Sean Connery fue el mejor Bond hasta que se hartó



Se hartó. En verdad, Sean Connery se bajó del 007 porque estaba cansado de los fans, de tener que estar erguido hasta cuando iba a tomar un whiskey en un pub escocés.

Si hasta se rumoreó que lo obligaban a usar un corset para tener su espalda derecha.

Fue el mejor James Bond, aunque para nuestra generación, que crecimos con el 007 de Roger Moore y se nos erizaba la piel al escuchar dos acordes de Vivir y dejar morir de Paul McCartney: era como una revolución en el cine de acción y aventuras.

Abril de 1964. Filma “GoldfInger”, y acaricia a la “chica Bond” Shirley Eaton en los Pinewood Studios, cerca de Londres. AP

Pero cuando se reponían las películas de Bond en los cines (¿se acuerdan de las salas cinematográficas?) descubrimos que no, que había un actor, un señor, un caballero que tenía más sarcasmo, que era aguerrido e intrépido, que no le temía a nada ni a nadie.

Que no necesitaba pisar las cabezas de los cocodrilos, de traje blanco, para escapar del maldito de turno, fuera el Satánico Dr. No o Goldfinger.

Inomortalizó sus pies el 13 de abril de 1999 en el cemento fresco de las veredas del Mann’s Chinese Theater en Hollywood. FOTO: AFP

Un tipo que era capaz de mantener el siguiente diálogo en Operación Trueno, hace… 55 años.

James Bond: Esa pistola parece más apropiada para una mujer.

Emilio Largo: ¿Usted sabe mucho sobre pistolas, Mr. Bond?

James Bond: No, pero sé un poquito sobre mujeres.

Fue el hombre al que mejor le calzaban las polleras escocesas. Y el que le dijo que no a un contrato como futbolista profesional a los 23 años, porque advertía que la carrera de futbolista “era muy corta”.

Cuando en el año 2000 la reina Isabel lo nombró Caballero en el Holyrood Palace, en Edimburgo, claro, la ciudad escocesa en la que nació, fue con polleras. FOTO: REUTERS

El mismo al que para que volviera a ser Bond en Los diamantes son eternos (1971) quebró un récord en cuanto a lo que recibió como salario: US$ 1.250.000, y un porcentaje de las ganancias del filme en los Estados Unidos, por lo que obtuvo más de 6 millones de dólares. Todo lo donó a una causa benéfica en Escocia.

Y el mismo que le dijo que no a Steven Spielberg para ser Hammond, el dueño millonario de Jurassic Park, y a Peter Jackson para ser Gandalf en la trilogía de El Señor de los anillos, porque no quería pasar un año y medio filmando en Nueva Zelanda. Dicen que se perdió ganancias por 450 millones de dólares.

Por venir a rodar “Highlander II” a la Argentina cobró US$ 3.500.000. En la foto, con Christopher Lambert. FOTO: ARCHIVO CLARIN

Pero cuando vino a rodar Highlander II a la Argentina, cobró US$ 3.500.000.

Es que desmitificando que era dueño de una sola pose, y en medio del fenómeno en que se convirtió el agente 007 en los cines de todo el mundo, Connery alternó los cientos de miles de dólares que ganaba por ser agente del Servicio Secreto de Su Majestad con otros títulos que sí le gustaban.

Por esa época Alfred Hitchcock lo dirigió en Marnie, aceptó rodar con Gina Lollobrigida La mujer de paja, y encabezó La colina de la deshonra, de Sidney Lumet, con la que fue al Festival de Cannes.

Y aunque Brian De Palma le ofreció ser el doctor Robert Elliott en Vestida para matar (1980), y declinó por compromisos previos, fue el estar, no cerca, sino a la par, de otro Eliot -éste con una sola l y una sola t- el que le devolvió la fama y le dio su único Oscar.

Con su Oscar al mejor actor de reparto por “Los intocables”, el 11 de abril de 1988. FOTO: REUTERS

De Palma volvió a llamarlo y en Los intocables (1987) fue Jim Malone, el policía que acompañaba al personaje interpretado por Kevin Costner. Su muerte fue rodada en una toma memorable, con grúa, ingresando a su departamento por una ventana.

Tres cosas se recuerdan de Los intocables, en el orden que uno prefiera: a Connery, la escena con el cochecito de bebé en las escaleras de la estación de tren en homenaje a El Acorazado Potemkin y la música de Ennio Morricone.

Connery pasó de ser héroe de acción a mentor en los finales de su carrera. Se dejó la barba entrecana y/o el bigote. Hacía 17 años que se alejaba del cine, con el bodrio -hay que decirlo- La liga extraordinaria.

Con Harrison Ford, cuando interpretó al padre de Indy en “Indiana Jones y la última cruzada” (1989). FOTO: ARCHIVO

Antes, Steven Spielberg le dio el papel del papá de Indiana Jones. El director de Tiburón quería hacer un filme al estilo Bond, y fue George Lucas quien como productor lo convenció de hacer la trilogía del arqueólogo aventurero.

¿Acaso no hubo mejor final para Sean Connery, que beber del Santo Grial al terminar Indiana Jones y la última cruzada, y cabalgar rumbo al horizonte cuando caía el sol?

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