más antimonárquico, se puede descubrir atrapado por el personaje y tomarle cariño.

Una de las claves, o dos en este caso, tiene que ver con el increíble trabajo de las actrices que interpretan a Isabel en distintos momentos de su vida.

Hasta ahora se emitieron tres temporadas (todas disponibles en la plataforma), las dos primeras protagonizadas por Claire Foy y la tercera por Olivia Colman, en el mismo rol, en diferentes etapas de su reinado.

El 15 de noviembre de este año llegará la cuarta, también con Colman al frente del elenco y se espera una quinta, sin fecha aún, con Imelda Staunton interpretando a la reina (que hoy tiene 94 años) y que, seguramente, será igual de impactante.

En una primera impresión, el personaje de Isabel II, fuera de Gran Bretaña y sin tener en cuenta temas políticos e ideológicos, puede resultar antipático, frío, aburrido, extrañamente solemne e, incluso, anodino. Poco que llame la atención salvo sus trajecitos y sombreros de colores llamativos, la eterna carterita colgando del brazo y su supuesto enfrentamiento con su carismática nuera, Lady Di.

Sin embargo, la serie que se emite desde 2016 tira abajo todos los prejuicios y, desde el minuto uno, ofrece un personaje con todos los matices humanos, deconstruyendo mucho más a la mujer que a la reina. Aunque en el caso de esta soberana sean dos roles casi inseparables e indisolubles.

En la primera temporada, Claire Foy le da vida a una Isabel joven, la que a sus 21 años se casa con Felipe, y se prepara para suceder a su padre, Jorge VI, en el trono. En esta etapa, aparecen todos los miedos y las dudas sobre su nuevo rol, la responsabilidad de representar el lugar más alto de la monarquía y hacerlo compatible con su papel de esposa y madre.

Foy le encuentra a su personaje una autenticidad impresionante y logra transmitir en pequeños gestos, a veces mínimos, incluso apenas perceptibles, sensaciones y sentimientos muy profundos.

Claire Foy. La actriz interpreta a la reina Isabel II en las dos primeras temporadas de The Crown, la serie de Netflix.

“¿Podrías cometer un error alguna vez para que los demás no parezcamos tan defectuosos?”, le dice su hermana menor Margarita (Vanessa Kirby, en las dos primeras temporadas y Helena Bonham Carter en la tercera y cuarta) en uno de los episodios, ofuscada por el temple aparentemente imperturbable de Isabel. Sin embargo, más que nunca, con ella se aplica lo de “la procesión va por dentro” que la actriz logra hacer visible y palpable al público.

Ser jefa de Estado, representar a un Imperio (cada vez más en decadencia pero con todo el peso de la historia y la simbología intactos) y a la vez, ser una esposa y madre amorosa, parece haber sido el gran desafío de Isabel, que lleva casi 73 años de casada y, 53 como monarca.

Para las actrices, ambas británicas, se trató de otro desafío: prestarle el cuerpo, ponerle palabras y gestos convincentes y verosímiles a una mujer que pertenece a un mundo casi irreal e inalcanzable para la gran mayoría. Alguien que, hasta en el momento de parir a sus hijos, debe hacerlo manteniendo la corrección monárquica. 

La actriz Claire Foy, de 36 años, creó a una Isabel a la que no le falta ternura, a pesar de su expresividad sintética, y tampoco sensualidad, insinuada en detalles sutiles pero precisos.

En la tercera temporada toma la posta Olivia Colman y todo ese carácter se acentúa, como sucede con cualquier ser humano a medida que pasan los años. El deber por sobre todo, la exigencia de imparcialidad y neutralidad que Isabel se toma al pie de la letra al punto de la exasperación son características que Colman maneja con gran soltura.

Olivia Colman en The Crown (Netflix).

La relación de pareja con su marido, el príncipe Felipe (interpretado primero por Matt Smith y luego por Tobias Menzies), en un tira y afloje de crisis y baches durante décadas, nunca deja de lado el hecho de que ella, por sobre todo, ama y admira a su marido. Y a su manera, lo demuestra.

El temple inalterable de Isabel II también se pone en evidencia en sus vínculos con el poder, en su trato diario con los primeros ministros que, elección tras elección, se van sucediendo en el cargo. Y las actrices también responden con precisión a esa faceta de la soberana.

Colman, con una acumulación de personajes bien diversos a lo largo de su carrera, demostró su impresionante oficio, y en este rol logra conmover profundamente, por ejemplo, en el episodio en que se relata la tragedia de Aberfan.

Durante la visita de la reina a ese pueblo minero de Gales, luego de un alud que sepultó el poblado y arrasó con cientos de vidas, se mostró ante los sobrevivientes y medios de comunicación, conmovida por el episodio, pero derramando una sola lágrima. Una lágrima que contenía todo el drama desparramado a su alrededor.

Lo más impresionante es que ambas actrices hayan conectado con los mismos tonos que requiere el personaje, no sólo hasta en los mínimos resquicios de su esencia, sino también con la transformación que impone el paso del tiempo y los distintos matices que surgen en sus diferentes relaciones familiares y sociales.

Por supuesto que las geniales interpretaciones de Foy y Colman están sostenidas y potenciadas por su una producción impecable que reconstruye a la perfección cada detalle histórico de un mundo completamente ajeno a la gran mayoría, y por el elenco que las secunda con el mismo nivel de excelencia. Por algo, The Crown es la joya de Netflix, que tiene coronita.

SL

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