The Beatles – Get Back: cuáles son los mitos que destruye el nuevo documental de Peter Jackson

El mítico metraje crudo de lo que se conoció como la película Let It Be de los Beatles (Michael Lindsay-Hogg, 1970) rescatado y transformado por el director Peter Jackson (El señor de los anillos, King Kong) en una mini serie documental de tres capítulos y seis horas totales de duración es algo que, a priori, no puede fallar bajo ningún concepto.

Y no sólo no falla, sino que, como era de esperarse, agrega una nueva visión a la mejor historia de no ficción del Siglo XX en el campo de las artes. Y en muchos casos, inclusive mejora esa narración. Una vez más, John Lennon, Paul McCartney, George Harrison y Ringo Starr lo hicieron. Sólo que esta vez, varios mitos quedan en el camino y otros tantos quedan confirmados para siempre.

El relato es simple y clásico. Jackson reconstruye día a día el mes de enero de 1969 dentro del seno de los Fab Four, quienes tenían una misión: componer catorce canciones nuevas en catorce días para un nuevo disco / especial de TV, con un show en vivo (los Beatles no tocaban en vivo desde 1966) como frutilla del postre.

De algún modo, el plan da por tierra con el mito instaladísimo de que la grabación de Let It Be no era sino el escenario de una separación anunciada. Por lo visto, en el documental de Peter se respira otro aire.

Crisis, ¿qué crisis? En Get Back resalta un clima de compañerismo ausente en el filme de 1971. Foto Disney+ via AP

Crisis, ¿qué crisis? En Get Back resalta un clima de compañerismo ausente en el filme de 1971. Foto Disney+ via AP

Pasaron cosas

Pero en el medio pasaron cosas. La locación original (los Twickenham Film Studios) no fue la adecuada; el 10 de enero Harrison decidió dejar el grupo para luego volver, y la nueva locación (el sótano de las oficinas de Apple Records, en Saville Row 3, Londres) no estaba en condiciones. Entonces sí, todo parecía encaminarse al desastre.

Sin embargo, ahí estaba McCartney, que mientras esperaba a Lennon con sus otros dos compañeros comenzó a delinear algo en su bajo algo que terminó siendo Get Back. O el propio John, que rescata One After 909 con la aclaración de que la compuso a los quince años. O los primeros bosquejos de Something de Harrison y de Octopus Garden de Ringo.

Cuatro nombres propios que, no obstante, creaban en un clima de colaboración que, una vez más, contradice la certeza de que cada uno iba por su lado sin mirar más allá de su propio ombligo

Nunca nadie pensó en ver a los Beatles a la hora de componer (la mirada de John a Paul cuando el segundo define el “Tucson, Arizona” de la letra de Get Back es impagable) o de ensayar (las cientos de pasadas de I’ve Got a Feeling), grabar (la toma de For You Blue de George es perfecta por donde se la mire y escuche) o tontear y tocar (su conocimiento del rock and roll de los 50 es enciclopédico).

The Beatles: Get Back cumple con creces, al meterse en la intimidad de la banda, con el sueño húmedo de muchos, fans y no tanto.

Get Back cumple con el sueño húmedo de muchos, de estar ahí, en el centro de la escena donde todo sucedió.

Get Back cumple con el sueño húmedo de muchos, de estar ahí, en el centro de la escena donde todo sucedió.

La reivindicación de John y Yoko

The Beatles: Get Back también, a su modo, sirve como reivindicación de las figuras de Lennon y Yoko Ono. Ok, Yoko estaba ahí metida entre medio de los cuatro, y su presencia puede verse como molesta al penetrar en la intimidad del trabajo de cuatro amigos. Pero, justo es decirlo, jamás opina: simplemente teje o lee al lado de su nueva pareja.

Alguna vez se la puede ver zapando de modo informal con Lennon y McCartney, pero nada que pueda rivalizar con los Beatles. Lo que derribaría de cuajo la idea instalada de que fue la esposa de Lennon la piedra de la discordia. 

John, por su parte, aparece cien por ciento alejado del estereotipo de líder autoritario con el que se lo asoció durante añares. Y sí se puede ver al hombre histriónico que, en algún momento, eclipsa a su ídolo Peter Sellers o se dedica a cambiar en joda las letras de las nuevas canciones, como también se puede traer al presente su voz. No su registro de cantante, sino su habla.

Como bien dijo el escritor Hanif Kureishi en su ensayo Ocho brazos para abrazarte (aparecido originalmente en el diario británico The Guardian en 1991), “una voz fuerte pero cruel y áspera; no la que te gustaría que te menospreciara.”

Lennon, cara a cara con Peter Jackson, en un plan amable y amoroso, lejos del perfil del líder autoritario. Foto: Disney

Lennon, cara a cara con Peter Jackson, en un plan amable y amoroso, lejos del perfil del líder autoritario. Foto: Disney

“Traviesa -seguía la descripción-, tremendamente melancólica y también sabia, llena de dudas, de confianza en sí mismo y humor (…) Es la voz de alguien que está vivo tanto en sentimiento como en mente; una voz que proviene de alguien que ha entendido su propia experiencia y conoce su valor”.

El clímax en la cima

El clímax de The Beatles: Get Back es, por supuesto, el concierto de la terraza. La última vez que los Beatles tocaron en vivo. Aparte de poder ser visto por primera vez de manera completa, Jackson encara el show desde todos los ángulos. Así es como se puede tener la mirada desde la propia terraza y el edificio de enfrente, desde la calle y desde una cámara oculta en la propia recepción de Apple.

Y entonces, al dividir la pantalla, vemos a los transeúntes mirar para arriba para pispear algo del show sorpresivo y gratuito de los Beatles mientras opinaban sobre su música; a “cuatro músicos tocando juntos como jamás otros lo volverían a hacer” (Philip Norman, Shout!), y a los empleados de la compañía hacer malabares para retener a la policía que llegaba con la orden de parar con el recital.

Tras el saludo final de John con la policía, ya en la retaguardia del improvisado tablado, empezaba el comienzo del final. El fantasma de Allen Klein, con quien Lennon, McCartney, Harrison y Starr ya se habían reunido por primera vez, amenazaba con meterse en la vida de estos cuatro hombres, para obligarlos a disolver su vínculo.

Pero eso, como ya se ha dicho miles de veces, es otra historia.

E.S.

Source link

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *