Tango escenario y tango de pista: ¿amigos o rivales?

¿Cuántas veces hemos escuchado este comentario?: “Si la mujer revolea las piernas por el aire y el compañero la pone cabeza abajo, eso no es tango”. Sin embargo, sería bueno observar el fenómeno más de cerca para apreciar que el llamado “tango de escenario” y el que se conoce como “tango de pista” son dos formas distintas, pero igualmente legítimas, con las que se manifiesta el baile rioplatense.

Por lo tanto, ambas tienen el derecho de mostrar sus respectivos rasgos, sus virtudes y también los cambios que han ido sufriendo a lo largo del tiempo, como podría comprobarlo cualquier persona que haya seguido los campeonatos de baile del Festival de Tango de Buenos Aires en esas dos categorías y cuya edición 2021 culminó el fin de semana pasado.

Diferencias y similitudes

Los campeones de Tango Pista, Agustín Agnez y Bárbara Ferreyra. Foto Juano Tesone

Los campeones de Tango Pista, Agustín Agnez y Bárbara Ferreyra. Foto Juano Tesone

El tango de pista de pista y el tango escenario son ambos danzas de pareja, en las que la unión estrecha (no sólo física, también emocional) y la diversidad de pasos que pueden ejecutarse en el transcurso del baile constituyen una parte esencial.

Por otro lado, las dos son danzas complejas y si alguien sostiene que el tango de pista es exclusivamente caminar, estaría hablando sencillamente de un pasodoble.

Es que si fuera así, ¿sería necesario que en la pareja que baila tango en una milonga, uno de los dos vaya guiando los pasos de su compañero y que este lo siga? Claro que es necesario, porque aquél que conduce va improvisando sus pasos a medida que transcurre el tango, eligiéndolos al instante entre el gran repertorio que tiene a su disposición.

Después vienen todas las diferencias entre ambas formas: el tango escenario es un baile social, de entretenimiento, por muy serio que sea este entretenimiento; el segundo ocurre siempre en algún tipo de espacio escénico, aunque sea simplemente el salón de una milonga donde el público asiste a la llamada “exhibición” de una pareja de bailarines invitados y que son en general profesionales.

Por otro lado el tango escenario suele tener en la gran mayoría de los casos una carga erótica o sensual –bien o mal hecha, esto es al margen- que nunca veríamos en la pareja que baila tango en una pista: en este marco es una danza grave, concentrada e íntima que no se entrega a ningún tipo de efusiones.

Sus orígenes

Un aspecto muy interesante del asunto es que el tango escenario y el tango de pista nacieron casi al mismo tiempo, medido en términos históricos desde luego, y fueron influyéndose mutuamente con el curso de los años.

Los bailarines populares solían copiar pasos que veían en los bailarines profesionales y estos a su vez se inspiraban en los pasos y movimientos que veían en la pista. Vale la pena mencionar en este sentido a Benito Bianquet, el Cachafaz, uno de los bailarines más famosos de la historia del género.

El Cachafaz, bailando con Carmen Calderón. Foto Archivo Clarín

El Cachafaz, bailando con Carmen Calderón. Foto Archivo Clarín

Aunque de su vida no hay suficientes datos, sabemos que era un muchacho de barrio, que vivió dos años en los Estados Unidos y al regresar a Buenos Aires en 1913 instaló su propia academia a la que concurrían muchos “niños bien”.

Actuaba en los cines-teatro, participó de algunas películas y trabajó para la compañía de revistas de Francisco Canaro. Tuvo varias compañeras de baile y la última fue Carmencita Calderón, que lo recordaba en una entrevista de 1997 en este mismo diario.

“Tenía un don especial, elegancia y un compás único. Fue un gran creador de pasos y también muchas figuras en común con José Giambuzzi, el Tarila. Don Benito las hacía impecables, sin encorvarse y con una delicadeza que le quitaba lo soez al tango, al baile…

Yanina Muzyka y Emmanuel Casalensayan una pirueta. Foto Juano Tesone

Yanina Muzyka y Emmanuel Casalensayan una pirueta. Foto Juano Tesone

“Porque hay que decir que el tango, a veces, es un poquitín bastante asqueroso; hay figuras donde el hombre mete la pierna entre las piernas del hombre. Él lo hacía con prestancia, era el mejor. Vestía saco negro y pantalón fantasía a rayas negras y grises para el tango con figuras y para el tango salón vestía de smoking”.

El Cachafaz fue un artista de origen popular, fiel a sus orígenes y también influyente en aquellos milongueros que lo admiraban.

Tango X 2

Y dando un gran salto en el tiempo podemos mencionar esta vez a una pareja, constituida por Milena Plebs y Miguel Zotto, que desde comienzos de la década del 90 llevó al escenario los materiales más genuinamente populares del tango danza.

Miguel Zotto y Milena Plebs, en la puerta del teatro City Center, en Nueva York. Foto: Adriana Groisman.

Miguel Zotto y Milena Plebs, en la puerta del teatro City Center, en Nueva York. Foto: Adriana Groisman.

Desde su primer espectáculo “Tango X2”, que también daría nombre a su compañía, estos artistas se nutrieron del baile de pista, pero a la vez sumaron un matiz de sofisticación al vestuario y al concepto general de cada producción.

Las particularidades de estilo de uno y otro tuvieron una visible influencia en bailarines de generaciones más jóvenes. Los respectivos orígenes artísticos de Miguel Zotto y Milena Plebs, además del camino que uno y otro recorrieron antes de encontrarse, son muy diferentes.

Miguel Zotto nació y creció en el seno de una familia trabajadora de la localidad suburbana de Villa Ballester y comenzó a escuchar tangos desde que tuvo uso de razón.

Durante la adolescencia se dedicó a las destrezas del rock and roll, pero en 1976 sufrió un impacto que modificaría su futuro: ocurrió al descubrir parejas que bailaban tango en el local nocturno Marabú –pleno centro de Buenos Aires- acompañadas por la orquesta de Alfredo De Angelis; era la época en que el género se encontraba en pleno repliegue y muy especialmente en sus manifestaciones bailables.

Fue a partir de entonces alumno ocasional de sus tíos y de profesores de academias de barrio. Luego comenzó a tomar clases con Rodolfo Dinzel y, casi paralelamente, a concurrir a las milongas.

Gracias a Jazmines, un espectáculo de Ana María Stekelman al que fue invitado como bailarín, Zotto conoció a Milena Plebs, una joven que provenía de una familia de clase media profesional y era bailarina egresada de la Escuela Nacional de Danzas; en aquel momento integraba el Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín y conoció al que sería su compañero mientras miraba un ensayo de Jazmines.

En 1985 hicieron juntos una audición para Claudio Segovia, que buscaba nuevas parejas para la revista Tango Argentino.

Bárbara Ferreyra y Agustín Agnez bailan muy concentrados. Foto Juano Tesone

Bárbara Ferreyra y Agustín Agnez bailan muy concentrados. Foto Juano Tesone

En 1988 crearon su propio espectáculo, montado sólo para ellos dos, con el propósito de recrear, en el formato clásico de revista, el repertorio de estilos de música y baile desde los tiempos del Cachafaz hasta el presente. Emprendieron una búsqueda rigurosa que los llevó a indagar en fotos, películas viejas y descripciones, pero sobre todo recurriendo a la rica fuente de los milongueros veteranos.

Era muy frecuente en la década del 90 que Miguel Zotto frecuentara las milongas al salir de sus propios espectáculos. Y muchos milongueros, tanto jóvenes como veteranos, no le quitaban la vista de encima para tratar de imitarle algunos pasos mientras él iba bailando por la pista.

En la muy reciente final del Campeonato que organiza el Festival de Tango de Buenos Aires fueron ganadores Agustín Agnez y Bárbara Ferreyra en Tango de Pista y Emmanuel Casal y Yanina Muzyka en Tango Escenario.

Dos parejas excelentes que mostraron, cada una en sus respectivos estilos, que el tango siempre permite ir más allá. Aunque si hay algo que se extraña es la presencia de bailarines veteranos en la categoría de Tango Salón y que estaban mucho más presentes en las primeras ediciones. Es sin duda también en esa tradición heredada donde se asienta la riqueza del baile de tango.

WD

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