“Spinetta y Miguel Abuelo eran extraordinarios”

Cerca de cumplir 60 años de trayectoria con su Cuarteto, Juan Carlos “Tata” Cedrón sigue recorriendo escenarios con su lucidez inigualable, a los 82 años de vida. Siempre con la guitarra en mano, evoca una extensa obra propia y ajena, anécdotas y poesías. Este miércoles 16 de marzo se presentará en Bebop de Palermo con una formación que incluye músicos jóvenes y talentosos, amantes de su propuesta.

El Tata Cedrón vive en el barrio porteño de Villa del Parque. En la vereda, justo frente a su puerta, hay una silla y mesa de madera en la que exhibe libros para que los transeúntes elijan y se lleven como obsequio: desde poemas de Bertolt Brecht hasta historias del peronismo se observa en sus portadas. Ese escenario visual es un claro símbolo de que esa casa es habitada por un artista.

Música para vecinos y enterados

Este miércoles volverá a subir a un escenario, esta vez en Palermo. Juan Carlos “Tata” Cedrón. Foto: Rafael Mario Quinteros

Este miércoles volverá a subir a un escenario, esta vez en Palermo. Juan Carlos “Tata” Cedrón. Foto: Rafael Mario Quinteros

“Durante la pandemia realicé conciertos en la puerta de casa, desde el hall, allí me sentaba con la guitarra. La gente se acercaba a escuchar. No sólo vecinos venían, sino público que se enteraba por las redes sociales. Fue una manera de compartir música y hacernos compañía frente a la acontecido”, cuenta el músico.

La vida del Tata es de película. Durante treinta años vivió en París, tras un exilio forzado por amenazas recibidas de manera telefónica en épocas de dictadura militar. “No éramos panfletarios como los cuartetos tradicionales. Sucede que yo hice algo sobre la Masacre de Trelew, porque nos dolió. Nosotros pregonábamos ‘Patria justa y soberanía’, eso molestaba”, enfatiza.

“Cuando me fui a Francia, fui a saludar a Raúl González Tuñón, que era mi amigo. ‘No estoy en casa’, escribí en una carta. En Europa toqué muchísimo por todos lados; tengo dos hijos, cinco nietos ¡y cinco nueras! Uno de mis nietos canta hip-hop, tiene 20 años, y en un tema que me hizo escuchar, en una parte lanza la palabra ‘milonga’, eso me emocionó”, relata quien hoy convive con su segunda mujer.

Durante la pandemia no dejó de tocar, aunque sea en el hall de su casa. El gran Juan Carlos “Tata” Cedrón. Foto: Rafael Mario Quinteros

Durante la pandemia no dejó de tocar, aunque sea en el hall de su casa. El gran Juan Carlos “Tata” Cedrón. Foto: Rafael Mario Quinteros

Entre las grandes amistades de Cedrón la lista es larga y él mismo se encarga de mencionar. “Yo trataba y laburaba con Leonor Benedetto, Enrique Pinti, Nacha Guevara, Susana Rinaldi, con todos ellos estábamos en el Café Concert Gotán. También éramos íntimos con Facundo Cabral, le afanaba la guitarra para tocar; él me fue a despedir con sus mamá a Ezeiza”.

Aquel regreso triunfal

¿Por qué regresar a Buenos Aires tras tres décadas de estadía en París?

“Cuando me preguntaban eso, de inmediato respondía ‘porque me gusta el aire de aquí’. Antes de instalarme, tuve un fallido intento. Fue justo cuando se produjo lo de la sublevación de los carapintadas, Mohamed Seineldín y Aldo Rico. En ese contexto, mi mujer no quería volver. Regresé a Francia llorando tras ese episodio, muy desilusionado, dolido”.

Juan Carlos “Tata” Cedrón en su casa. Foto: Rafael Mario Quinteros

Juan Carlos “Tata” Cedrón en su casa. Foto: Rafael Mario Quinteros

Sin embargo, su regreso triunfal se produjo en 2004, reconocimiento mediante. “Jaime Torres, que era muy amigo mío, vino a comer a casa. A su vez fue muy fuerte lo del Estadio Obras. Estaba repleto y la ovación fue increíble. Además tocamos en Montevideo. Vino hasta la Negra Mercedes Sosa”, recuerda con una sonrisa en sus labios.

Y agrega: “Una vez yo fui preso por La Negra. Había unos fachos que la agredieron en un Café Concert sobre la calle Suipacha. Le gritaban ‘¡comunista!’ Me agarré a trompadas. Y nos metieron presos.

Caímos con el escritor Ricardo Piglia, el poeta Alberto Szpunberg, que tenía un prontuario groso por militante, y el metalúrgico desaparecido Felipe Vallese. Entramos a un calabozo en la taquería que queda frente a Plaza San Martín.

-¿Quién los rescató de allí?

-Una prostituta amiga mía, que la conocía del ambiente. Le dijo a los policías que todos éramos amigos de ella. Por eso nos soltaron, sino no nos largaban. Otra vez cayeron a Gotán, en la época del golpe de Onganía. “Acá no hay drogas, prostitutas, ¿son comunistas?”, dijeron.

Profundizando acerca de su vuelta a Buenos Aires, el Tata, reconocido por su ideología peronista, recalca que no influyó que sea Néstor Kirchner quien gobernara en esos años.

“Sucedió que me separé y me volví a casar. Por otro lado, no había tanto laburo en Francia. Nuestro cachet era importante y resulta que de pronto cayeron argentinos a tocar por sólo tres mil euros, eso me perjudicó. Gente que aprendió a tocar el bandoneón en el avión”, relata embroncado.

A los 82 años, más activo que nunca,  Juan Carlos “Tata” Cedrón. Foto: Rafael Mario Quinteros

A los 82 años, más activo que nunca, Juan Carlos “Tata” Cedrón. Foto: Rafael Mario Quinteros

Infancia feliz

A espaldas de Cedrón, en su vistoso living que es una especie de archivo viviente, sobresale un banderín de Platense, el club de fútbol de Vicente López. “Soy hincha, pero no fanático. Mi vieja era simpatizante y algunos familiares también. Me gustan sus colores. Además es uno de los pocos clubes de aquí que no tienen nombre en inglés”.

El retrato de su niñez no pasa inadvertido ante un solo ejemplo, “Yo me hice peronista por mi viejo. Porque vivimos la mejor época de Argentina, entre 1945 y 1955. ¡Ibamos a Avenida General Paz a mirar las carreras de Juan Manuel Fangio! Estábamos en la calle todo el tiempo. Fueron tiempos prósperos”.

De pequeño, el músico vivió en la zona de Puente Saavedra. De allí proviene su mayor influencia, según sus propias palabras. “Paraban tipos con vacas y te vendían la leche, me acuerdo claramente de todo. Un hombre de origen judío vendía peines, peinetas, jabones, sábanas. Los vecinos salían a comprarle. Existía el tranvía, era todo muy distinto”.

El músico y compositor Juan Carlos “Tata” Cedrón. Foto: Rafael Mario Quinteros

El músico y compositor Juan Carlos “Tata” Cedrón. Foto: Rafael Mario Quinteros

-¿De joven trabajó de músico o tuvo otros oficios?

-Yo fui sifonero. En la revolución de 1943 vivía a tres cuadras de la ESMA. Cuando empezaron los balazos me metieron en una casa. Me acuerdo claramente del despliegue de los soldados sobre la avenida General Paz.

Mi padre influyó mucho en mí. El fue socialista, fue secretario de comité en Cabildo y Republiquetas (hoy Crisólogo Larralde). Hacía títeres y teatro. No era antiperonista. Por otro lado, papá hacía una radio de galena, con una piedrita y un alambrecito.

Ese primitivo receptor de radio fue crucial para el interés del Tata por la música a temprana edad.

“Así escuché a Aníbal Troilo, Leopoldo Torres Ríos y su Pelota de trapo, Alberto Castillo con su canción La barra de la esquina. Nosotros queríamos ser Gardel. Escuchaba la grabación de Gardel a dos voces y pensaba que yo podía cantar a dos voces solo, creía hasta en eso, lo mío era cantar desde chico”, rememora con un halo de ternura.

Asimismo, la parte materna también generó cierta influencia en él: “Mi abuelo y mi madre cantaban. Recuerdo canciones de mi abuelo en italiano o Me voy, de Atahualpa Yupanqui. Por otra parte, papá, además de lo que te conté, era ceramista, inventor casero, amateur. Crecí en un ambiente vinculado al arte y al pensamiento”.

Juan Carlos “Tata” Cedrón. Foto: Rafael Mario Quinteros

Juan Carlos “Tata” Cedrón. Foto: Rafael Mario Quinteros

Entre el ayer y el hoy

“Ahora me siento extraño. Los de ahora no viven todo esto que te cuento. Lo de atrás lo miran mal. O quizás no se dan cuenta. Hay un texto de Igor Stravinsky con el que me identifico y desde allí parto a mis propuestas de espectáculos”.

De inmediato, Cedrón alza el texto y lo lee con énfasis: “Una tradición verdadera no es un testimonio de un pasado muerto, es una fuerza viva que anima e informa el presente”. Y tras un breve silencio, añade que “no se puede ignorar el pasado”.

En un estante de la pared del living de Cedrón resaltan discos de vinilo, con sus artes de tapas originales, a lo que hace alusión de manera vehemente: “A mis 23 años elaboré el primer disco autogestionado en Argentina, junto a Juan Gelman, corría 1964. Tomábamos fotitos y pegábamos en cartón, de manera artesanal”.

El Tata y el rock

-O sea, ¿ustedes apostaron a la autogestión mucho antes que el rock?

-Así es, mucho antes que los rockeros. Ya antes alquilábamos el local con mi hermano Alberto, llegamos a poner el Gotán, ¿por qué, entonces, no hacer nuestros propios discos y venderlos por nuestra cuenta? Había dos atorrantes, el Flaco Oscar y Dupuy, quienes pirateaban discos, copiaban y vendían. Ellos nos llevaron a mí y a Gelman al lugar donde hicimos quinientas copias, que vendimos a mano.

“¿Te digo algo? Vos mencionaste el rock. Algunos rockeros componen en inglés y lo pasan al castellano. Había artistas cuyos textos era continuación del tango. Sin embargo, lo de rock nacional es sanata. El rock es rock”.

“Son extraordinarios Luis Alberto Spinetta, Miguel Abuelo, que tocaba con mi guitarra en Francia. Pese a eso, el inglés, el idioma, es una penetración ideológica. Por lo menos es como lo pienso yo”, plantea Juan en sintonía de debate.

Respecto al concierto que se avecina, Tata se refiere a sus músicos, que son jóvenes y apostaron al tango.

“Los padres de mis músicos actuales eran fanáticos del Cuarteto. El pibe Julio Coviello, bandoneonista, me dijo que escuchó Los ladrones a sus diecisiete años. Mientras que Federico Terranova, que toca viola, me expresó que ‘los mejores versos son los de Evaristo Carriego’. Todo cerró”, concluye el Tata Cedrón.

Y luego informa que que toda su obra se encuentra en el siguiente sitio web: http://cuartetocedronobracompleta.blogspot.com/

Información

El Cuarteto Cedrón se presenta el miércoles 16 de marzo en Bebop Club (Uriarte 1658, C.A.B.A) a las 20.30 horas.

MFB

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