¿Qué diría Badía sobre el incomprensible documental de los Beatles?

Ringo tiene sueño. Leímos de todo sobre este documental Get Back, pero nada se dijo aún sobre los trastornos del sueño de Ringo Starr. ¿Depresión, ansiedad, estrés, aburrimiento?

Get Back nos enseña, entre otras cosas, cómo era ser indumentariamente jóvenes. Dice que Los Beatles podían vestirse de hippies, pero que a la hora de ponerse a trabajar eran workaholicos mal. Paul McCartney y John Lennon –en ese orden- podían parecerse a Riquelme y Palermo: fuera de la cancha, cuchillo entre los dientes. Siendo Beatles, un equipo con sed de gloria permanente.

El grupo debió pasar a la historia, según la peli, como Paul McCartney & The Beatlecitos. Un liderazgo innegable que no genera sorpresas -por lo que se ve- al margen de alguna módica rispidez digna de lo más civilizado de la condición humana. “Así es como quería recordar la separación de Los Beatles”, dijo Paul en medio de la promoción de Get Back.

Si se contrastara este espíritu festivo con el testimonio que dejaron los cuatro en aquel libro llamado The Beatles Anthology, la ecuación resulta hasta inversamente proporcional. En el libraco se acredita la teoría de que estaba realmente todo mal.

The Beatles, en el estudio, en el documental Get Back. Foto Disney

The Beatles, en el estudio, en el documental Get Back. Foto Disney

Un reality beatle

Un Gran Hermano de lujo con la cámara puesta estilo cinema verité: todo el tiempo encima de uno hasta lograr el efecto contrario al de sentirse super enfocado. Esa clase de desnudez que infunde una sensación de excitante libertad.

Los Beatles fuman Kent y Dunhill y la gente de Disney + lo aclara antes de empezar la función, como algo que se les escapó y resulta pernicioso para el público infantil que por esa misma señal normalmente ve a Pluto y al Pato Donald.

Que la docuserie de siete largas horas se pueda ver en esta plataforma es toda una declaración de principios: medio siglo después, cuando sus nombres propios se empiezan a mezclar con los de Mozart o Beethoven, Los Beatles se consolidan en la eternidad como auténtico producto de pantalla blanca. De ahora en más, el rock es un espectáculo apto para todo público.

Paul MCartney de traje y John Lennon con sus Flecha  todas roñosas.

Paul MCartney de traje y John Lennon con sus Flecha todas roñosas.

Yoko Ono molestaba. Si su inaudita presencia inmutable y florera es fastidiosa para nosotros, imaginamos lo que debe haber sentido Paul.

Encima, la Yoko va agarrando confianza y empieza con sus grititos de mandril herido, que finalmente quedarían inmortalizados en la grabación. Y Paul, celoso del cuadro familiar, luego lleva a su esposa Linda y a una de las nenas, las sienta a las dos sobre sus piernas y pide que se lo enfoque en un momento Ingalls de rock, familia y propiedad.

Juego de aliados

Ringo tiene sueño porque esa es la manera que eligió de evadirse de la realidad. El documental curado por Peter Jackson deja ver que Ringo es aliado de Paul, así que él enmudece y duerme mientras el cabecilla trata de hacer lo que haga falta para que Los Beatles continúen existiendo.

John y George estaban en otra cosa. Harrison, envenenado porque no le dejaban lugar a sus canciones, dice que quiere cortarse solo con un disco propio. Y Lennon -en cuarteles de invierno- se muestra vulnerable a la cooptación de su mujer, dejando librada su proverbial rebeldía a un puñado de llegadas tarde.

John y Yoko, de espaldas, escuchando a Paul McCartney. Foto Disney

John y Yoko, de espaldas, escuchando a Paul McCartney. Foto Disney

La relación de John y Yoko era la caricatura de una pareja adolescente que no se puede despegar ni un segundo. Un estado de enamoramiento zonzo que seguramente seguía su curso casero con ella llenándole la cabeza: “¡¿Cómo vas a dejar que ese mequetrefe de Paul luzca un saco nuevo en cada sesión, mientras vos siempre aparecés con esas Flecha todas roñosas…?!”

Si pudiéramos explicarle a Badía de qué trata todo esto, diríamos que los Beatles ensayan, ensayan y ensayan hasta que uno de los actores de reparto, un tal George Harrison, hace un berrinche y se va de la banda no sin antes contárselo a su diario íntimo: “He dejado a los Beatles”.

El director original de la audiencia fue Michael Lindsay-Hogg. El muchacho -¿hijo no reconocido de Orson Welles?- venía de trabajar en un proyecto similar con los Rolling Stones. Los Beatles, en esa época, querían imitar algunas conductas de los Stones. Nada serio, nada artístico ni musical. Le envidiaban un manager, un productor, un abogado y cosas relacionadas a ciertos dividendos económicos.

Lindsay-Hogg –no Peter Jackson- la tuvo clara. Vio lo que no había visto nadie o casi nadie y lo hizo púbico en Let It Be, película documental de 1970 que de movida se iba a llamar Get Back. A la manera de Intrusos, el documental aquel anticipaba la separación.

Peter Jackson, en cambio, es un “revisionista bueno”, que nos trae las alegres horas de vuelo que el pérfido Michael Lindsay-Hogg dejó afuera cuando elaboró su tesis sobre la disolución de la mejor banda del mundo.

Peter Jackson, realizador que pasará a la historia como "el revisionista bueno".

Peter Jackson, realizador que pasará a la historia como “el revisionista bueno”.

Más de medio siglo después, el director de El Señor de los Anillos viene a comentarnos que Paul, John, George y Ringo se llevaban fenómeno y que las separaciones son una de las mejores cosas que puede pasarle a la gente.

Un lugar al que es posible llegar de un modo sumamente refinado y feliz. Te podés separar por deporte, sin razón alguna o como dijo Luis Alberto Spinetta cuando distanció a Almendra: “No nos dividimos, nos multiplicamos”.

Quizás Badía tampoco entendería del todo qué nos quieren decir con este documental (si es que algo quieren decirnos).

Aún con el diario del lunes a cuestas –la indudable separación definitiva-, Jackson elige mostrarnos hasta la extenuación que, aún peleados, Paul y John son invencibles lords ingleses bebiendo su five o’clock tea o enseñando modos ilustrados acerca del disenso y la importancia de la comunicación dentro de una empresa.

Ni un porro y venían de grabar un disco enteramente gestionado bajo el efecto del LSD

La idea de Gran Hermano nació en 1997. Esto ocurrió casi 20 años antes. La aclaración viene a que Paul creía que los finales eran más importantes que los trayectos y por eso decide cerrar la filmación con el mítico recital de la terraza, un epílogo de vanguardia donde ellos actuarían por encima del público, esto dicho en un sentido menos metafórico que literal.

Mal Evans, cadete de lujo, uno de los hermosos perdedores que muestra el documental, grandote él, guardaespaldas en los años locos de The Cavern, le dice a Paul: “Llegó John” y Paul -sin despertar a Ringo- va a su encuentro para limar asperezas sobre el affaire George “Desaparecido en acción” Harrison.

Las decisiones de la banda las toma Paul con el consentimiento de… Paul. Ringo lo sigue con lagañas y ojos verdes hinchados. Aquí entendemos que un baterista, con todos esos chirimbolos por delante, queda inevitablemente del otro lado del mostrador.

Los Beatles en Get Back.

Los Beatles en Get Back.

Párrafo aparte, para George Martin que, lejos de ser el Quinto Beatle, está más pintado que un Van Gogh. 

Y habría que citar el nombre del policía que debe seguir repitiendo en los pubs londinenses eso de“Yo soy el que les hizo bajar el volumen a Los Beatles por ruidos molestos”.

Volviendo al rubro Benito Fernández, descubrimos que los primeros que escandalizaron con los tapados de piel no fueron Maradona ni María Julia en la tapa de Noticias, sino los Beatles.

Queda claro en el docu que la Beatlemania quedó atrás. Subidos a la terraza, en pleno show después de años sin actuar en vivo, la histeria es algo que pasó de moda y los gritos de fan de Wanda Nara mutan por cálida indiferencia en la figura de dos jovencitas que, sin la menor emoción, y mientras levantan la cabeza buscando respuestas, declaran a cámara: “Ah, sí, me parecen que son Los Beatles…”

¿Qué pasó entre la grabación de Let It Be y la separación del grupo? Ese es el documental que deberíamos ver. How Do You Sleep? (¿Cómo hacés para dormir?) es una canción de John Lennon incluida poco después en el álbum Imagine, de 1971.

En el video, donde también aparece George, Lennon denuncia que Paul está “muerto”, que vive entre canallas, que se cree el “rey” y que su música le resulta sinceramente soporífera. “Lo único que hiciste en tu vida fue Yesterday”. Tre-men-do.

¿Por qué se separaron si todo estaba tan bien Peter Jackson?

WD

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