“Puma” Goity y Jorge Suárez: “Nos toca hacer humor y es difícil, el nivel de contradicción de los noticieros ya es mucha competencia”



El “Puma” Goity y Jorge Suárez estrenan este martes Lo escucho, en el Metropolitan. “Estamos ante un nuevo género de ficción nacional, nacido al calor de la pandemia”, sostienen los actores Crédito: Santiago Cichero/AFV

A fines de marzo estaban a punto de estrenar la comedia francesa Lo escucho, en el teatro Metropolitan Sura cuando la pandemia desbarató la temporada teatral (y la vida de todos, claro). Ahora, nueve meses después, Gabriel “El Puma” Goity y Jorge Suárez se preparan para probar suerte otra vez, en el mismo escenario y con el elenco original (que incluye a Julieta Vallina, Daniela Pal y Ricardo Cerone), a partir del martes 6 de enero. La obra, dirigida por el experimentado Carlos Olivieri, fue escrita por el cantautor francés Bénabar y el actor chileno Héctor Cabello Reyes, y es precedida por un enorme éxito en París.

Aunque por cuestiones de protocolo sólo podrán trabajar para un treinta por ciento de la capacidad de la sala, los actores (que ya conocieron el éxito en las dos ocasiones en las que compartieron rubro, en 2006 y 2007, con las obras El método Grönholm y Gorda), se tienen fe porque por un lado “la venta anticipada es muy buena” y, por otro, “sabemos que daremos todo y más para que la gente se divierta de principio a final y pueda volver contenta a la casa después de un año tan duro”.

-¿Cómo han sobrellevado el confinamiento y los pasos siguientes de la pandemia de coronavirus?

Jorge Suárez: -Por suerte ninguno de los dos nos enfermamos, nos cuidamos mucho y tratamos de hacer siempre lo correcto, por cada uno de nosotros y por los demás. Pero, por lo visto, eso no siempre alcanza. Porque hay gente que cumple con todos los protocolos y sin embargo se enferma. Yo tengo hijos jóvenes, de 27 y 19 años, que entiendo se encuentran con sus amigos. Al más grande, que ya está independizado, le digo: antes de venir a casa, por una semana fijate de no sentir nada raro. Y a la chiquita, que todavía vive con nosotros, la tengo bien cortita. Si sale con alguien quiero saber de quién se trata y si conozco a su familia. En casa estamos todos muy pendientes de lo que hace cada uno.

Gabriel Goity: -Al principio fue difícil adaptarnos a este shock, sobre todo porque estábamos a cuatro días de estrenar la obra. Pero luego, en lo que refiere estrictamente a lo que pedía la cuarentena, no me fue complicado porque yo soy bastante aislado, así que no sentí ninguna incomodidad más allá de las circunstancias generales. Sé que no es muy políticamente correcto decir algo así, pero a mí el aislamiento me encanta, me parece maravilloso. Por eso nunca lo sufrí. De todos modos, aproveché para estar más con mis hijos, que tienen 14 y 20 años. Durante años hice teatro y por eso nunca pude estar por las noches con ellos, a la hora de la sopa. Ahora yo vivo solo y ellos con la madre, pero hemos pasado mucho tiempo juntos durante todos estos meses y me alegro de ello. También ocupé el tiempo en leer y en hacer actividad física.

“Pasar por la vida y haber hecho teatro es como tocar el cielo con las manos”, señala Jorge Suárez, quien conoció a Gabriel Goity hace 40 años, en el primer día de clases en el Conservatorio Nacional de Arte Dramático Crédito: Santiago Cichero/AFV

-¿Y la falta de trabajo y de ingresos?

Suárez: -Para ser sinceros fue más fuerte el golpe de la prohibición de trabajar que la falta de trabajo en sí. Gaby y yo trabajamos hace 40 años y por eso podemos estar agradecidos de no vivir al día. Pero tenemos un 98 por ciento de compañeros que sí viven al día y eso es muy doloroso para nosotros, porque los vemos, son amigos y compañeros de toda la vida. Así que por un lado estuvimos tranquilos porque sabíamos que íbamos a poder pagar nuestras obligaciones, pero por otro lado veíamos alrededor nuestro un mundo que se empezaba a deshacer. Y eso nos provocó mucho dolor. Por suerte tanto Sagai como el sindicato de actores y el movimiento Artistas Solidarios se han ocupado de ayudar lo máximo posible. Hay que recordar que, pese a que ahora el circuito comercial se pone otra vez en marcha, el independiente continúa completamente paralizado.

Goity: -Siempre supe que esta profesión era difícil y por eso tomé recaudos al respecto. No hace falta que venga una pandemia a decirme que la profesión de actor es muy difícil. Sólo pensá en esto: ¿y si yo me quiebro, quién me reemplaza en el teatro, mi abuela? No, por eso tomé mis recaudos y llevé una vida austera. Trabajé lo máximo posible y por eso puedo darme el lujo de estar un año “parado”. De ahí que no caí en la desesperación.

-El humor suele ser un bálsamo necesario en los tiempos difíciles. ¿Cuán importante ha sido para ustedes en el 2020?

Suárez: -Bueno, hay muchos mitos respecto a los cómicos y el humor, se dice que en el fondo son trágicos y que en la casa son dramáticos, miserables y asquerosos. Y yo no estoy muy de acuerdo con eso. Yo soy una persona que tiene un humor bastante equilibrado, aunque con los más cercanos (es decir con las personas con las que uno tiene más confianza) éste pueda virar en ocasiones hacia el mal humor, el de pocas pulgas. Pero debo confesar que a la gente el humor le hace bien, por eso viene a ver comedias al teatro. El humor es sanador. El humor hace funcionar algo en el cuerpo que hace bien, está comprobado, como correr. Por eso me gusta mucho hacer reír. Y en la pandemia creo que, pese a todo, hubieron momentos de mucha risa, de mucha alegría. Pero también de mucha tristeza.

-Si el humor es tan sanador, ¿por qué los humoristas, los cómicos y los comediantes no son considerados hoy trabajadores esenciales?

Suárez: -Eso habría que preguntárselo al Congreso de la Nación. Pero yo creo que en la Argentina la cultura en general no está tomada como algo esencial. Ese es el problema más profundo.

-¿Se puede hacer humor con cualquier tema, incluida la pandemia? ¿De qué manera o con qué límites?

Suárez: -Límites hay siempre, pero sí, se puede hacer humor con todo. En torno a la pandemia también.

Goity: -Lo que pasa es que Argentina es tan absurda. Si lográs hacer un distanciamiento te matás de risa, es todo tan poco serio. Y ahora en pandemia mucho más. Lo que nos salva es el humor, el que le ponemos para no atragantarnos. Si vos sos finlandés este es un país maravilloso, porque vivirás descostillándote de la risa. Fijate: poné un noticiero argentino y escuchá lo que dicen todos los dirigentes, ¡es propio de un país surrealista! O los informativos que, tan marcadamente, de un lado y del otro, un día te dicen “la vacuna sí” y al otro, “la vacuna no”; o “están llegando siete millones de dosis” y al rato, “no, vienen sólo cuatro”, o “esto es blanco y queda establecido que así será para siempre” y segundos después, “no, no, no y no, esto es definitivamente negro”. Esto ya supera a cualquier película de Tarantino, al punto que no me animo a decir que lo que sucede es grotesco. Sin dudas estamos ante un nuevo género de ficción nacional, nacido al calor de la pandemia. Nosotros podemos padecerlo, pero para los extranjeros esto es genial, no se aburren nunca. Lo que sucede hoy en la Argentina es desopilante. En este contexto nos toca hacer humor, lo cual es difícil porque el nivel de contradicción de los noticieros ya es mucha competencia.

Lo escucho vuelve a llevar el psicoanálisis a la calle Corrientes Crédito: Santiago Cichero/AFV

-Hablemos de Lo escucho. ¿Cuál es el argumento y qué personaje interpreta cada uno?

Suárez: -La comedia se centra en un psicólogo, que interpreto yo, que recibe la visita de un nuevo paciente, que encierra un secreto: es la ex pareja de una paciente suya de años.

Goity: -Y este supuesto nuevo paciente, que vendría a ser yo, está convencido de que el psicólogo indujo a su mujer a dejarlo. Y ahí empieza a amenazarlo y extorsionarlo, con algo que no podemos develar, para que haga todo lo necesario para que su ex regrese a su lado.

-¿Debieron adaptar mucho la obra o los personajes podrían pasar por argentinos?

Goity: -Si bien la obra es francesa, los personajes que interpretamos con Jorge son bien argentinos, justamente por lo que hablábamos antes: lo que acaban de decir lo contradicen a los dos bocadillos y lo hacen con una severidad incuestionable. Por ejemplo, uno le puede decir al otro: “Usted es un delincuente” y, al toque: “Sin usted no puedo vivir”. Y ambas cosas las dice sin ninguna duda. El resto de los personajes son más naturalistas, pero los nuestros son como dos chicos, que se aman y odian intermitentemente.

Suárez: -Por un lado hay algo de argentinidad en la obra y por otro nosotros sin querer o queriendo llevamos el argumento a un lado más local. Porque no nos olvidemos que hay mucha terapia en Buenos Aires, muchos psicólogos y analizados. Por eso pienso que este proceder podría ser bastante común aquí. Me refiero a que un señor ingrese al consultorio de un psicólogo con un móvil oculto. Habría que hacer una encuesta.

-¿A qué público está dirigida Lo escucho, a un público general o a uno más bien psicoanalizado?

Goity: -No, esta obra es netamente popular. Popular en el sentido de que la puede ver cualquiera, pero no es una comedia vulgar.

-Esta es la tercera vez que trabajan juntos en teatro. ¿Es casualidad o se eligieron?

Suárez: -El productor Pablo Kompel nos eligió. Y nos encantó la propuesta. Nosotros hacía diez años que no trabajábamos juntos. La última vez fue durante cinco años sin parar, con Gorda y El método Grönholm. Tanto tiempo juntos genera complicidad y eso se percibe en el escenario. Como nos conocemos mucho y nos tenemos confianza, nos podemos reír y burlar del otro. Sabemos lo que le gusta al otro y lo que no. Entonces hay algo de familiaridad arriba del escenario que hizo que ahora nosotros pudiéramos retomar como si nada la obra que estábamos a punto de estrenar en marzo, y volver a crear sobre lo ya creado. Fue muy divertido este nuevo proceso, ojalá que a la gente le pase lo mismo que nos sucedió a nosotros ensayando.

“Hacía diez años que no trabajábamos juntos. La última vez fue durante cinco años sin parar, con Gorda y El método Grönholm”, cuenta Jorge Suárez Crédito: Santiago Cichero/AFV

-¿Cuál es el secreto del binomio?

Goity: -La confianza absoluta. Me gusta estar con él en el escenario y lo admiro. El teatro es mucha convivencia, entonces es necesario estar con gente de confianza, que incluso te banca tus rayes.

Suárez: -Aunque a uno le guste estar mucho arriba de un escenario, no es nada fácil. Si uno está en confianza es todo mejor, y yo estoy en confianza junto a él, estoy en casa. Cuando te sucede algo así con un amigo es como “ya está, trae la picada, vamos a divertirnos y a pasarla bien”.

-Vos, Jorge, ya habías interpretado en teatro a un psicólogo, al padre de todos, a Sigmund Freud. ¿Qué diferencias encontrás entre ambos profesionales? ¿El de Lo escucho también es ortodoxo?

Suárez: -¡No! Este no es tan buen psicólogo, y es muy raro. Sigmund Freud marcó un antes y un después en la historia de la Humanidad. Y este es un hombre que. cómo decirlo: no tiene muchos valores. Es un pobre hombre. En principio trabaja en la casa de una tía. Y no quiere que le digan psicólogo, se jacta de ser un médico psiquiatra. Se habrá recibido con cuatro, no creo que con más. Ya vas a ver.

-Vos, Gabriel, luego de varios personajes cómicos al hilo, tuviste el año pasado la oportunidad de interpretar un rol muy desagradable, que no permitía la identificación ni la empatía por parte del público, y que seguramente muchos actores rechazarían. Me refiero al abusador de niños del film La chancha. ¿Fue el mayor riesgo de tu carrera?

Goity: -No, para nada. A mí me resulta muy difícil la comedia, por eso riesgoso es lo que voy a hacer acá, en Lo escucho. Y si es cierto lo que vos suponés, yo no puedo creer que un actor rechace un personaje así. Yo hago personajes, no hago de mí. El personaje no soy yo. Y me pareció que participar en una película que esencialmente nos muestra algo que no es habitual en el cine argentino, y me estoy refiriendo concretamente a la violación de un niño por parte de un adulto cercano, era fundamental, sin importar el rol que me tocara. Yo quería estar en esa película. Porque hay miles y miles de víctimas de abuso infantil en la Argentina y sin embargo no se habla del tema. Aunque a algunos les cueste creerlo, a mí me encanta interpretar este tipo de personajes, son con los que más me siento cómodo. Y me siento menos cómodo, y juro que no estoy mintiendo, haciendo comedia; porque me sigue resultando muy difícil hacer reír a la gente en un país donde todos son cómicos o simulan serlo.

“Amo a la comedia y agradezco que me convoquen para hacerla, pero no es parte de mi zona de confort como muchos suponen o comentan desde el prurito. El confort lo tengo en mi casa”, dispara Gabriel Goity Crédito: Santiago Cichero/AFV

-¿Tu personalidad profunda se acerca más al drama?

Goity: -Sí, absolutamente. Amo a la comedia y agradezco que me convoquen para hacerla, pero no es parte de mi zona de confort como muchos suponen o comentan desde el prurito. El confort lo tengo en mi casa. Me encanta que piensen que cuando hago comedia estoy en mi salsa, que parezca eso, y hasta yo me sorprendo a veces, pero me siento más cómodo haciendo personajes dramáticos y perversos.

-¿Te gustaría a partir de ahora alternar entre personajes cómicos y dramáticos?

Goity: -No, yo no me quejo de nada. Agarro lo que me ofrecen. No soy de los actores que dicen: “no, que no me consideren cómico, yo quiero hacer drama”. Siempre odié esas posturas imbéciles de los actores, porque creen que si hacen drama son serios y si hacen comicidad son poca cosa. Me chupan un h. todos, a mí me encanta actuar. Me llaman para hacer comedias y agarro cinco mil comedias, no tengo ningún problema. Y si me llaman para hacer drama, lo hago también. Lo que sé ahora es que me resulta más cómodo, más allá de los resultados, hacer drama. Nada más. Porque la comedia necesita de la credibilidad y de un plus de energía más alto, y de mucha atención y del complot con tus compañeros, mucho más que en el drama. Además, en la comedia el actor está muy presionado, tiene que hacer reír sí o sí. En el drama, en cambio, si al público no le provocás nada, te podés justificar diciendo que no entendió la obra.

-¿Qué expectativas tienen, para la temporada de verano? Los actores volverán a subir a los escenarios. El público, ¿se animará a regresar a los teatros?

Suárez: -A mí me provoca mucha ternura pensar que los actores tratamos de sobrevivir como sea, y no me refiero exclusivamente a lo económico, sino a poder ser lo que nos constituye: que es actuar, estar arriba de un escenario, enfrentarnos a un texto y a una platea. Los actores necesitamos de esto. Por eso ojalá que nos vaya bien a todos y que la gente pueda ir a los espectáculos, que pueda acceder económicamente. Yo creo que va a haber un buen enero y un buen febrero para nosotros. Habrá mucha gente en Buenos Aires y en las cercanías, que no se fue de vacaciones y alquiló una casa en Martínez, en Nordelta, en Pilar, y por ahí un día les parece bueno ir al teatro, venir a la ciudad con menos gente. De todos modos, para los que no puedan acercarse, tendremos dos funciones por streaming al mes.

Gabriel “Puma” Goity y Jorge Suárez estrenan este martes Lo escucho, en el Metropolitan Crédito: Santiago Cichero/AFV

-Ambos surgieron del teatro independiente y hoy son figuras en el circuito comercial. Este año cumplen 40 años de profesión. ¿Qué balance hacen de sus carreras?

Goity: -Yo estoy muy feliz. Soy exactamente lo que quería ser: actor. Estoy muy agradecido a la profesión. Yo ya me sentí realizado el día que ingresé a la escuela de teatro, el resto fue yapa. Nunca me propuse llegar a la avenida Corrientes, nunca esperé nada de la profesión, sólo actuar. Yo con actuar estaba feliz, y así me sigue sucediendo hoy en día. Mi ambición era tener un trabajito de día y poder actuar por las noches. Y la cumplí. Luego, evidentemente, la profesión me dio mucho más.

Suárez: -Nosotros nos conocimos en el Conservatorio Nacional de Arte Dramático, en el primer día de clases, hace ya cuatro décadas. Yo soy muy exagerado y expresivo, por eso siempre digo que el teatro me salvó la vida. Ojo, yo tuve una vida hermosa antes del Conservatorio, con unos papás amorosos y una niñez y una adolescencia en Villa Crespo encantadoras, llena de amigos y de juegos. Pero nunca imaginé algo tan hermoso para mi vida. Yo quería ser médico o licenciado en Ciencias Políticas. Pero el teatro me colocó en un lugar casi de inmortalidad. Pasar por la vida y haber hecho teatro es como tocar el cielo con las manos.

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