“Quiero un teatro donde los bailarines no tengan que irse del país”

La herida, al parecer, todavía no cicatrizó. Dos semanas después de haber presentado su renuncia a la dirección del Ballet del teatro Colón, la exbailarina Paloma Herrera volvió a disparar con munición pesada y, después de reiterar que solo trabaja la mitad del elenco estable por razones etarias, y que eso le resta espacio a “las nuevas generaciones”, plantó su bandera.

“Si tenés cien bailarines y nadie se va, la gente termina la escuela y no pueden entrar porque está todo ocupado. Yo quiero un teatro donde los bailarines no tengan que irse del país, porque nosotros nos fuimos del país”, remarcó Herrera, quien se marchó del país a los 15 años y cuatro después, según recordó, “era la primera bailarina del American Ballet”.

En la entrevista que concedió a TN, detalló que en la compañía hay “gente que acaba de entrar, de 20 años con todas las pilas, y gente de 65 que no tiene ganas de ir al teatro si los convoco para un rol”. Por ese motivo, apuntó que “es fundamental que la ley de jubilación cambie”.

“No podés tener, de cien bailarines, cincuenta que trabajen y otros cincuenta que no están bailando. Cuando digo eso me responden ‘no se puede’ (hacer nada)”, lamentó Herrera.

Paloma Herrera, durante un ensayo, cuando todavía era directora del Ballet del Colón

Paloma Herrera, durante un ensayo, cuando todavía era directora del Ballet del Colón

De todas maneras, aclaró: “Es fundamental que esos bailarines que ya no están para bailar, porque no están en edad o entrenados, o lo que sea, dejen su lugar. Pero no que los echen, jamás dije eso”.

Se tienen que ir con una jubilación, bien, contentos, felices, porque han trabajado un montón de años, pero tienen que dejar ese lugar para que otra gente vuelva, sino la gente se va afuera”, insistió quien tomó las riendas del Ballet del emblemático teatro porteño en 2017, después de una gestión de una década de Lidia Segni, y de dos años bajo la conducción de Maximiliano Guerra.

Además, admitió que “no esperaba el revuelo” que se generó cuando presentó la renuncia, el primer día de este mes y cuando faltaba apenas una semana para retomar las actividades con vistas a la temporada 2022.

“Siempre quise que el espectáculo, cuando se levante el telón, sea de excelencia, y en general en mi carrera siempre fue así y traté de hacer lo mejor. Entonces, si tengo que poner el nombre, quiero que se levante el telón y que sea lo mejor”, explicó la artista de 46 años, quien se formó en el Instituto de Arte del Teatro Colón.

Herrera se retiró de los escenarios en 2015, después de desarrollar su carrera profesional fuera del país, Más allá de la lejanía, mantuvo un vínculo regular con el Colón, en el que se presentó como invitada en diferentes producciones

Paloma Herrera: “Tenía que poner yo la cara”

El descargo de Herrera fue extenso. Además de remarcar la enorme cantidad de personas con las que no podía contar en plenitud, manifestó que debía hacerse responsable de problemas que eran ajenos.

“Lo peor de todo era que tenía que poner yo la cara y no me corresponde. Tenía que decir a los bailarines quiénes subían o quienes bajaban de categoría, y no era una decisión mía artística. Yo tenía que decir algo que ni siquiera era mi decisión: quiénes estaban de solistas, quiénes de principal, quiénes en el cuerpo de baile. Yo no voy a tomar esa responsabilidad”, argumentó.

En ese sentido, insistió: “Supe siempre esto desde el primer día que asumí. Dije ‘necesito que se vea lo de la jubilación’ y me dijeron ‘sí, sí, sí, bueno, se va a hacer’, y nunca se hizo en los cinco años. Y ahí fui atando con alambres”.

“Cuando dije ‘ato con alambres’ es que por lo menos si no lo pueden solucionar, tengo que darle oportunidades a gente joven. Todo el mundo admira mi carrera, pero porque me dieron la posibilidad. Yo trato de hacer lo mismo con las nuevas generaciones”, subrayó.

La intención de Paloma Herrera, que no terminó de concretarse, era promover "nuevas generaciones" de bailarines. Foto Fernando de la Orden

La intención de Paloma Herrera, que no terminó de concretarse, era promover “nuevas generaciones” de bailarines. Foto Fernando de la Orden

Además, sostuvo que “el ballet es súper disciplinado” y “requiere de tomar clases todos los días”, lo cual no sucedía en el Colón, porque “no son obligatorias”. También puntualizó que no se cumplían las “ocho horas de ensayo”.

“Yo quise cambiar y dije que la clase tenía que ser obligatoria, pero por usos y costumbres se fue moviendo y ahora la clase no es obligatoria, los ensayos son menos y me quedan pocas horas. Lo quise cambiar, pero hubo mucha presión de que no se podía”, comentó.

Ofertas no le faltan

Después de presentar su renuncia, Herrera recibió distintos ofrecimientos para volver a trabajar fuera del país. Sin embargo, confirmó que no aceptará las propuestas y se quedará en Argentina.

“Al día siguiente de renunciar al Colón, mi director en la American Ballet, que se está yendo, me dijo ‘mal por el Colón, bien por vos, porque tendrías que venir a ocupar mi lugar’. Y en el English National Ballet, una de las compañías más importantes de Londres, me preguntaron si pensaba irme para allá, para tomar el cargo de directora artística, y la verdad que es muy gratificante”, reveló.

Y ratificó: “En el resto del mundo siempre se valora un montón y acá de repente es difícil, pero yo sigo apostando a mi país y la verdad que mi vida hoy está acá, por un montón de situaciones y temas personales. Me quedó acá, les voy a decir que no, pero me llena el alma”.

Por último, manifestó que “tiene que pasar un milagro” para que dé marcha atrás con su renuncia.

DB

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