Radio Lalo en cuarentena: Mir y su fórmula para “abrazar” a oyentes ante el coronavirus



Parece Robin Williams en Buenos días, Vietnam. Un micrófono, un menú de muecas, un muestrario de tonos y la misión de levantar a una audiencia. Allá fuera no hay ejército, no hay conflicto bélico, no hay bombardeo, pero hay un escuadrón de médicos y un adversario microscópico, el coronavirus. La radio en tiempos de pandemia es, en parte Lalo Mir, intentando inmunidad, generando anticuerpos verbales, promoviendo resistencia.

Ni AM, ni FM. Radio a secas, sin dial, sin otro soporte que una cuenta de Instagram (@lalo.mirlo). Para muchos eso podrá no ser radiofonía técnicamente, pero a Mir, eterno animal de radio, poco le importan las especificaciones técnicas y las fronteras del éter. Lo suyo es la palabra amplificada por el micrófono y la ofrece a toda hora, mediante posteos o stories.

Atrás, lejanísimos, quedaron esos viajes que hizo a Vietnam, Camboya, Birmania, Emiratos Árabes. Los aeropuertos parecen como un recuerdo del paleozoico, no lugares imposibles de volver a pisar. Los abrazos, una foto en blanco y negro; la mateada en los estudios, un acto arcaico.

Tonos, textos, música. Lalo Mir, animal de radio, y su emisora vía Instagram en tiempos de pandemia y encierro. (Rubén Digilio).

Eduardo Enrique Mir (67) armó su planta transmisora virtual doméstica hace tiempo, pero la pandemia reforzó el vínculo. Lalolandia se volvió un refugio de temerosos y vulnerables, y él ofrece una “vacuna” mediante discos (long play), textos propios, textos ajenos. Lectura, pista musical, reflexión y unido a todo eso, imagen de radio.

“El programa se llama Argentina, una divina pandemia. Paso noticias que tiren un poco para arriba. Ya van varios días y recién me estoy acostumbrando a no mirar a la cámara. Y le digo a los seguidores que si no me miran, mejor”, cuenta desde su búnker. “No me animo a una imagen neutra, porque creo que escucharía menos gente. En fin, es como hacer una radio rara y sin operador. Eso sí, hay adrenalina en los minutos previos, como en la radio”.

Lalo Mir, radio vía Instagram.

Lalo filósofo, Lalo DJ, Lalo casi psicólogo, Lalo padre, Lalo amigo. Mientras musicaliza y canta “estoy verde, no me dejan salir”, de Charly García, se anima a un ensayo de autor desconocido: “Las calles se quedaron vacías. Las fronteras que se defendieron con guerras, se quebraron con gotitas de saliva. Hubo equidad en el contagio, que se repartía para ricos y pobres. Las potencias, que se sentían infalibles, vieron cómo se puede caer ante un beso y un abrazo. Entonces, una enfermera se volvió más estrella que un futbolista. Un hospital se hizo más urgente que un misil. Tres gotitas en el aire nos han puesto a cuidar a ancianos, a valorar la ciencia, a ver que nuestra pirámide de valores estaba invertida”.

-¿Viviste alguna situación similar, salvando diferencias, en la que hacer radio fue tu gran aporte y catarsis?

-En 1982 hubo una gran inundación en Buenos Aires. Era la época en que no estaba la obra hidráulica del Maldonado y la Juan B. Justo se convertía en un río. Y la ciudad en esa oportunidad quedó cortada en dos. La gente no podía pasar de sur a norte y norte a sur y volver a su casa, si no era dando un largo rodeo. Dejamos de pasar música. Y la radio se convirtió en una mensajería. Los que tenían capacidad telefónica llamaban. No había redes ni internet. La radio pasaba el mensaje, como los noticieros comunitarios del sur que avisan cosas al campo. La radio llevaba tranquilidad a la familia.

-¿Qué manera encontraste ahora de dar un mensaje social y por qué creés que hay tanto tipo suelto dispuesto a no cumplir la cuarentena?

-No tengo el objetivo de un mensaje social. Tengo un mensaje que es el que me sale, que en general tiene una tendencia socialista. No mucho más que eso. Estoy en medio de esta coyuntura y me sale hablar de esas cosas, pero lo que más hago es entretener. Y respecto a los tipos estos que no cumplen la cuarentena, somos “argentinos y vamos a ganar”. La mezcla justa de tano y gallego, gallego y tano. El tozudo cabezadura y y el omnipotente grandilocuente. Pero en otros lados también ha pasado. Hay mucha gente que no está dispuesta a la reglamentación, a lo que viene como mandato, orden, decreto. Como si “sos ortiva si lo hacés”.

-¿Qué se puede rescatar de todo esto?

-Esto nos va a cambiar de pé a pá, calculo. Ninguna de las gripes anteriores, la aviar, la porcina, sars, llegaron a este punto. Todavía estoy procesando todo esto.

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