Shawn Mendes en el Movistar Arena: el “tifón canadiense” brilló en su debut argentino



Como si hubiera sido un partido perfecto, de esos en los que no hay tiempos muertos y la pelota nunca deja de estar en juego, el primer show de Shawn Mendes en la Argentina duró 90 minutos exactos. Y no hacía falta más. 

Al cantante y compositor canadiense le alcanzó esa hora y media para demostrar por qué es uno de los grandes fenómenos globales actuales de la industria de la música, pero también para dejar en claro que atrás de ese producto de diseño cuidado hasta el más mínimo detalle hay un artista descomunal.

El pibe lo tiene todo: derrocha onda, canta como los dioses, toca bárbaro -la guitarra y el piano-, maneja los tiempos con una habilidad de aquellos que recorren escenarios desde hace una eternidad y tiene un estado físico que más de un atleta de alto rendimiento envidiaría. 

“Músculo, transpiración, carisma y mucho, mucho talento”, la fórmula de Mendes para ganar un partido perfecto. (Foto: Andrés D’Elía)

Músculo, transpiración, carisma y mucho, pero mucho talento. Ahí está la clave del lo que pasó en el estadio de Villa Crespo la noche del viernes 6 de diciembre. Y como si todo eso fuera poco, y por sobre todo y además, Shawn Mendes hace unas canciones buenísimas, que a los 21 años -¡¡21 años!!- le permiten contar con el respaldo de un repertorio demoledor.

Por eso, a los 20 minutos de comenzado el espectáculo, se puede dar el lujo de ya haber sacado a la cancha hits como There’s Nothing Holding Me Back y Stiches, y de haber bajado tres cambios para amagar desde el piano con un breve fragmento de Señorita, que entrega apenas como un guiño. Claro, faltó Camila Cabello. Pero no hacía falta que viniera. Como durante toda la noche, Shawn tuvo a disposición un coro de 16 mil voces adolescentes -enormísima mayoría en el Movistar-, que no dejaron de acompañarlo en ningún momento.

Simple y rendidora, la puesta en escena, con una gran pantalla redonda de fondo y luces administradas con buen criterio. El resto lo hizo el público. (Foto: Andrés D’Elía)

Tampoco dejaron de hacerlo los cuatro músicos que integran la formación que lo aompaña, de neta estirpe rockera. Con un baterista, Mike Sleats, que la descose; un bajista, Dave Haskett, que es más que solo eso y se multiplica en teclados; un guitarrista, Zubin Thakkar, que mantiene todo bajo control y pasa de un estiko a otro con una fluidez fantástica; y un tecladista, Eddy Ruyter, que además mete voces y llena espacios con gracia y precisión.

Desde el piano, Bad Reputation invita a otro coro multitudinario, y sirve para certificar que si pocos días atrás hubo una laringitis que puso en riesgo su escala porteña, ya no quedan rastros de ella en la voz del cantante, que cierra el primer tiempo con la “coldplayiana” Never Be Alone. 

Al piano, Shawn Mendes ensayó un falso comienzo de Señorita, y la voz de Camila se multiplicó en las de las fans que colmaron el Movistar Arena. (Foto: Andrés D’Elía)

La influencia de la banda de Chris Martin es notoria en la puesta de Mendes, y el chico no hace absolutamente nada por disimularla. Al contrario, lo que se refleja en el carácter de algunos estribillos “estadio” que forman parte de varios de sus temas, se extiende a las pulseritas de colores con las que el público aportó a la puesta de luces, y al tributo explícito, con Fix You como el primero de los bises.   

Pero antes de llegar a esa instancia, Mendes atraviesa el segundo tiempo de “su partido perfecto” en el escenario de “la rosa”, ubicado en el extremo opuesto al principal. Ahí, como metido entre sus fans, el músico “viste” su piano con una enorme bandera argentina, juega con un cover acústico de I Wanna Dance With Somebody (Who Loves Me), de Whitney Houston, y un secuencia directa al corazón, que incluye Because I Had You, Life of the Party (el primer tema publicado por Mendes, cuando tenía apenas 16) y Like to be You. Otros tres hitazos, y van…

Cara a cara, Mendes dialogó con el público a través de gestos, unos “te amo, Argentina”, y un par de mensajes “sociales”. (Foto: Andrés D’Elía)

Y aunque cuesta determinar con precisión cuál fue la mayor ovación que recibió el canadiense a lo largo de su performance, sin duda una de las más atronadoras coincidió con el momento en el que enarboló la bandera del arco iris, que hace rato y afortunadamente, trascendió las fronteras y amplió su representatividad mucho más allá del terreno de la comunidad LGTB.

En un rato, Mendes dirá que cada uno de quienes están acá tiene el poder de cambiar el mundo, y de hacer que este lugar sea un poco mejor. “Nadie nos va a quitar la juventud”, dispara, y la multitud es un solo grito. Algo así como el People Have the Power que Patti Smith arengó hace unas semanas en el Luna Park, pero sin imposturas ni esas pretensiones antisistémicas que tan bien venden.

Tampoco necesita Mendes sacarse la camisa para ostentar “lomo”, ni provocar con “movimiento sexy”, ni cambiar de vestuario, ni apelar a golpes bajos para seducir. A lo sumo tira algunos besos por ahí, ensaya algunos “te amo, Buenos Aires”, revolea púas sin parar y se pega una recorrida por el vallado para quedar mano a mano con la primerísima línea de fans. Pero lo suyo es la música.

Maestro de ceremonias, Mendes alentó el canto colectivo de la multitud, que no se guardó ni una estrofa. (Foto: Andrés D’Elía)

Por eso, mientras tanto, pasan las canciones, que se consumen el tercer bloque. Particular Taste propone un tempo disruptor. Tiene un pulso electrónico pero está hecho con tracción a sangre. Sobre esa base, Shawn canta en falsete, se saca selfies con una cam que “toma prestada” del público -sí, también hay algo de U2 en el plan Mendes-, y Where Were You in the Morning? muestra un amanecer en el mar en la pantalla, y un pasaje sonoro que va del gospel a la balada y de ahí al soul que la banda “multitarget” resuelve con maestría en cuestión de segundos.

El final, después de otra seguidilla implacable -Fallin’ All in You/If I Can’t Have You/Why/Mercy-, apunta al centro del blanco. In My Blood es otra de esas canciones sin contraindicaciones, y con una épica digna de una final de campeonato que no necesita tiempo suplementario ni minutos de descuento para su definición.

Impecable, el desempeño de Mendes en su primer show en Buenos Aires. El sábado 7 será el segundo. (Foto: Andrés D’Elía)

Mendes jugó, goleó, ganó y gustó. Solo faltó el “no te vayas campeón, quiero verte otra vez”. Pero la sensación quedo ahí, flotando en el aire del Movistar Arena. 

E.S.

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