Sanditon: una miniserie efectiva que pone en tensión el universo clásico de Jane Austen y las innovaciones


Sanditon (Reino Unido, 2019). Creador: Andrew Davies. Elenco: Rose Williams, Theo James, Kris Marshall, Kate Ashfield. Disponible en: Film & Arts, este jueves a las 22. Nuestra opinión: Buena.

Las adaptaciones cinematográficas y televisivas de la obra de Jane Austen conforman un género en sí mismo. Sus reglas fueron establecidas por la autora británica en sus novelas y adoptadas por aquellos guionistas que las trasladaron a la pantalla. Antes que la película o la serie de tal director o showrunner, Austen es la autora inequívoca de la obra.

El caso de Sanditon es distinto, por tratarse de la novela inconclusa de la escritora. Poco antes de su muerte el 18 de julio de 1817, Austen abandonó la escritura porque estaba enferma. Dejó 11 capítulos de Sanditon terminados y la intriga de cómo hubiese seguido la historia de una joven que deja su casa en el campo para ir a un pueblo balneario en plena construcción. Hubo diversas versiones a cargo de distintos escritores, pero la que cuenta la miniserie homónima es la creación de Andrew Davies, responsable de la inolvidable versión televisiva de Orgullo y prejuicio de 1995, muchas otras adaptaciones de Austen y otros grandes escritores clásicos, y coguionista de las dos primeras entregas de Bridget Jones.

Lo que sucede con Sanditon es que contiene todo lo que se espera de este tipo de historias pero parece una copia que no termina de alcanzar al original. Ahí está la heroína protofemista que no duda en decir lo que piensa y rechaza la idea del matrimonio por conveniencia. También está el hombre muy atractivo que parece malo pero no lo es, enfrentado a la protagonista por una serie de malentendidos. No faltan los personajes secundarios graciosos; la dama rica testaruda y ofensiva; las discusiones sobre los prospectos románticos para mejorar la situación económica; y, por supuesto, los bailes en los que los personajes se acomodan como fichas en el juego de la narración.

Davies no se limita a cumplir con las reglas del austinismo sino que también introduce nuevos elementos, incluyendo temas como el abuso sexual, esclavitud y racismo; y le pone algo de picante con algún desnudo masculino apto para la televisión (era de esperar del hombre que le dio al mundo a Colin Firth saliendo de un lago con la camisa blanca mojada en Orgullo y prejuicio).

Algunas innovaciones funcionan mejor que otras, pero hay una tensión entre mantenerse dentro del universo Austen y salir de él que no se termina de resolver bien. Davies es experto en crear una serie que enganche al espectador -de hecho, se confirmó que habrá segunda y tercera temporada- y Sanditon tiene suficientes méritos para seguirla con interés y pasar un buen rato. Pero es difícil sacudirse de encima las ganas de volver a ver alguna adaptación de Orgullo y prejuicio, Emma o Sensatez y sentimientos.

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