Se crearon nuevas asociaciones de artistas que buscan visibilizarse



La coyuntura pandémica que trajo aparejado un extenso paréntesis en todas las actividades culturales, puso de manifiesto una serie de cuestiones que se atribuyeron a esa coyuntura y que, en realidad, venían probablemente desde siempre. La incapacidad de observar las actividades escénicas como una instancia del orden de lo laboral se coló por cientos de conversaciones cotidianas y se instaló en el inconsciente colectivo, que no estaba desvinculado con esas actividades, con frases como “Los comerciantes tienen que abrir para no morirse de hambre, en cambio, el espectáculo puede esperar”. Son muchas las personas que no pueden asumir que la cultura es trabajo.

Existen agentes de las artes escénicas que tienen mayor visibilidad, tal es el caso de los actores o los dramaturgos. Otros, en cambio, pasan más inadvertidos aunque los productos de su trabajo se coloquen delante de nuestros ojos o de nuestros oídos u olfato, en fin, por dar algún ejemplo: el vestuario, la iluminación, la música, la concepción de desplazamiento en el espacio o la totalidad de la puesta. Oficios y profesiones de lo más diversas sostienen ese andamiaje.

Algunos protagonistas de las artes escénicas se vinculan de manera colectiva: desde Argentores (autores) hasta Circo Abierto (artistas de circo); desde Unima Argentina (titiriteros) hasta los colectivos que nuclean a las salas teatrales (Artei, Aadet, Escena); una larga y compleja lista de distintos modos de agruparse.

Desde unos años a esta parte hubo una multiplicación de búsquedas de vinculación por razones diversas y por objetivos diferentes, acá un brevísimo panorama de ello.

Hace unos años, en 2015, se empezó a constituir ADEA (Asociación Civil de Diseñadores Escénicos de Argentina) que agrupa a los diseñadores de escenografía, vestuario, iluminación, video escénico y actividades derivadas de nuevas tecnologías asociadas al diseño escénico. El objetivo de esta asociación es “promover el reconocimiento profesional y público del diseño escénico. En defensa y resguardo de nuestro trabajo como diseñadores.”

Y desde 2018 también se empezaron a encontrar los directores. El director teatral Alfredo Martín señala: “Nos empezamos a reunir y nos dimos cuenta de que éramos muchos y que una actividad tan individual como es la de la dirección tenía un montón de aspectos que podían compartirse, entre otras, visibilizar la compleja tarea de la dirección escénica, promoverla. La asociación es una forma colectiva y plural que también permite el vínculo con otras asociaciones.”

Un propósito central de la Apdea, la entidad que los nuclea, es “ser reconocidos como autores de esa dirección y de esa puesta en escena, necesitamos que empiece a ser un reconocimiento de propiedad y de autoría intelectual”, explica Martín.

Alfredo Martín toma la palabra por los directores escénicos

También venía trabajando en conjunto un grupo de productores, dialogando, intercambiando ideas y se constituyeron en entidad en 2016, la primera de Iberoamérica. Se presentó en sociedad Appeae (Asociación Profesional de Productores Ejecutivos de las Artes Escénicas) en 2019, su misión central es “promover y fomentar el reconocimiento y la legitimación profesional del productor ejecutivo de las artes escénicas”. Es posible que el rol de los productores ejecutivos esté en el podio de lo que se invisibiliza o al que se le atribuye una labor equivocada.

Sin excepción, todas las asociaciones buscaron encontrarse con sus potenciales asociados, los censos fueron una moneda corriente para saber quiénes eran y dónde estaban. Se trata justamente de no volver a eso que se denominaba “normalidad” sino a construir un lugar diferente. Ahí la pandemia operó como agente y trajo nuevas reuniones.

Por su parte, PIT (Profesores Independientes de Teatro) es el colectivo que nació en abril de 2020 como una iniciativa que tuvo el objetivo de visibilizar una situación urgente, para los docentes de teatro (actuación, dramaturgia, dirección) la principal fuente de ingresos se había detenido. Con un lema potente e irrebatible salieron a hacer su carta de presentación: “Todo empieza en las clases”. En aquel momento hicieron un censo que señaló un número significativo: más de 800 docentes y más de 24.000 estudiantes. Algunos eligieron las clases virtuales, otros prefirieron esperar. Macarena Trigo lo expresó así: “esperan ese después que sigue costando imaginar, pero para el que ya trabajamos; para lograr que ese después suceda cuanto antes el PIT trabaja en el protocolo que permita el regreso”. ¿Por qué es importante una afirmación que lleva un año? Justamente porque fueron núcleo para pensar los modos para volver. ¿Cómo no iban a poder trabajar en esos protocolos acaso ¿existen personas que sepan más del cuidado del cuerpo propio y de los otros que los docentes de teatro, de circo, de danza?

Las razones de la juntada de otro colectivo tuvo que ver con la imposibilidad de encontrarse las categorías establecidas: ni para subsidios, ni para premios, ni para censos. Así se armó MUX (Músicxs Escénicxs) que, como afirman en una carta preparada para difundir, sostienen: “la música escénica carece de espacio de desarrollo y profundización (…)”, les cabe sumarse a la categoría “otros”, en la que se incluye “todo lo concerniente al sonido en escena (música, voces, efectos sonoros y un largo etcétera).”

Al respecto, la prestigiosa Carmen Baliero señala: “necesitamos visibilizar una disciplina concreta y específica que prácticamente no tiene lugar en las categorías naturalizadas. La música escénica es una disciplina en sí. No tenemos subsidios ni becas, no aparecemos entre los damnificados por la pandemia… cobramos por la cantidad de tiempo de una musicalización pero no por la decisión del silencio en la misma obra. MUX surge por la necesidad de focalizar un fenómeno constantemente utilizado pero no reflexionado.”

Profesores, diseñadores escénicos, músicos de o para la escena, directores, productores, algunas de las piezas fundamentales para que lo escénico tenga lugar: son las agrupaciones más nuevas, una muestra cabal de que es necesario seguir juntándose y pugnando por hacerse visibles.

“No aparecemos entre los damnificados por la pandemia”, afirma Carmen Baliero, integrante de MUX Martin KatzConocé The Trust Project



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