Roberto Moldavsky en cuarentena: el humor, la cocina y sus otros yo



En tiempos de cuarentena, y de encierro tan psíquico como físico, más de uno debe imaginar que los humoristas llevan mucho más liviano el aislamiento social obligatorio. Pero Roberto Moldavsky, desde su departamento de Palermo, da por tierra la hipótesis y confiesa que “a veces discuto conmigo y me voy a dormir sin hablarme”.

Aclara que vive solo, “pero de pronto en estos días descubrí que convivo con mis otros Robertos… El Moldavsky paranoico, el hipocondríaco, el que ve todo mal, el que ve todo demasiado bien, el que no tiene ni idea cómo sigue esta historia. Y, bueno, cuando me voy a la cama me acuesto del otro lado y no nos dirigimos la palabra”, comparte con esa envidiable naturalidad que tiene para meter la gracia.

Padre de dos hijos con los que tiene comunicación telefónica permanente, reconoce que “la primera parte la llevé bastante bien, pero esta segunda etapa de la cuarentena (desde el 31 de marzo) la siento más complicada. Por ejemplo, me replanteo seguido por qué nunca tuve una casa con jardín. Igual, ojo, no la disfruto, pero tampoco es que la padezco. Tengo clarísimo que hay mucha gente que la pasa mal en serio”.

La creatividad de Moldavsky: una selfie desde el interior de su heladera, tomada este viernes 3 de abril a la mañana, a pedido de Clarín.

Aclarado el punto, se le agradece que aporte dosis de humor sobre algunos puntos del encierro. Del coronavirus puntualmente no hace ni hará chistes, porque, fiel a su estilo, “no me gusta hacer humor con el dolor del otro”.

A los 58 años, recuerda que “cuando viví en Israel estaba en un kibutz con mucho verde, pero al volver a la Argentina ya me metí en un departamento. Y aquí estoy, encerradito. Acá estamos, mejor dicho, hoy vino el que no sabe cómo vamos a salir de ésta. Y no sabés lo intenso que está el tipo”.

-¿Y por qué elegiste departamento en vez de casa?

-No tengo casa por dos motivos. Primero, desconfío de mi desidia y siento que se me puede llegar a caer todo encima. Me tengo miedo en ese sentido. En cambio, estando el encargado que puede resolverme todo, me relajo con el mantenimiento.

-Pero, si se rompe el cuerito de la canilla, ¿te das maña?

-Hasta ahí sí, te manejo el básico. No estoy para hacerte una instalación ni para desarmar el lavarropas. Aprendí lo justo sobre cómo funcionan algunas cosas. Yo voy a Easy y me siento en la NASA. Veo a los tipos que se cortan solos las maderas y para mí son héroes nacionales. El otro día, antes de todo esto, compré un mueblecito que mandaron por correo y la pasé mal. Me corté el dedo, la sufrí, me quedó más feo de lo que es, que ya de por sí es feo… Y encima me sobraron varios tarugos que andá a saber adónde iban. Por eso el encargado del edificio, Jerónimo, un genio, es como mi Batman. Viene y me soluciona todo.

Moldavsky cuenta que arranco la cuarentena “comiendo fuerte”, pero que ahora logró bajar un par de kilos.

El departamento, por otro lado, la da más seguridad. Y ahí está ahora, llevando la cuarentena entre la limpieza, la relectura de Rayuela (la joyita de Julio Cortázar), la cocina, sus salidas telefónicas por radio (integra el equipo de Bravo.Continental, que conduce Fernando Bravo de 13 a 17 por la AM 590), sus “vivos” por su cuenta de Instagram todos los días a las 22 y los palotes de lo que seguramente aparecerá en sus nuevos espectáculos.

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Después de haber brillado en la temporada marplatense con Moldavsky reperfilado, ya tenía bastante avanzado el nuevo show: “No me quejo, porque hay que saber poner esto en perspectiva. No vendí una entrada en lo que va de este año para la cartelera porteña. Yo puedo estar un par de meses sin laburar, pero la mayoría no y eso es lo preocupante”.

Sabe cuándo poner el toque de humor y cuándo no corresponde. Directamente no le surge. “Soy muy respetuoso del aislamiento social. En este tiempo debo haber bajado dos veces a hacer las compras. Me quedo adentro, pero tampoco estoy pegado a la tele. Sí veo en Twitter la cantidad de infectados y otras noticias del coronavirus el mundo, pero eso de ver todos los programas con panelistas que repiten quinientas veces lo mismo no me va. Le escapo un poco al alarmismo de algunos. No soy un negado, pero trato de encontrar un equilibrio para no volverme loco. Igual, te soy honesto, como típico padre judío a veces me ataco pensando en mis hijos y monto todo un operativo”, comenta, sabiendo que llega el interés por los detalles cotidianos.

-¿Cómo sería ese operativo en estos tiempos?

-El otro día, por ejemplo, le mandé a mi hija, con un taxi, alcohol en gel, cosas de limpieza y un paquete de 50 milanesas que hice yo solito. Pero, mirá lo que son las cosas: después murió un hombre de 51 años, y ella me llamó al toque de enterarse y me dijo “Si te pasa algo me mato”. Yo lo sentí como un gran gesto de amor.

-¿Cómo preparaste tantas milanesas?

-Y, viste que lo que sobra ahora es tiempo… Me había comprado un kilo seiscientos de peceto para hacer y guardar por las dudas. Y lo conté en el grupo que tenemos de Whatsapp y mi hija dijo “Quiero”. Y si una hija dice “quiero” le das todo. Así que le armé las 50 y yo me quede con una pocas.

-¿Todo con algo más de un kilo y medio?

-Sí, las hice bien finitas. Mucho huevo y luego mezclé pan rallado y panko, para que estén crocantitas, las aplasté y quedaron buenísimas. Me puse música de fondo y me enfrasqué tipo fábrica de hacer milanesas. Hice una pila enorme.

-¿Qué escuchaste?

-Puse una playlist que me armé de rock nacional. La pasé genial. Concentradísimo. No hablé con nadie, estaba enfocado en mi tarea. A mí me encanta cocinar, lo heredé de mi vieja. Mis hermanas también cocinan bárbaro. El tema es que, en situaciones normales, me falta tiempo. Pero ahora hago salsitas, de todo.

-¿Creés que el encierro obligatorio saca nuestras peores sombras en la convivencia?

-Es que no estamos preparados para la convivencia de 24/7 (24 horas por siete días), salvo que estemos de vacaciones y elijamos eso. Por eso también, y esto lo digo muy en serio, tal vez haya que haber previsto refugio para evitar tantas situaciones de violencia.

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-¿Sos de los que salen al balcón para el aplauso de las 21 dedicado a los médicos?

-Obvio. Yo me emociono con este tipo de cosas, como cuando pasa el recolector de residuos y la gente aplaude. Con esos gestos me ablando mucho.

-¿Ése es el Moldavsky con el que mejor te llevás?

-Lejos, me cae súper. Creo que éste es un gran momento para poner a prueba la empatía. Nosotros, con la Valentín Gómez (los músicos que lo acompañan en el escenario), tenemos un grupo en el que compartimos cosas de la vida de cada uno. No me meto con la intimidad de nadie, pero intervengo. Si se puede, se ayuda. Me encanta cuando una movida solidaria se arma genuinamente. Creo que esta porquería nos puede servir para saber estar más unidos.

-Decías hace un ratito que con la pandemia no harías humor…

-No, por supuesto, porque a mí me hace ruido todo lo que deja muertos. La cuarentena es otra cosa. Igual se puede hacer humor de todo. Yo no lo hago, porque mi límite sería no burlarse de la víctima. De todos modos, más allá de que no lo practique, hay un humor negro que me causa gracia.

-Las escenas cotidianas de la cuarentena van a colarse en el nuevo espectáculo, ¿no?

-Seguramente, pero no logro visualizarlo. Estaba armando uno, pero me está costando. Es como cuando te dicen que vas a bajar 10 kilos. Ok, dale, decime cuándo, poneme una fecha, incentivame. Está difícil proyectar en esta época.

-¿Cómo estás viendo el nuevo mapa político?

-Hay una movida “albertista” que hay que meter en contexto. El mapa político cambió la foto. Y entiendo que no es momento para grietas.

-Y, en ese sentido, ¿dónde estás parado?

-Soy medio progre y no tengo un partido que me identifique, pero lo que sí desarrollé en estos años es no bancarme más a los anti. Ni los de un lado ni los del otro. La trampa del anti es que depende de lo mismo que necesita.

-¿Ves las conferencias de prensa y discursos del Presidente?

-Sí, todo. No soy “albertista”, pero me convence cómo la está llevando. Yo también tuve Pyme y pude haberme sensibilizado con el discurso sobre los empresarios, pero lo entendí. Imaginate que estuve mil años con comercio en el Once. No sueño con una cosa utópica de todos unidos, pero, muchachos, grieta ahora no.

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Del otro lado del teléfono, Roberto suena sereno, siempre con la humorada en la manga, como quien suelta algo al pasar y, si pica, pica. No está esperando la risa ajena. Cuenta, en relación a la nueva vida sedentaria, que “arranqué comiendo fuerte, quedé tomado por el Moldavsky de la angustia oral, pero ahora como menos y bajé unos cuantos kilitos”.

Si bien su vida, como la de casi todos los argentinos, cambió a partir de marzo en ritmo y forma, encontró una suerte de rutina casera, para salir por radio dos veces por día (también está en el pase entre Fernando Bravo y Beto Casella) y para hacer sus participaciones en vivo por Instagram desde el living de su casa, “donde interactúo con mis seguidores. Tiro consignas y se va armando un lindo momento, empezamos hablando de una cosa y terminamos en cualquiera. Me divierto mucho contestándole a todos. Después me paso un rato a Facebook, que es como las Termas de Río Hondo de las redes sociales”.

Efectivo en su estilo, que hace escalas en el humor judío, en el humor político y en otras paradas temáticas, uno de sus mejores naipes es la carta que escribe sobre los oficios y las situaciones. Y las lee en el estudio de Bravo.Continental y todos -especialmente el conductor- se desarman de la risa. Las hubo -las hay, disponible en Youtube- sobre el pizzero, el guardavidas, el odontólogo, el zapatero… En todas hilvana, con jugosa creatividad, el doble sentido de algunas palabras clave.

-¿Se viene la carta de la cuarentena?

-Y, seguramente. Anda dando vueltas por mi cabeza, pero la haré cuando estemos todos juntos en la radio, porque la reacción de mis compañeros es fundamental. La risa de Fernando es el 50 por ciento del éxito. Por ahora está muy verde la idea.

-Esta charla tendría un lindo cierre si nos regalaras algún adelanto de esa carta…

-Yo sí me lavo las manos en esta relación.

-¿Una más?

-Pase, que la barbijeo toda la noche.

Moldavsky, un crack del humor. Y de las entrevistas, siempre, en cuarentena o sin cuarentena. Descubrió este oficio a los 50 y no se le pegó ni un pedacito de purpurina.

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