su vida con Juan Carlos Copes y un homenaje en el Festival de Tango de Buenos Aires

Aunque desde hace más de un año y medio está prácticamente recluida en su pequeño departamento del barrio porteño de Belgrano, nada parece disminuir la energía de espíritu y la lucidez de María Nieves Rego, aquella mitad perfecta de la legendaria pareja Copes y Nieves.

Esta bailarina innata, que ha pasado casi siete décadas en los escenarios, cumplió 87 años recientemente y en las difíciles condiciones de la pandemia tiene como única compañía regular a su veterana perra Pelusa, que heredó hace un tiempo de una amiga cercana.

Esta semana será para ella, sin embargo, una semana especial: está a punto de estrenarse un documental que la reúne con Milena Plebs y Hugo Mastrolenzo como tres generaciones del tango escenario; y el mismo sábado 25 se le rendirá un homenaje en el marco de las finales de los Campeonatos de Tango Salón y Tango Escenario del Festival de Tango de Buenos Aires.

María Nieves, en el Festival de Tango de 2012. Foto Gentileza M. Nieves

María Nieves, en el Festival de Tango de 2012. Foto Gentileza M. Nieves

Nieves, ciertamente, hoy se queja de achaques, lo que no le impide consumir dos paquetes y medio de cigarrillos diarios, cigarrillos que fuma con gran distinción en una larga boquilla.

Cuenta: “Fumo desde los once años; me agarré el vicio y no lo largué: mate y cigarrillo son mi compañía. Jamás pensé en dejar, porque aunque bailé tanto y durante tantos años, nunca me agité y nunca me ahogué. Se ve que no me hacía nada. Me parece que el cigarrillo es como una vitamina para mí (se ríe a carcajadas). Alguna gente me dice, ‘María, largá un poco el pucho’. Y yo digo, ¿para qué?”.”

Recuerdos de una época de gloria

-La gran escuela tuya y de Copes fue la milonga y una de sus favoritas era la del club Atlanta. ¿Podrías contar algo de esa época?

-Yo vivía con mi familia en Saavedra, y Copes en Villa Pueyrredón; pero viajábamos en colectivo hasta Atlanta, en Humboldt y Corrientes, porque tenía una pista fenomenal. Pero el día que tocaba una orquesta no íbamos; a los milongueros nos gustaba bailar con la música grabada: D’Arienzo, Troilo, Pugliese, Di Sarli y Vargas.

-Con las orquestas en vivo se armaba otro ambiente; gente que bailaba mal o que iba solamente a escuchar la orquesta y te ocupaba la mitad de la pista. Pero había muchos bailarines extraordinarios en ese tiempo y lo lindo es que todos queríamos ser diferentes, no nos imitábamos. Inventábamos los pasos a veces en la vereda, al bajar del colectivo.

María Nieves, con su compañera Pelusa. Foto genileza M. Nieves

María Nieves, con su compañera Pelusa. Foto genileza M. Nieves

-Es una pena que tantos milongueros maravillosos no se hayan volcado al tango profesional; pudo haber una camada increíble. No sé, a lo mejor algunos bailaban solamente para entretenerse y después se casaron, tuvieron hijos y dejaron el tango.

-Había que tener mucha constancia para ser profesional y a nosotros nos picó fuerte. Copes decía “hasta la calle Corrientes no paramos”. Y después, ya asentados aquí, “hasta Estados Unidos no paramos”. Lo que se proponía lo lograba. Llegamos a Nueva York, hicimos shows en Broadway y en televisión, en el Ed Sullivan Show; éramos en ese momento la pareja de tango de Nueva York.

-¿Cuál fue el primer trabajo profesional que hicieron como pareja de baile?

-Nos contrató primero un empresario muy conocido de ese tiempo, Carlos A. Petit. Copes le dijo de entrada que contaba con diez parejas de tango para hacer un número y después tuvo que rejuntar en las milongas a los que bailaban mejor.

-A Petit se le habrá prendido la lamparita: “Voy a meter a estos pibes en el espectáculo”. Copes marcó algunos movimientos, “ustedes entran por allí, vayan a esa punta; ustedes salen por este otro lado, aquí agregan este paso…”.

-Ya tenía ideas coreográficas.

-Sí, ya tenía idea de hacer algo distinto. El teatro se venía abajo con nuestro número; imaginate nena, ¡el tango había llegado a la calle Corrientes! Fue en el año 1955. Y después, Petit nos contrató para el Tabarís, pero ahí bailábamos solo dos parejas, porque el escenario era chiquito.

-Me acuerdo de la envidia que me daban las coperas del local… Qué pilchas, qué alhajas, qué modales. Y yo que siempre fui rea, maleducada, guaranga.

María Nieves con Milena Plebs, que con Miguel Zotto fue la más joven pareja de "Tango argentino". Foto gentileza M. Nieves

María Nieves con Milena Plebs, que con Miguel Zotto fue la más joven pareja de “Tango argentino”. Foto gentileza M. Nieves

-¿El Tabarís en esa época era un cabaret y había coperas?

-Un cabaret, pero de primera categoría.

-Ustedes tenían mucho trabajo en aquel tiempo.

-Hacíamos shows todos los días, menos el lunes, y el sábado, dos funciones. No almorzaba porque con el estómago lleno no podés bailar. Así que después del primer show me iba a un local de La Martona y me tomaba un vaso de leche con crema y vainillas. Y cuando terminábamos el show de la noche a veces íbamos a comer a un restorán. Pocas veces, porque no ganábamos mucha plata.

-Cuando después Copes y vos se fueron a Nueva York y tuvieron éxito allí, y más tarde ocurrió el fenómeno del espectáculo “Tango argentino”, ¿cómo viviste ese cambio de fortuna, viniendo como venías de un hogar muy modesto?

-Supe ahorrar; éramos una familia muy pobre y quería ayudar. Con la plata de Tango argentino compré este departamento y uno para cada uno de mis hermanos. No ganábamos millonadas, pero cobrábamos en dólares y teníamos contratos hacia adelante por varios años. Cada tanto volvíamos a Buenos Aires, estábamos un tiempo con la familia y eso nos daba fuerzas para viajar de nuevo.

El éxito en París, y en Nueva York

La revista coreográfica y musical Tango argentino, de Claudio Segovia y Héctor Orezzoli, se estrenó en 1983 en París y a partir de allí se constituyó en el éxito escénico más colosal, en una escala planetaria, creado con artistas de estas tierras.

Recuerda Nieves: “Habíamos estrenado en París y fue un bombazo. Pero estuvimos una semana solamente, porque el Teatro de Chatelet programaba cada temporada con mucha anticipación”.

“Sabés que después se juntaba gente en la vereda del teatro llevando unos carteles que pedían que volviéramos. En Nueva York Tango argentino fue una explosión y apareció una tangomanía: las mujeres se mandaban a hacer zapatos y vestidos como los nuestros, se cortaban el pelo cortito; para no decirte las personalidades que iban: Martha Graham, Barishnikov, Lady Di”.

Y muchísimos más de los que ni llegué a enterarme porque siempre llegaba primera al teatro y me iba primera. Aquí en Buenos Aires hasta me maquillaba en casa; después iba para el teatro: me gustaba estar antes, por si alguien se había enfermado y hacía falta algún cambio. Después esperaba la hora de la función. Y al terminar siempre me fui rápido porque no me gustaba que me pararan para saludarme”.

Una gran depresión

Después de haber quedado afuera de la compañía de Juan Carlos Copes, hacia mediados de los ’90, María Nieves pasó dos años con una gran depresión. Fue Luis Pereyra, bailarín que también había pertenecido al elenco de Tango argentino, quien la ayudó a recuperarse invitándola como artista en sus espectáculos.

Dice Nieves: “Pereyra había sido parte de la compañía de Copes y le había copiado el estilo. Y no era fácil agarrarle el estilo porque la elegancia de Copes no tenía comparación. No hubo otro bailarín como él y que además haya hecho todo por el tango. La juventud que baila tendría que agradecerle. Lógicamente yo estaba al lado de él; pero las ideas eran de Copes.

Luisito Pereyra me dio un buen lugar y desde el principio el público me aplaudió muchísimo; ¡yo pensaba que era por pena!”.

Después, a comienzos de los 2000, Nieves formó parte del elenco de Tanguera, de Mora Godoy, y su papel como madama de un prostíbulo tuvo un éxito descomunal. Desde entonces y hasta comienzos de la pandemia no dejó de bailar.

-Si no tuvieras las piernas débiles, como decís que están ahora –imagino que por la inactividad-, ¿querrías bailar en el homenaje que te hace el Festival de Tango?

-Me moriría por hacerlo, mirá que yo seguiría bailando hasta en el cajón. Pero ahora no estoy en condiciones. Sabés que dejé de escuchar tangos porque me recuerdan que no puedo bailar.

-Copes falleció en enero de este año, ¿te afectó su muerte?

-Me dio una gran pena. Imaginate que pasé una vida entera al lado de él; cómo no voy a sentirlo. Pero fíjate que mucho antes de separarnos como pareja de baile yo ya había superado el dolor anterior de la separación sentimental. Había llorado mucho tiempo, muchísimo, pero tanto recé que un día vi que ya no me dolía.

-Por eso pude seguir bailando con él, porque no sentía nada; como bailarín, sí, eso sí. Nunca lo hubiera abandonado profesionalmente y nunca hice otra pareja de baile estable después de Copes. Como la nuestra, no hubo ni habrá. Parecía que hubiéramos nacido el uno para el otro. En el escenario, digo. El morocho, yo blanca. Casi la misma estatura. Nunca me la creí pero pienso que fuimos únicos.

El documental

El documental Tango de arrabal al escenario, una producción independiente de Daniel Fratantoni y Carlos Coronel con dirección de Darío Lobo, se emitirá en forma gratuita por una única vez el sábado 25 de septiembre a las 13 a través del link https://www.facebook.com/Tango-del-arrabal-al-escenario-111761324488917.

El homenaje a María Nieves se realiza en el marco de las Finales de Tango Salón y Tango Escenario, el sábado 25 de 16 a 22 en Diagonal Norte (presencial) y el mismo día y horario, en streaming a través del sitio del Gobierno de la Ciudad “Vivamos Cultura”. En este sitio también se reservan las entradas para Diagonal Norte.

POS

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