Rimas que no son rap: los encuentros de payadores copan la ciudad



En el límite del barrio de San Telmo y a dos cuadras apenas de la ajetreada Plaza Constitución se encuentra el restorán Las Palmeras, un lugar sencillo y tranquilo donde se realiza una vez por mes, desde septiembre de 2018 , un tipo de recital excepcional: payadores venidos de todas partes -improvisadores de enorme ingenio y suprema elegancia verbal- se trenzan en duelos líricos regidos por las normas de este antiguo arte repentista: versificación en diez líneas (la llamada décima), cada una de ocho sílabas, que deben rimar de acuerdo a reglas fijas. El público es heterogéneo: gente tradicionalista y conocedora del asunto; chicas y muchachos jóvenes, artistas, periodistas; en fin, también de a poco van sumándose espectadores más sofisticados.

La comida, por su lado, elude toda sofisticación; son platos de una abundancia y un estilo propios de otros tiempos: fideos con estofado, pollo asado con puré, queso y dulce, budín de pan. Un mozo circula entre las mesas como buenamente puede porque el lugar va quedando chico. En un ángulo del salón, como genio tutelar, el busto de Gabino Ezeiza, legendario payador nacido en el barrio de San Telmo.

Hay otro genio tutelar, afortunadamente contemporáneo, en estas “Noches payadoras” de Las Palmeras, y también es posible encontrarlo en muchos otros encuentros repentistas de la Argentina y del exterior: es José Curbelo, maestro de maestros, nacido en el Departamento de Canelones, próximo a Montevideo, y que reside en la Argentina desde hace más de cuatro décadas. “Me hice payador escuchando a mis mayores; cuando terminaban las faenas del campo se armaban unas guitarreadas, y algunos de ellos improvisaban. También había programas de radios con payadores profesionales. Se aprende así, escuchando. Puedo decir que soy payador profesional porque vivo de esto, aunque con todas las lógicas zozobras de un obrero; porque uno es un obrero del canto”. Curbelo viene llevando su arte por buena parte de America Latina, Italia, Islas Canarias, la península ibérica.

José Curbelo, maestro de payadores. Foto: Juan Manuel Foglia

Las modalidades de la payada son fundamentalmente dos: el “contrapunto” y el “pie forzado”. En la primera se enfrentan dos o más payadores que alternan sus décimas en un duelo cortés, pero implacable. La improvisación debe resolverse en segundos y aunque el payador suele tener muletillas a su disposición, cuanto menos se caiga en ellas –dice Curbelo-, más se luce el trabajo: “a veces no hay más remedio porque se va improvisando a toda velocidad. Incluso, en alguna ocasión ya se tiene anticipado el remate; pero puede ocurrir que uno se olvida de lo que había pensado y ahí se produce lo que llamamos ‘aterrizaje forzoso’”.

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La modalidad “de pie forzado” es apasionante. Cualquier persona del público propone un verso octosilábico, inventado en el momento, y los payadores deben usarlo para rematar su décima. El pasado mes de octubre se batieron en contrapunto dos destacadas figuras de este arte: David Tokar, de San Vicente, y Emanuel Gabotto, de Dolores. Gabotto rindió primero un homenaje versificado a Ernesto “Che” Guevara (se cumplían cincuenta y siete años de su muerte) y luego llegó el momento del “pie forzado”. El público propuso frases como estas, entre muchas otras: “El tren para en Baradero”, “Y no me trajiste el vuelto”, “Se trabaja si se puede”, “Al saber le llaman suerte”. ¿Se las arreglarán para incluirlas Tokar y Gabotto? La gente retiene la respiración mientras cada uno a su turno pulsa un aire de milonga buscando de qué manera comenzar. Los remates son perfectos y los aplausos, estruendosos. El desafío crece en las instancias siguientes: los payadores deben incluir en sus décimas -y en un todo coherente-, dos, luego tres y finalmente cuatro versos lanzados desde el público.

El lugar queda chico la vez al mes en que se hacen los encuentros de payadores.

“Si las herramientas que usamos nosotros son las palabras, tenemos que tener a nuestra disposición todos los sinónimos posibles y eso se logra con las lecturas y siendo curioso. Es cierto que hubo payadores analfabetos o semianalfabetos; pero Carlos Molina, uno de mis maestros, me decía que leyera todo lo que pudiera, porque los payadores analfabetos pueden tener hallazgos, pero corren el riesgo de ser repetitivos. Cuanto más se amplían los horizontes, mucho mejor. Es importante decirlo en estos tiempos cuando el vocabulario está tan reducido y tanto se lo “economiza” (se ríe). Nosotros los payadores, fíjese, que hemos andado mucho en el campo pero también en los suburbios, solemos hablar en lunfardo en la vida diaria; improvisando, jamás -sin desdeñar al lunfardo, por supuesto-. Tal vez en el fondo sea un amor al idioma y no queremos lastimarlo en absoluto”, afirma Curbelo.

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Pregunta pertinente en estos tiempos: ¿hay mujeres payadoras? Sí las hay. En una noche de Las Palmeras se enfrentan Marta Suint –esposa de Curbelo, pero con su propia e importante historia como payadora- y Susana Repetto, madre de Emanuel Gabotto, quien es así hijo y nieto de payadores. En una velada de Las Palmeras, Marta y Susana se enfrentaron, por así decirlo, alrededor del tema de la solidaridad. La recaudación de esa noche se había destinado a una colecta solidaria y ese rumbo tomó la payada.

¿Y hay jóvenes? Sí, también los hay, cada vez más, y con la novedad de talleres que los forman. Una noche, el combate lírico se dio entre los adolescentes Santiago Bares (de San Vicente) y Lucas Meres (de Alejandro Körn); los temas propuestos fueron “tareas rurales” y “la noche y el día” y los muchachitos enfrentaron su duelo con una seriedad casi solemne, aunque no por eso menos conmovedora. Los payadores mayores parecen usar con más libertad la ironía ingeniosa y el tono cachador hacia su contrincante. Aunque ciertamente, también puede darse entre ellos duelos dramáticos y de gran tensión.

Una vista del público, en las payadas de Las Palmeras.

La voz de José Curbelo resultaría seguramente familiar a los oyentes de Radio Nacional Folklórica: hasta hace pocos años hacía el noticiero versificado de la radio. “Las escribía, por supuesto, en el mismo día, tomando las noticias de Telam: una de política, una de deportes, una internacional y alguna efeméride folclórica. Fue una idea de Marcelo Simón y hete aquí que un día nos enteramos de que se hacía exactamente igual en una radio de Senegal”.

WD

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