Spinettango logra unir a Spinetta con el tango

Cuentan que la primera vez que Luis Alberto Spinetta cantó en público fue arriba de un trolebús que recorría el Bajo Belgrano, cuando tenía tres o cuatro años. Junto a su padre, entonó un tango de Carlos Gardel y arrancó aplausos de todos los que viajaban en el trole 302.

La anécdota, contada por su hermana Ana en la biografía oficial Ruido de magia (2019), sirve para entender -o descubrir- que, como dice su autor, Sergio Marchi, la obra del Flaco está “perfumada de tango”.

A poco más de un mes de cumplirse diez años de su muerte, apareció una versión tanguera de su hit Seguir viviendo sin tu amor, a cargo de Los Altiyeros. No es sólo una canción homenaje al genial músico argentino, sino que se trata del single adelanto de Spinettango, disco que verá la luz el 1° de abril y en donde músicos de diferentes vertientes le rinden tributo al compás del 2×4.

La tapa del primer single del proyecto Spinettango, ya editado.

La tapa del primer single del proyecto Spinettango, ya editado.

Spinettango es un concepto que a Hernán “Don Camel” Sforzini, baterista y productor discográfico reconocido por el proyecto ecológico/musical Planta & Canta, le bajó hace cuatro años mientras descansaba en alguna playa.

En pandemia, el también dueño del estudio de grabación Afro, en Lanús, llamó a su amigo, el cantante de tangos Santiago Muñiz -otro adepto a la música del Flaco-, y juntos eligieron varios temas del Flaco con la idea de hacer “reversiones piazzolescas”.

Hernán "Camel" Sforzini. Foto:  Prensa/Lorena Alegre.

Hernán “Camel” Sforzini. Foto: Prensa/Lorena Alegre.

Dieron con el ensamble cordobés Damián Torres Quinteto. “Resulta que cuando lo llamo a Damián, que es el arreglador y bandoneonista, me cuenta que también es fanático de Spinetta, que había empezado en la música haciendo covers de él y que se sabía todos sus temas. Era toda una conexión súper copada”, cuenta Sforzini.

Esa suerte de multiverso spinetteano fue el germen del álbum, que luego fue sumando participaciones estelares: Litto Nebbia colabora en Muchacha ojos de papel -se lanza como single el 18 de marzo-, Daniel Melingo hizo propia Cementerio Club; Mimi Maura participa en Durazno sangrando; y la murga uruguaya Falta y Resto aporta lo suyo en Bajan.

Conexiones con Nebbia y el tango

Luis Alberto Spinetta en el 2010 en el Teatro Coliseo. Foto: Raúl Romero

Luis Alberto Spinetta en el 2010 en el Teatro Coliseo. Foto: Raúl Romero

En el 2020, Sforzini y Muñiz le pasaron la lista de canciones al quinteto cordobés para que hagan los primeros arreglos. “Nos mandaron un vivo del ensayo y nos voló la peluca. Y así fue que durante la pandemia se vinieron de Córdoba para Lanús, los cinco en un auto, acá a Afro, mi estudio. Y nos encerramos un fin de semana a grabarlo en vivo”, cuenta Don Camel.

“Después hicimos un laburo muy fino con las voces, le dedicamos un día de laburo a cada canción”, agrega sobre el curado final del disco. Y explica que llamaron al ensamble Los Altiyeros porque en lunfardo alude a “excelencia”.

-¿Cómo fue la gestión de los invitados?

-Ya estaba la idea de invitarlo a Melingo. Cuando lo llamé, se copó y me dijo que quería hacer Cementerio Club, que por su estilo le quedó pintada. Después se sumó Litto, que le pasé Muchacha ojos de papel para que haga unas partes, y también le encantó, porque ahí también hay una conexión.

-¿Qué conexión?

-Bueno, Spinetta admiraba a mucho a Litto. Uno de los pocos covers que grabó es El rey lloró, que es de Nebbia y lo grabó en un disco tributo del rock nacional y después lo tocó en vivo con Las Bandas Eternas. En una nota, Spinetta cuenta que el primer recital que le voló la peluca fue uno de Los Gatos, en 1969, en el Teatro Payró. Y bueno, tenerlo a Litto en una canción tan emblemática como Muchacha es como un círculo que se cierra.

La tapa del disco Spinettango, que saldrá en abril.

La tapa del disco Spinettango, que saldrá en abril.

-¿Qué vinculos encontraste entre Spinetta y el tango?

-La primera vez que cantó en público en su vida fue en un trolebus cuando era chico. Y cantó un tango. Porque el padre de Luis era cantor de tangos, en el patio de la casa ensayaban los guitarristas. Es una influencia muy grande. Además, en varias canciones lo nombra: en El anillo del Capitán Beto dice ‘¿Dónde habrá una ciudad en la que alguien silbe un tango?’.

-¿Encontraste otros ejemplos?

-Sí. También tiene un instrumental que se llama Tango cromado. Spinetta era muy admirador de Piazzolla, que lo invitó varias a veces a hacer cosas juntos. Pero él arrugaba porque decía que no estaba a la altura. Y siempre se arrepintió de eso. Entonces esto viene a ser un poco eso que no pudo hacer con Piazzolla, porque son versiones “piazzollescas”.

-¿Pensás que puede ser una entrada más popular al tango?

-Mirá, yo no curto tanto el tango, soy más del palo del reggae y del rock. Pero al producir este disco y ver lo que hace cada instrumento, empecé a entenderlo y me empezó a gustar. Creo que combinado con Spinetta, varios jóvenes se pueden llegar a meter. Y también creo que varios tangueros clásicos, ortodoxos, lo van a conocer a Spinetta. 

El amor por los árboles y una tapa japonesa

Además de admirar la música de Spinetta, Sforzini dice que comparte el amor que el músico tenía por los árboles. “En muchas canciones nombra a los árboles”, dice el gestor de Planta & Canta, un proyecto donde músicos como el propio Nebbia o Los Cafres concientizan sobre la importancia del arbolado urbano.

“Yo reforesto mi barrio de Lanús hace 22 años. Y siempre decía que si estuviera Spinetta vivo, seguro vendría a participar de esto. Cuando se grabó el primer disco de ese , Diego Frenkel y Eruca Sativa eligieron dos temas de Spinetta. Así que de alguna manera participó”, reflexiona Hernán.

La tapa de Spinettango también encierra una historia pintoresca. Sforzini y Muñiz querían un objeto o un lugar al que el Flaco le tuviera cariño. Y se decidieron por una foto de Ito San, el dueño de un restorán japonés donde Spinetta solía comer y llevar a su familia y a sus amigos.

“Es un personaje que tenía el restorán Sukiyaki en San Telmo, un japonés de 92 años donde Spinetta iba a comer siempre; era su restorán preferido”, cuenta Sforzini, que fue a comer al lugar hace doce años y volvió en pandemia para rescatar esa foto del longevo y antipático nipón asomando la cabeza de su casa, otrora restorán.

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