Qué es el “ghosting” y por qué hay que evitar a quiénes lo practican



Muchas personas expresan que, en reiteradas ocasiones, les sucedió que conocieron a alguien y, de repente, esa persona desapareció. Nunca más escribió, nunca más llamó; por lo general, sigue online, pero no responde. En algunos casos, incluso, bloquea al otro. Silencio total.

Es común que uno de los integrantes de una pareja que llevaba algún tiempo juntos comente: “Me dejó de un día para el otro”. En realidad, siempre antes de una separación física, existe una separación emocional. El vínculo ya se venía quebrando y había una distancia emocional, puesto que podemos estar a un metro físico del otro, pero a miles de kilómetros de distancia afectiva. Uno miraba hacia un lado y el otro, hacia el lado contrario. Y, cuando se dieron cuenta, el vínculo ya se había roto.

Ahora bien, el ghosting posee otras características. La persona desaparece sin dar señales de vida. Podemos pensar en una primera variable y es que la persona es evitativa. Como consecuencia, siente miedo y no afronta expresarle al otro, con valor: “Llegamos hasta acá”. También podemos pensar en otra variable: cuando una persona reitera esta forma de vincularse con el otro (dejarlo repentinamente) es porque es alguien pasivo-agresivo. Son aquellos que expresan una cosa, pero sienten otra. Dicen que sí; sin embargo, internamente, quieren decir que no.

Entonces, acumulan mucha bronca en su interior. Por lo general, hablan despacio, pero son capaces de desarmar al otro con las palabras; o acostumbran castigar al otro con el silencio. ¿Qué es lo que quiere lograr el pasivo-agresivo con su silencio castigador, con ese golpe, con esa ausencia dolorosa?

Se trata de un golpe emocional porque aquel que es abandonado no entiende por qué no le responde, no comprende el silencio del otro, y comienza a pensar y a torturarse: “¿Por qué me dejó? ¿Qué le habré hecho?”. Es allí donde el pasivo-agresivo logró su objetivo.

Que su ausencia grite en el oído y provoque lo que llamamos en psicología “el sol negro”. Este se produce cuando una persona, mediante un acto agresivo, espera que el otro esté 24/7 pensando y preguntándose el porqué, cómo y hasta cuándo de su ausencia. Es decir, está ausente pero presente, a través del acto simbólico o de la violencia verbal.

Cuando dicha conducta se repite, nos encontramos frente a una persona pasivo-agresiva. Alguien que cosifica los vínculos, para quien los demás no significan nada. Por eso, inicia una relación y desaparece sin brindar ningún detalle o explicación. Distintos son los dos primeros casos de aquellos que desaparecen por miedo o por manifestar una conducta evitativa.

¿Qué deberíamos hacer frente a la angustia que nos genera el abandono de una persona pasivo-agresiva?

Celebrar. Todos nos merecemos estar con seres humanos que añadan valor a nuestra vida, no con aquellos que nos lastiman. De modo que, si conocés a alguien con estas características, recordá que su única meta es causar que te enfades para dejar en claro que él o ella es superior a vos (en el fondo, se siente inferior). No caigas en sus redes porque eso solo perpetuará su accionar y te mantendrá en esclavitud emocional.

Aunque parezca alguien que rebosa de paz y tranquilidad, es una persona abusiva que solo viene a dañarte. ¡No lo permitas!



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