Rodrigo de la Serna, de guardaparque a volver a filmar “La casa de papel” para Netflix



-¿Qué cosas concretas te cortó la pandemia?

-Ver a mis familiares, el trabajo, lo de todo el mundo. Con el grupo El Yotivenco íbamos a ensayar, y estábamos trabajando material nuevo con Pompeyo Audivert, para adaptar otra obra de teatro. Y bueno, eso se vio absolutamente trunco.

-¿Pudiste ver a tu hija, Miranda?

-Por suerte.

-¿Qué te pareció “Bruja”, donde actúa?

-Me parece que es genial, y va a estrenar otra película, Almost in Love, que ahora se conocerá como Corazón vagabundo, con (Leonardo) Sbaraglia, que hace de su padre. No sé qué va a pasar, supongo que será en Cine.ar. Hay escenas super fuertes, estuve presenciando el rodaje. Se me llena el corazón de orgullo y de alegría. Mi hijita… tiene 19 años, ya es una persona con un criterio artístico impresionante.

-Ya tenés dos hijos más para babearte (Olivia y Estanislao, que nacieron el mismo día -1° de febrero- de 2019 y 2020, y que tuvo con su pareja, Ludmila Romero).

-Sí, estoy entre babas.

Hace ya un año. Rodrigo de la Serna, a su llegada a la presentación de la tercera temporada de la serie “La casa de papel”, en Madrid. Estima que estará 8 meses filmando la quinta temporada. EFE

Rodrigo de la Serna, uno de los mejores actores de su generación, está armando las valijas. Es que en breve partirá rumbo a España, para rodar la quinta temporada de la serie La casa de papel, de Netflix.

“Están resolviendo cómo hacemos el movimiento, el traslado… Es un movimiento familiar, porque serán muchos meses. No nos podemos separar en un momento tan incierto, de anuncios apocalípticos…”, dice del otro lado de la línea telefónica desde su casa.

-¿Cuánto tiempo te irías?

-Considerando esto de los protocolos, mínimo seis meses. Se tratará de un poco más de tiempo que cuando hicimos las dos temporadas anteriores juntas, que fueron 8 meses.

Ludmila Romero y Rodrigo de la Serna, papás de Olivia… y de Estanislao, que nacieron el mismo día, el 1º de febrero: ella en 2019, y él, en 2020. (Instagram).

-¿Cuándo te vas?

-Parece que a mediados de agosto. Están con los protocolos para filmar. Sé muy poco, imagino que habrá cuestiones a las que no estamos acostumbrados, todo cambió y es de las pocas producciones que van a arrancar en Europa.

-Definí a Palermo, tu personaje.

-Es una persona tan absolutamente quebrada, con una patología bien de libro, de una misoginia tan patética. Es un tipo que viene de un círculo muy doloroso, y es apasionado, radicalizado, que no mide las consecuencias y para quien el fin justifica los medios siempre. Esto lo hace tan polémico.

Rodrigo con los integrantes de la banda El Yotivenco. GERMAN GARCIA ADRASTI/ ARCHIVO CLARIN

-¿Y estás contento con el rol?

-Sí, está buenísimo, es de esos desafíos actorales importantes. Es una serie que demanda un ejercicio físico y emocional tremendo. (La serie) Tiene un rodaje como si fuera el de una película, una película de 8 meses con un rigor técnico impresionante. Son diez horas diarias mínimo y hace a un nivel de adrenalina física y emocional. Uno lo disfruta mucho, y agradece en este contexto. Para un actor, que pueda trabajar cuando la industria está toda paralizada es un privilegio. Sonaría tonto estar quejándose.

-Te escucho agitado.

-Estuve correteando con los niños.

En “Al acecho” es un guardaparque, que descubre una organización de cazadores furtivos.

Pero mucho antes de que lo volvamos a ver por Netflix, a Rodrigo lo podremos admirar en Al acecho, el thriller que este jueves estrena por Cine.ar. Allí interpreta a Pablo, un guardaparque que rehace su vida en un nuevo destino: el Parque Pereyra Iraola. Y cuando todo parece que transcurrirá apaciblemente, descubre una banda de cazadores furtivos. Lo acompañan en el filme de Francisco D’Eufemia (egresado de la ENERC, la escuela de Cine del INCAA) Belén Blanco, Walter Jakob y Facundo Akinos.

-En “Al acecho” componés un personaje un tanto huraño, de pocas palabras. ¿Te sentís en parte identificado con él?

-Por cierta conectividad con la naturaleza. Soy una persona que tuvo privilegios que él no tuvo, él vivió mucho a la intemperie, no tiene una configuración burguesa, es bastante salvaje. Con lo instintivo, es una persona que no es marginal porque no vive en territorios urbanos. Es una persona casi de la isla. No sé si muchas cosas comparto con él. Sí que me gusta perderme en el monte, es un beneficio de burgués, pero para él no es un disfrute, hay que vivir en contacto con eso. Es algo ominoso. El monte tiene una atmósfera asfixiante, atrapante, que al final se abre al lado del río y se define la historia con el sol encima… Esa presencia de la naturaleza en sí, que se me sugiere herzogviana.

En un alto del rodaje del filme, que estrena este jueves en Cine.ar TV, y luego estará en Cine.ar Play.

Rodrigo cuenta que aceptó la propuesta del director D’Eufemia porque -además de gustarle el guión- “tenía una deuda artística pendiente con él, uno de los codirectores de Fuga de la Patagonia (2016), adaptación de los hechos reales que están en el diario personal del perito Francisco Moreno. Estábamos en avances, me encantó el tratamiento del guión y es un cine que a mí me gusta, en escenarios naturales, que se mete en la médula e intimidad del personaje y ambiente que los rodea. Esto es una escala más pequeña, me parece maravilloso su trabajo y como guionista tiene todo tan claro… Hay una cabeza cinematográficamente importante”.

-¿Y por qué no participaste de “Fuga de la Patagonia”?

-Por mil motivos, el rodaje se había retrasado y agarré otro trabajo.

-Hablando de deudas pendientes, te quedó la película de Bonavena en el tintero.

-Una pena no haberlo hecho, una pena. Lo que trabajé en lo físico… Yo no soy muy corpulento y haber llegado a esa masa muscular en un año entero, todos los días yendo gimnasio, haciendo boxeo, estudio del personaje. Fue muy doloroso.

-¿Te arrepentís?

-No me arrepiento de haberlo hecho.

TRES TRABAJOS: UNA PELÍCULA, UN PROGRAMA DE TV, UN OBRA DE TEATRO

Le propusimos a Rodrigo de la Serna que eligiera una película, un programa de televisión y una obra de teatro en la que hubiera participado y explicara el por qué.

Interpretó a Alberto Granado, amigo del Che Guevara, en la película de Walter Salles. ARCHIVO CLARIN

Diarios de motocicleta (2004)

“Fue una experiencia que trascendió lo cinematográfico, ese cine que parecería que no existe más, como el celuloide. Eramos como una compañía trashumante moviéndonos de pueblo en pueblo por tres países de Latinoamérica, y narrando la historia, ni más ni menos, de Ernesto Che Guevara junto a su amigo Alberto Granado. Todas las cosas que pasaron ahí significaron muchísimo, no sólo a nivel profesional. Después, toda la trascendencia que tuvo la película en los festivales internacionales, los premios que ganamos, el reconocimiento que tuve como actor en los centros importantes de la industria cinematográfica. También que la película haya llegado a los arrabales más profundos de varios continentes, qué sé yo, todo eso no es nada en comparación con la experiencia que fue conectar con la historia de este hombre y con lo que él había conectado, que eran básicamente las entrañas profundas de un continente, con sus pueblos, con su gente, con los pueblos originarios. Y haber estado en el Amazonas, en Machu Picchu, en la Patagonia, en los Andes, yendo de los cóndores a los delfines del Amazonas. Es un delirio. Es algo que yo sé que muy difícilmente se vuelva a repetir. Elijo esa experiencia.”

-¿Vos tuviste que pasar por un casting para tu papel en “Diarios…”?

-Sí, sí. Hice un casting.

-¿Seguís en contacto con Walter Salles, o se perdieron un poco?

-Se perdió bastante, sigo en contacto con Gael, sí. Con Walter hace mucho que no hablo.

Rodrigo de la Serna junto a Pompeyo Audivert en teatro. ARCHIVO CLARIN

El Farmer (2015)

“Fue una concatenación de casualidades y eventos muy agraciados y afortunados. Me acuerdo que cumplía años y Joaquín Furriel… Me duele también dejar de lado la obra que hicimos juntos, ¿no? -habla de Lluvia constante, que hicieron dirigidos por Javier Daulte en La Plaza en 2011-. Fue impresionante lo que aprendí al lado de uno de los actores de teatro más experimentados y académicos de nuestra generación. El regalo de cumpleaños fue el librito El Farmer, de Andrés Rivera, que contaba en primera persona el exilio de Juan Manuel de Rosas en su destierro. Me enamoró inmediatamente la literatura de Rivera, la prosa, la musicalidad y la vida convocante y magnética de Juan Manuel de Rosas. Y a la semana me encuentro en un restaurante con Pompeyo Audivert, que es uno de los referentes más importantes que tiene la historia del teatro argentino. Estábamos cada uno saliendo de su función, y me cuenta que está haciendo la adaptación de El Farmer, yo le digo ‘mirá, acabo de leerlo y me parece una maravilla’. Y a la semana me llamó para hacer una adaptación conjunta, y llevarlo al teatro. Después de un año y medio de trabajo lo hicimos en el Teatro San Martín, y nos fuimos de gira por todo el país con una camionetita, hasta Jujuy ida y vuelta.”

-¿En camioneta?

-Si, y Cuyo también, nos faltó el Sur. La Patagonia no la hicimos, pero sí la provincia de Buenos Aires, Entre Ríos, Corrientes, Misiones, Chaco, Salta, Jujuy, Tucumán, Santiago del Estero, Mendoza, San Luis y San Juan.

-Y me decías que ahora tenías un proyecto con él, que se truncó momentáneamente con la pandemia.

-Creamos un muy buen vínculo, nos llevamos muy bien artísticamente también, entonces siempre tenemos ganas de volver a hacer algo, y yo creo que si todos queremos y hacemos, tiramos para el mismo lado, vamos a volver. A las salas, y a abrazarnos entre todos.

-¿Cómo te imaginas que puede ser el regreso al teatro?

-No va a ser igual de siempre, un poco paulatinamente, quizá, que se vaya yendo el miedo de a poco, y volver a ganar todos los espacios que fuimos perdiendo con esta pandemia.

En “Okupas”, la miniserie que ganó tres Martín Fierro en 2001. ARCHIVO CLARIN

Okupas (2000)

“Otro personaje fuerte… Y lo que sucedió alrededor, ¿no? Lo que fue Okupas en todas sus dimensiones, impresionante haber participado de ese proceso y de ese momento de la TV argentina. Y sobre todo haber estado al lado de Bruno Stagnaro, ver cómo trabaja, cómo está observando siempre, es tan novedoso, tan personal, nadie pone la cámara como la pone Bruno. Y el retrato que hizo de principios del 2000 de una sociedad que sigue estando vigente, hasta que no cambie este paradigma que nos rige, que lleva a millones de personas a la pobreza. Estaba muy bien narrado.”

-Vos sos uno de los pocos que trabajó por separado con el dúo de directores “Pizza birra faso”.

-Tenés razón, que también me da pena no nombrar Crónica de una fuga, en cine, así como te digo una cosa te digo la otra. Ese fue un peliculón, una obra maestra de Adrián Caetano, a quien admiro también muchísimo. Dos de los formadores del nuevo cine argentino, y siendo tan jovencitos. Fue tremendo.

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