Quién es Pekeño77: el trapero uruguayo que dejó la “mala vida” y grabó con el Negro Rada



En los últimos 15 años, los ejemplos de artistas que lograron amplificar su popularidad desde sus cuentas de redes sociales abundan y esto ya no debería sorprender. Pero desde el suburbio montevideano y con 20 años a cuesta, el trapero Pekeño77 (o Peke77) redobla la apuesta y direcciona los ojos del gran público de la música urbana hacia su perfil de YouTube.

El 4 de septiembre pasado, Peke lanzó su disco debut, Sin prontuario, y si bien venía cosechando laureles desde que en 2018 comenzó a publicar música, su carrera explotó: en cuatro días su video de Rangos II llegó al puesto 13 del mundo en YouTube, y de pronto su nombre se codeó con los de artistas como Drake, Daddy Yankee o BTS.

Sin embargo, el nuevo-no-tan-nuevo formato del negocio musical se vuelve a manifestar de un modo llamativo. A pesar de estar en boca y ojos de millones de personas en todo el mundo, Peke (nacido Facundo Cedrés) sigue haciendo base en casa de sus padres ,en su barrio de siempre, Montes de Solymar, al norte de Montevideo, enclave peñarolista por excelencia y barrio humilde tan clásico como picante.

Facundo creció en esas calles, las conoce como nadie y aunque ha tenido sus intensos roces con “la ley”, su nombre incluye el número 77, que es el código que utiliza la policía en Uruguay para denominar a los “sin prontuario”. Todo tiene que ver con todo.

Sus videos han ido creciendo en producción, y con Rangos II, Peke llegó a su súmmum audiovisual y logró un track colaborativo esencial en el que es acompañado por Rubén Rada y varias personalidades ya indiscutidas del trap como Cazzu, Neo Pistea, C.R.O., Homer El Mero Mero y Bhavi.

Como es normal en el trap -una escena nacida tanto de las calles de Atlanta como del mundo de la sociabilidad virtual-, las letras de Peke impactan por ser brutalmente explícitas y la música transita sobrada de intensidad, en parte gracias a esa característica relación contrastante entre los elementos percusivos clásicos del género y omnipresentes atmósferas de urgencia sórdida.

El barrio Montes de Solymar sigue siendo la base de operaciones de Pekeño 77, a quien el trap le abrió la puerta a un mundo en el que las fronteras no son tan definidas como en los mapas. /Fotos Gentileza Prensa-Archivo Peke

Vamos, que no es música apta para quien quiera mirar al costado y no saber de la cruda realidad que se vive en los barrios periféricos de las grandes urbes del mundo. Poco importa que se trate de Montevideo, Buenos Aires, Londres o Lagos.

Pero a pesar de mostrarse amenazante y bravísimo en sus videos, gatillando al aire e impostando una imagen provocadora todo el tiempo, Peke tiene una sonrisa sincera, quizá alimentada por las buenas noticias respecto a la recepción de Sin Prontuario, pero de una cristalinidad difícil de discutir.

Desde su casa familiar se suma a la videollamada con Clarín y apenas aparece, echa por tierra la imagen creada alrededor de su personalidad expuesta públicamente; y da lugar a pensar en ese “prejuicio positivo” -básicamente la simpleza y la empatía charrúas- que se suele tener desde Buenos Aires respecto de los uruguayos.

Peke agradece sonoramente y se presta a la charla con la sencillez que, a priori y pensando mal, podría no representar al tipo que tiene tatuado “vida mala” en sus nudillos y llegó al podio mundial de YouTube hablando de armas, joda, culos gordos y la “fucking droga del momento”.

Pekeño 77 (Facundo Cedrés) tiene tatuado “mala vida” en sus nudillos, y sostiene que la vida es mala desde una perspectiva “filosófica”. /Fotos Gentileza Prensa-A. Ginesta / G. Iafigliola

-¿Seguís creyendo que la vida es mala?

-Considero que sí, en cierto punto. Porque, ponele, para que vos vivas tenés que matar otra cosa. Ya sea una vaca, una planta o algo; eso no lo determinó nadie, sino que la naturaleza lo hizo así. Es algo más filosófico, más como pensando más allá de la vida. Porque es algo que ya está predeterminado… Andá a saber, pero lo que yo sé es que si nacés, tenés que morirte, ¿entendés? La inseguridad a la hora de ver la muerte es lo que me lleva a decir que la vida es mala.

-Tus canciones te ayudaron a superar situaciones complicadas. ¿No creés que al exponerte tanto en tus letras, tus temas te pueden perjudicar, también?

-Sí, obviamente. Pero yo lo decidí así, y así es. Me la banco, pero te perjudican tanto a nivel de convivencia, con amigos, con familia… Y después, lo que es la calle también ¿no? Bien se sabe que acá está la rivalidad entre Peñarol y Nacional, y yo hice un video con la barra de Peñarol. Y por ahí se me cruza por la cabeza: “Pa, ¿no me querrá picar alguno de estos? ¿No me querrá mandar para allá?” Pero, ta. Yo me cuido en la calle, porque igual no tengo nada en contra de nadie. 

Y con la policía es lo mismo, porque muestro una realidad que a ellos no les gusta. Digo que “la policía esto, la policía aquello” porque fueron realidades que me tocó vivir, ¿me entendés? A mí me tocó estar en una comisaría queriendo hacer una denuncia por abuso policial, y que viniera el jefe, apartara a los empleados, trajera a los dos agentes que me habían pegado y me dijera: “¿Querés ver lo que es abuso policial?”  Y tuve que aflojar. Esas cosas te marcan la cabeza. Me tienen de punto. En Ciudad de la Costa ya saben quien soy yo: el chiquito.

-¿Cuánto de lo que se ve en tus vídeos es real en tu vida de todos los días?

-No suelo juntarme con esa gente. Son mis compañeros, pero no ando por esos lados. Yo hago música, ¿me entendés? O estoy en el estudio, en una reunión o, yo que sé, bobeando en Instagram. El día de ayer, capaz que me juntaba con ellos. Lo que te digo es que la realidad de ellos, sí es esa. Y es peor que eso. Eso es el trailer. La peli es brava.

Pekeño77, con Juan Campodónico, productor, DJ y músico integrante de Bajofondo, en el estudio de grabación, donde dice que pasa buena parte de su tiempo. /Foto Instagram Peke_77

-La palabra “puta” es bastante recurrente en tus temas. ¿Tuviste problemas con grupos feministas?

-No, porque creo que no es referido a ellas…. No utilizo la palabra con ganas de ofender a nadie. Es una palabra que todo el mundo sabe. Te peleás en la calle y decís “hijo de puta”. ¡Eso es algo común! Si me decís que no lo es, no sé dónde vivís. Está todo bien con los feministas, le doy para adelante, vamos arriba. Es como que te diga “yo qué sé”. Es algo que se te pega. No es que uno lo haga por gusto para ofender a cierta gente.

-Y luego está la vieja historia de que los raperos tienen que decir si en su música se hace apología del delito ¿Cómo explicarías eso?

-De muchas maneras: te puedo decir “esto es arte”, porque es arte. O te puedo decir que es apología del delito, porque lo es. Y también te puedo decir que si vos estás viendo mis videos también la hacés, porque los estás comentando. Si X persona mira mis videos y dice “¡ay amiga, qué feo el video este!”, está siendo tan participante como yo de ese hecho. Entonces ¿de qué me estás hablando?

-En la descripción de tu Instagram dice “Amor, Paz, Familia”

-Es lo que tengo tatuado acá, en la frente.

-Pero tus videos y tu disco son re intensos, ¿qué es la paz para vos?

-Para mí, la paz es esto: estar en mi casa con mi familia. Está mi padre ahí, mirando la tele; mi vieja está trabajando, ahora viene. Y cuando venga le doy un beso y un abrazo: “Mamita querida, te amo”. Eso es paz. Amor, paz y familia. Más nada que decir.

“Amor, paz y familia”; la trilogía que Peke se tatuó en la frente. /Fotos Gentileza Prensa-A. Ginesta / G. Iafigliola

-Tenés mucho público menor de edad, incluso pre adolescentes ¿Tu música puede servir un poco como escuela para el momento en que tengan que salir a la calle solos?

​-No, no, no, no. Para nada, para nada. Creo que estoy mostrando una realidad que debería saber todo chiquitín. Porque yo, en particular, prefiero mostrar y no ocultar. Y cada padre, si su hijo escucha esta música, debería decirle: “¿Viste ese? Bueno, ese es el ejemplo de que no tenés que ser”. Así. Porque eso te trae malas consecuencias. Lo cuento porque lo viví, pero no lo quiero vivir de nuevo. No. Cada vez menos.

-Te lo pregunto porque hay temas tuyos que me incomodaría escucharlos con mi hijo.

-¡Obviamente! Cómo a mí me daría cosa escucharlos con mi madre. Lo entiendo. Mucha gente me dice eso, pero ‘ta, yo no tengo hijos. No sé lo que se siente al ser padre, con lo cual no puedo hablar de ese tema. Lo que digo es que lo tomen como algo bueno para enseñar lo que no está bien. Es como cuando cometés un error. Vos podés decir que es un error o que es un aprendizaje. Es lo mismo.

-¿Reflexionás mucho sobre lo que te está pasando o vas al frente sin pensar?

-No… Reflexiono y reflexiono. Igual, no me cae la ficha todavía. Cuesta darse cuenta lo que uno puede hacer. Pero sí, re reflexiono. Es complicado asumirlo también. Yo hablaba con mi padre, y él me decía: ”¡¿CLARÍN?! ¿Estás loco?” ¿Me entendés? Y yo le decía: “Pa, ¡le pegué, capaz! Capaz que le pegué bien”. 

-¿Cómo te imaginás la vuelta a los escenarios?

-Estoy como loco por darle a la gente que me sigue lo que se merece, ahí. Cuando fui al Buenos Aires Trap, me recibieron de una manera impecable, increíble. La gente reaccionó re bien conmigo. Sin palabras. Con el público argentino, siempre la mejor.

-¿Sentís cierta responsabilidad de representar a Uruguay en otros lugares?

-S​í, tengo mi responsabilidad. Pero lo represento a mi manera. Tampoco tengo muchas barreras con el tema de los países. No del tipo “soy uruguayo a muerte”. El mundo es de todos y si hay más o menos para vivir… Como yo nací en esta generación de la internet y siempre tuve comunicación con personas de otros lados, es como que no lo veo tan patriota ¿viste? Pero sí, se puede decir que yo represento a Uruguay y que tengo las condiciones para hacerlo. Igual hay más uruguayos que también le meten bien. Como yo o más.

-De gurí, ¿Qué fue lo que te llamó la atención del rap?

-En esa época, cuando era más chico, el ritmo y ‘ta. Esas cosas ¿viste? Después, más de grande, por los 13, me compraron una computadora. Ahí empecé a indagar las letras en inglés, veía en los subtítulos lo que decían y cómo canalizaban ciertas emociones. Y casi todos son de barrios humildes. Tienen sus maneras; son quemantes. Porque no podemos decir que no lo son si salen con armas y todo. Pero así, quieras o no, cambiaron sus vidas, las de sus familias, qué sé yo.

El pequeño Pekeño 77 (Facundo Cedrés) en tiempos de colegio y cuando el rap apenas empezaba a ser un ritmo que le llamaba la atención. /Fotos Gentileza Prensa-Archivo Peke

Y de última, la están pegando, perro. Porque ponele que yo veo un video de Kodak Black, y tiene un tema con Bruno Mars. Y es re loco, porque decís: “¿Cómo esa plaga va a tener un video con Bruno Mars?” ¿Y cómo esta plaga va a tener un video con Rubén Rada? ¿Me entendés? Y porque ‘ta, porque uno se abrió de ser plaga. Ya no es más plaga.

-¿Qué fantasías tenés?

-Y… Están, están lindas las fantasías que tengo. Viajar para Miami, y hacer cosas ahí con la gente. Ya estuve hablando y todo. Seguir haciendo música, seguir trabajando y mantener la carrera. Que no baje. Mantenerla. Y subirla también. Darle para arriba. Siempre con respeto y humildad, pero pa’ arriba.

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E.S.

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