Sin remordimientos: una versión superficial del mundo de Tom Clancy


Sin remordimientos (Without Remorse, Estados Unidos/2021). Director: Stefano Sollima. Guion: Taylor Sheridan, Will Staples, sobre la novela de Tom Clancy. Fotografía: Philippe Rousselot. Edición: Matthew Newman. Elenco: Michael B. Jordan, Jodie Turner-Smith, Jamie Bell, Guy Pearce. Duración: 109 minutos. Disponible en: Amazon Prime Video. Nuestra opinión: regular.

François Truffaut resumía el universo de Fritz Lang en unas líneas de “Pasión por Fritz Lang”, su texto inaugural sobre la política de los autores para la revista Cahiers du cinema. “Siempre llega el momento en que un hombre está harto de luchar, en que su causa muestra algún punto débil. Y es entonces cuando alguna circunstancia le hace retomar el combate, casi siempre la muerte de alguien ajeno a todo, a menudo una mujer, a veces una mujer amada”. Aquella clave del universo de espías y ángeles de venganza que el austríaco selló en su pionera Los espías (1928) fue también un artilugio del escritor Tom Clancy para delinear su mundo de traiciones y epopeyas personales.

Sin remordimientos no es la excepción. Adaptada de la era posVietnam al presente, en el que la Guerra Fría adquiere nuevas representaciones, la película nos presenta a John Kelly (Michael B. Jordan), un oficial de la Armada que integra una misión de rescate comandada por la CIA en Siria. De aquella incursión que termina en un depósito de armas rusas en Aleppo emerge el hilo de la cruenta venganza: muertes estratégicas, intereses contrapuestos y una misión secreta que conduce la acción a territorio ruso donde el gélido clima del pasado se enciende en la geopolítica contemporánea.

Stefano Sollima, director de series como Roma criminal, Gomorra y algunos episodios de la reciente ZeroZeroZero, concibe las escenas de acción con solvencia pero sin la tensión necesaria para establecer el clima de paranoia. La película escalona mecánicamente los sucesivos enfrentamientos –entre John Kelly y los sicarios en su casa, en un auto en llamas, en un edificio en Rusia asediado por francotiradores- con escenas en las que el entramado político –que es la esencia de Clancy- se despliega en discursos subrayados y algo ingenuos. Y eso se agrava en algunas escenas de corte emocional (confesiones, despedidas), en las que los actores apenas dotan de cierta autenticidad ese innecesario derrotero de frases hechas.

Sin remordimientos

Si Kelly, luego convertido en el emblemático agente John Clark, y el oficinista Jack Ryan devenido en espía existen en el mismo universo que Clancy diseñó como eje de su carrera literaria, Sin remordimientos elige poner en escena su estrato más superficial, en el que aquella venganza que Lang definía como clave de su mundo moral se ha convertido en un juego de piezas erradas y vertiginosas explosiones. Quizás la vocación de Amazon sea completar el universo Clancy que delineó en la serie Jack Ryan –uno de los mejores acercamientos al material original-, pero lo hace con los límites de una película que no puede escapar de su propia intrascendencia.

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