Se estrenó una nueva obra política de Mario Diament


Con sus protocolos establecidos y con unas cuantas semanas que sirvieron como pruebas de que las salas pueden ser lugares seguros si se toman todos los recaudos, el teatro independiente, ese sector indispensable para la reflexión y para el debate, abre sus puertas para el reencuentro entre la platea y la escena. Una relación que parece describir al teatro mismo. Con el aforo aumentado del treinta por ciento al cincuenta desde hace pocos días, se acaba de estrenar El fixer, en El Tinglado. Escrita en tiempos de pandemia, trabajada primero a través de las plataformas que se volvieron una costumbre para la mayoría y, finalmente, ensayada en la sala teatral desde noviembre, fecha en la que se permitió el regreso a los teatros.

El autor es Mario Diament, responsable de obras como Los amantes de la casa azul, Pequeñas infidelidades, Cita a ciegas, Tierra del fuego, Franz & Albert, Guayaquil, una historia de amor, Moscú, entre muchas otras. El director es Daniel Marcove; una dupla que viene trabajando en conjunto desde hace ya un tiempo largo. “Esta es una confirmación del maravilloso beneficio de la continuidad de la tarea en común. Tuve la fortuna de ir conociendo el material desde un principio e increíblemente las dos primeras imágenes de actores que tuve para los personajes aceptaron participar de la aventura, dos excelentes como Edgardo Moreira y Enrique Dumont, a quienes conocía desde hace mucho tiempo. Con Edgardo actuamos en mi primer espectáculo como actor, Despertar de primavera, dirigida por los inolvidables Hedy Crilla y Agustín Alezzo. Este año se cumplen ya 45 años de aquel estreno. Y a Enrique lo conocí cuando tuve el honor y la alegría de trabajar junto a su genial padre, Ulises Dumont, primero como director en una obra de Roberto Cossa, Viejos conocidos, y luego como actor en una obra también de Tito, Años difíciles”, cuenta Marcove muy entusiasmado porque después de muchos meses de incertidumbre, con reuniones semanales a través de Zoom –luego consideradas como un gran trabajo de mesa, extendido y paciente–, acaban de estrenar de forma presencial como sienten que es verdaderamente la esencia del teatro.

Edgardo Moreira, Daniel Marcove y Enrique Dumont, de El fixer ALFIERI MAURO

En esta obra, dos argentinos se encuentran de forma casual y en plena pandemia en un bar de Miami. Uno de ellos es periodista y está de paso; el otro es un personaje misterioso, expatriado, con una joven mujer, y recientemente padre. A lo largo de la charla, va emergiendo una trama espesa que pertenece a la historia argentina reciente. Este hombre misterioso se define como “un fixer”, acostumbrado a arreglar lo que ya no tiene solución, un tipo pesado que pertenece, según él mismo lo dice, a los servicios de inteligencia. Y que se ha “encargado” de cuestiones que no vale la pena adelantar así no se revela antes de tiempo el eje central de la pieza pero que, sin dudas, cautiva la inmensa mayoría. Temas escabrosos, políticos y todavía nos resueltos.

“Cuando leí la obra por primera vez, me inquietó la cantidad de información a la vez que me atrapó su temática. Decidí, entonces, trasladar mi inquietud al director y ocuparme de investigar mi criatura –cuenta Moreira encargado de este personaje tan siniestro como misterioso–. Extraje del texto el dato de que vive en una ciudad de eterno verano, sol, mar y playa; que tiene una mujer joven, sensual y una hija nacida hace muy poco. Pero no encontraba el objetivo: ¿qué lo movilizaba a contarle su pasado, a un periodista que recién conocía? Decidí no responderlo desde mi cabeza, sino que aparezca como necesidad, mientras me internaba en ese territorio ignoto que presenta un personaje nuevo”.

El fixer, de Mario Diament es una de las primeras obras de la escena alternativa en incorporar la pandemia a su tramaALFIERI MAURO

Su personaje era simpático y divertido y el juego fue central en su conducta: con el lenguaje, la gestualidad o los naipes. “Fue fundamental el vínculo con mi compañero de escena, Enrique Dumont, con quien ya había trabajado en El padre y a quien me une una amistad y un conocimiento que facilitó mucho la construcción de esas miradas, silencios o risas cómplices –agrega Moreira–. Ni hablar del trabajo con Daniel Marcove, a quien conozco desde 1979, aunque esta es la primera vez me dirige. Es una fiesta trabajar con él, manejamos el mismo código. Y en el tratamiento de la palabra en acción, Hedy [Crilla] apareció guiándonos más de una vez. Con estos componentes luego de transitar todo el viaje, descubrí la respuesta a mi pregunta: la motivación estaba en la necesidad de exorcizar sus sentimientos más profundos”.

Sin dudas fue un viaje lleno de incertidumbres que por momentos se volvían angustia ante la falta de respuestas sobre la fecha de estreno. “Con el correr de los meses, por momentos, nos bajoneábamos y hasta nos planteamos abandonar, porque lo remoto tiene un límite para un hecho de índole presencial como el teatro. Pero los tres decidimos que, aun en ese naufragio de incertidumbres de todo tipo, este texto era una tabla a la que aferrarse para ilusionarnos. Y aprendimos de nosotros mismos. Creo que no se volverá a la realidad prepandemia, que el siglo XXI empezó el año pasado, cuando la vida en el planeta cambio”, suma Moreira que además durante todo el año siguió dando clases de actuación de forma virtual.

Mario Diament, un observador del mundoOliver Kornnlihtt / AFV

A pocos de días de la meta, una que sin dudas se hizo esperar ya que este proyecto comenzó a tomar vida en mayo pasado, “este estreno tiene para mí un alto nivel emotivo –repasa Marcove–. Es volver a revivir el rito teatral que consiste, de forma imprescindible, en el latido compartido entre la platea y el escenario. Creo que el teatro, que siempre fue pura resistencia, hoy más que nunca no es territorio de especuladores sino de apasionados. Lo que vendrá es tan incierto y dinámico como la realidad actual. De todas formas, los ‘animalitos de teatro’ como nosotros, tenemos el cuero curtido, casi dramáticamente, con lo incierto, lo inestable. Estoy convencido de que el rito teatral sobrevivirá siempre, más allá de cualquier bicho maldito. Ojalá nos acompañen en esta militancia teatral que hoy se necesita. De todas formas, ya hemos convenido con el equipo, que se hará función, aunque haya un solo espectador”.

El fixer, de Mario Diament.

Sábados, a las 20.30

El Tinglado, Mario Bravo 948.

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