Son de Diez, con Florencia Peña: la tira que fue furor en los ’90



“Los Diez, una familia con onda”. Así decía la publicidad de Son de Diez, la comedia que, de 1992 a 1995, fue furor en El Trece, un exitazo: promediaba los 40 puntos de rating. Y sí, había onda, mucha onda, sobre todo, en el pelo de los protagonistas. Eran los años ’90, y así como las chicas copiaban el look de Cindy Crawford en los afiches de Guess, los chicos se desvivían por imitar el estilo de Michael Hutchence, el líder de INXS, o de Carlitos Armas, de Loco Mía.

Ya en su primera temporada, Son de Diez se llevó el premio Martín Fierro en el rubro “mejor comedia”. ¿De qué se trataba? Con humor, contaba la historia de una familia de clase media argentina en la que siempre había algún conflicto. 

La gran figura era Florencia Peña, que interpretaba a Bárbara Diez. A los 17 años, se hizo conocida por sus dotes actorales y, también, por el tamaño de su busto: no por nada, en la tira le decían La Pechocha. Una palabra que combinaba otras dos: pechos y preciosa. Una fusión semántica que se convirtió en uno de los apodos más recordados de la historia de la televisión argentina.

En la ficción, los padres de Bárbara eran Enrique, o mejor dicho, el actor Claudio García Satur, que ya sabía lo que eran los grandes sucesos por haber protagonizado Rolando Rivas, taxista, y Silvina, interpretado por Silvia Montanari.

Los hermanos de La Pechocha eran, a su vez, Federico (Federico Olivera) y Yanina (Daniela Redín). El rol del “abuelo” quedaba para Javier Portales, en este caso, de bigote mostacho. Versátil, Portales se reinventaba después de los años de gloria que había pasado junto al Manosanta de Alberto Olmedo, entre otros personajes.

El “abuelo” de “Son de Diez” era Javier Portales.

Si bien Peña ya había actuado en Festilindo, Clave de Sol y Los Tuyos y los míos, Son de Diez fue el programa que, como se dice habitualmente, le dio su “pico de popularidad”, algo que luego se repetiría en Casados con hijos, de Telefe, la sitcom que en 2021 será llevada al teatro.

“Amé mi personaje de Bárbara Diez”, suele repetir Florencia cada vez que le preguntan por la tira que contaba con los guiones de Miguel Ángel Diani y Daniel Di Conza.

Y hay motivos para creerle: el suyo era un papel divertido, tierno, con mucha gracia. Un papel que, también, cruzó ficción con realidad. En algunos capítulos, Bárbara habló con su hermano Federico sobre la incomodidad que le generaban sus pechos.

Así, cuando ya tenía 19 años, Peña pasó por el quirófano, dentro y fuera del set de grabación.

Con el tiempo, en diálogo con Ángel de Brito en Los Ángeles de la mañana, la actriz contó cómo vivió aquel momento.

“Sufrí mucho en la etapa de La Pechocha. A los 17 años era una adolescente muy expuesta, con un cuerpo que no podía manejar”, señaló.

Y dio más detalles: “Me miraban de una forma que no me gustaba. En esa época teníamos naturalizadas muchas cosas que hoy serían impensadas. Yo sufría unos dolores de espalda tremendos. Además, cada vez que tenía que salir, usaba remeras que me achataran”.

Fiel a su estilo, la artista agregó: “Justo el mismo año que yo me operé, Fede Olivera se cortó el pelo y abandonó sus rulos característicos. ¿Y podés creer que bajó el rating del programa? ‘No puede ser por nosotros’, decíamos, ‘algo más tiene que haber'”.

La operación de Peña fue tema de debate nacional, tapa de diarios y revistas. Sí, definitivamente: era el mundo del revés. Cuando una buena parte de las mujeres se ponía silicona para aumentar el tamaño de sus redondeces, ella se las reducía.

En ese contexto, la Coca Sarli le recomendó que no se operara. Se lo contó Peña al periodista Rodrigo Lussich.

“La Coca me dijo: ‘No te las operes, son dos tesoros. Y te van a dar muchas satisfacciones’. Eso que me dijo me convenció de operarme. Si no, todo iba a pasar alrededor de las lolas. Nunca me arrepentí”, dijo Flor.

Y bromeó: “Además, yo tengo todo congelado, nunca se sabe… ¡Me sacaron casi 700 gramos de cada una de las lolas!”.

¿Quién era el galán de Bárbara en Son de Diez? Iván González, hijo del cantante Jairo, que se ponía en la piel de Bruno.

En la tira también se hablaba de temas infrecuentes en ciclos de estas características: “el cuidado de espacios verdes”, “la discriminación que sufren las mujeres”, “aborto”, “homosexualidad” y “sida”.

En otro de los capítulos, Portales le dice a su nieto Federico: “Vos cuidate, ¿eh? Está muy brava la cosa y te podés agarrar eso que anda circulando por ahí”.

El elenco de “Son de Diez”.

Son los años ’90, queda dicho.

De traje amarillo, el presidente Carlos Menem recibe a los Rolling Stones en la Quinta de Olivos.

Una buena parte de los argentinos deja de veranear en Villa Gesell y se va a Punta del Este.

Otros, con el dinero de alguna indemnización, abren un videoclub, una cancha de pádel o un parripollo.

Marcelo Araujo empieza a relatar los partidos de fútbol con un estilo jocoso, informal, proclive a la chanza. Después de un córner o de un tiro libre, le pregunta a Enrique Macaya Márquez, el comentarista que lo acompaña: “¿Estás crazy, Macaya?”.

Se ponen de moda las matinés de los boliches como New York City, Cinema o Engelberg, famoso porque seguía pasando lentos y, también, porque antes de arrancar el dancing pasaban una película, alguna de la saga de Rocky, Top Gun…

Son de Diez no es ajeno a este contexto, al contrario.

Por la calle pasan los autos del momento: el Fiat 147, el Ford Escort, el Peugeot 505. Está permitido fumar en los espacios cerrados. Se usan sacos con hombreras, camperas con corderito, jeans celestes. Y la piel se luce bien bronceada: si es de cama solar, mejor.

En el living de los Diez abundan los detalles en dorado. Y los helechos. El televisor es una caja grande, pesada, como un arcón o, directamente, como un volquete.

¿Teléfonos celulares? Había algunos, sí, como el modelo “ladrillo” de Movicom, imposible de guardar en los bolsillos de la camisa o el pantalón. Pero lo que más se veía era el aparato de mayor expansión en aquellos tiempos: el teléfono inalámbrico. Un lujo asiático. Un dispositivo electrónico propio de la NASA, con el que se podía hablar y lavar los platos al mismo tiempo.

Ahora, en otra escena de Son de Diez, el “abuelo” Portales toma mate con Enrique.

“Me encantan los parques de diversiones”, dice Caridad, el personaje que interpretaba Floria Bloise. Y agrega: “De chica iba siempre. Me gustaba mucho la montaña rusa. Lo que no me gustaba nada era el Tren Fantasma. Me asustaba de lo que veía”.

Ahí, socarrón, el más canchero de la familia, Portales la carga: “Claro, en el Tren Fantasma se asustaba porque tenía espejos adentro”.

En otro momento aparece Tanino, el rol de Luis Mazzeo, que falleció en 2017 a los 54 años. Tanino era el “eterno enamorado” de La Pechocha.

Daniela Redín, Silvia Montanari, Florencia Peña, Claudio García Satur y Federico Olivera. La familia Diez.

Federico, su amigo, le avisa: “Voy a visitar a Bárbara, que empezó a trabajar en una heladería”.

Entonces, Tanino le ruega: “Llevame, llevame… ¡Cómo me calientan las heladeras!”.

Ya en la heladería, donde los vasitos cuestan “tres pesos”, uno de los “empleados”, en este caso con la cabellera igual a la de Axl Rose, intenta seducir a Bárbara.

“¿En serio nunca trabajaste en una heladería?”, le pregunta el joven, haciéndose el galán. “No, nunca”, le responde ella, tímida. “Es que armás muy bien el cucurucho…”. “¿Viste? Debe ser algo innato”.

El programa también marcó el debut actoral de Nicolás Cabré, que tenía 11 años y hacía de Juancito, el pequeño novio de Yanina, la más chica de la familia Diez. Un año antes, Cabré había aparecido en los programas de Xuxa.

En 2016, entrevistado en El Diario de Mariana, el magazine que Mariana Fabbiani conducía por El Trece, el ex de Laurita Fernández, la China Suárez y Eugenia Tobal comentó entre risas: “Me genera ternura ver las imágenes de Son de Diez… Sobre todo, si las veo sin sonido… No, no, en serio. Fui muy feliz haciendo ese programa. Arranqué ahí, era como un juego. Además, era otra época de la televisión. No se hablaba tanto de rating como ahora. Y eso que Grande Pa hacía 50 puntos de rating y nosotros estábamos cerca de los 40…”.

Fabbiani sabía de lo que hablaba Cabré: también tuvo su paso por la tira, en este caso, como una de las tantas novias de Federico.

En Son de Diez había muchos actores “invitados”, como Silvia Pérez, Mimí Ardú, Cecilia Milone, Facundo Arana…

Natalia Lobo debutó como actriz en “Son de Diez”.

Como Cabré, Natalia Lobo también dio sus primeros pasos en televisión con este programa. “Yo estuve en el segundo año, en el 93”, le cuenta a Clarín. “Fue mi primer trabajo como actriz. Era modelo. Y estudiaba canto. Venía de hacer la publicidad de un dentífrico, Muy cerca. Me llamaron para hacer cuatro capítulos y me terminé quedando toda la temporada. ¿La verdad? Me encantó. Trabajé con gente muy amorosa. En un año me hice muy famosa. Y me cambió la vida”.

-En “Son de Diez”, tu personaje era el de Mina, una de las novias de Federico.

-Sí. Yo era Mina, como la cantante que tanto me gusta. Y Federico era como una estrella de rock. Le iban cambiando las novias a cada rato… Federico es un divino, muy buena gente. Siempre nos llevamos muy bien… Cuando la tira pasó al teatro, no sabés: las fans de Federico, que estaban locas por él, ¡me querían pegar! ¡Me tiraban del pelo! ¡Se la agarraban conmigo como si yo hubiera sido la novia real de Federico! (se ríe).

-¿Y cómo era tu relación con Florencia Peña?

-Excelente. Somos amigas. Florencia es una persona súper talentosa, súper trabajadora… Con una energía espectacular, única. Me acuerdo de que en aquel momento le decían La Pechocha sin parar, todo el tiempo. Y ella lo sufría. Es que el cuerpo le dolía: no era una giganta, era una chica flaquita…

-¿Qué recordás de Javier Portales?

-Un capo… Como Satur, como Montanari, Portales era otra gran estrella de la televisión argentina. Y yo tuve la suerte de compartir aquel elenco con él. Me sentía una privilegiada. Yo tenía poco más de 20 años… Una vez, Portales me preguntó: “¿Usted por qué no me saluda?”. “Me da vergüenza”, le respondí. “Vergüenza es robar”, me respondió. No me lo olvido más.

-¿Y cómo se portaba Cabré?

-Muy bien. Cabré era muy chiquito… Me acuerdo de que el padre y la madre lo acompañaban siempre en las grabaciones. Ya se notaba que era un chico con mucho talento…

-Él también valora que en aquella época no hubiera tanta locura por el rating.

-Es que era otra televisión. No había cable, ni streaming, ni páginas de Internet… El público se sentaba una hora a ver el programa. Lo esperaba una semana. Para mí, fue una gran escuela, aprendí a manejarme delante de las cámaras, con la luz, los planos… El director, Mazzitelli (Eduardo), era otro genio. Después de eso, me llamaron para trabajar en Mi cuñado, con Ricardo Darín y Luis Brandoni.

La que se alejó de la pantalla fue Daniela Redín. “El problema se planteó durante el último año de Son de Diez”, contó la joven, que hacía de Yanina.

“Había empezado a cursar el primer año de la secundaria y no iba nunca al colegio. Se me hacía muy difícil el hecho de trabajar y estudiar al mismo tiempo. La mayoría de los actores que empezaron de chiquitos dejaron el colegio. Y yo no quería eso para mi vida. Por eso, seguí otro camino”, agregó Daniela.

Más allá de que tuvo otros trabajos como actriz, se dedicó a las finanzas y la abogacía.

Igual, confesó, siempre recuerda con cariño su experiencia en Son de Diez.

Lo mismo le sucede a Florencia Peña. Cuando murió Montanari, en 2019, usó su cuenta de Twitter para despedirla de manera muy afectuosa: “Tengo una profunda tristeza por tu partida, querida Silvia. Fuiste una mamá para mí durante muchos años. Compartimos la vida y el trabajo. Me adoptaste y me diste todo tu amor. Siempre. Hermosa actriz, hermosa persona. Tantas anécdotas nos unirán por siempre. Estás en mi corazón”.

WD

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