Prix D’Ami, el boliche de rock que ahora es un supermercado chino



Cosas que conociste y ya no existen más: Italpark , Tower Records, Dunkin’ Donuts, Blockbuster, Pizza Hut, Prix D’Ami.

En agosto de 1988, Iggy Pop presentó Instinct en el Estadio Obras: chaleco atigrado y en cuero, Iggy se bajó los pantalones, se rasgó la piel con una púa, escupió, revoleó el micrófono, dijo miles de veces “fuck” e imploró “Kiss my blood!” a quien tuviese delante.

De puño y letra lo cuenta Fernando Samalea, uno de los bateristas –y bandoneonistas- más distintivos de nuestro rock, sobreviviente y prodigio de memoria funesiana. “Luego, los productores llevaron a la troupe a Prix D’Ami, en Ciudad de la Paz. ¡Garantía de ambientazo! Iggy se acodó junto a su novia en la barra -la famosa China Girl-, cuando el escenario lo ocupaban Gabi Carámbula, Pedro Aznar y Aníbal García, el canoso batero de Alphonso S’Entrega. Tipo seis y media (AM) subieron los guitarristas Andy Mc Coy y Seamus Beaghen y el bajista Alvin Gibbs. Charly dio otro salto con su guitarra y yo me senté ante los parches, además de agitar una botella de champagne. Sonaron canciones de The Clash y los Stones, mientras el público se apretaba más y más y no se podía respirar del calor…”

Debate en redes: ¿Dónde quedaban los distintos Prix D’Ami? ¿Cuál fue el primero? ¿Hubo dos, hubo tres? ¿Cuál terminó siendo Dr. Jekyll? ¿Era Ciudad de la Paz 2361 o 2368? Juanchi Baleirón, de Los Pericos, pondrá las cosas en su lugar: “El primer Prix D’Ami, donde toque varias veces, estaba en Arcos casi Monroe. Después vino el de Ciudad de la Paz y después, y por último, el de Monroe”.

Un afiche de la presentación de Iggy Pop, en Prix D’Ami.

Ir a “Prix” era resultado de un plebiscito instintivo y natural de cada fin de semana. En los ‘80, y comienzos de los ‘90, su nombre de dilataba como un globo aerostático en las revistas y suplementos de rock de los diarios. Imposible no tenerlo en el radar y dejarse seducir por su sola existencia.

“En 1993, cuando Prix D’Ami cumplió ocho años, El Chulo y El Gallego –los dueños de entonces- organizaron una gran fiesta con Iggy Pop para presentar American Caesar en un show espectacular”, sigue Samalea. “¡Lo metieron por el taller mecánico de al lado! También hubo jams con Los Ratones Paranoicos, Los Visitantes, Babasónicos, Martes Menta, Los intocables, Casanovas, Los Chanchos y La Portuaria, así como espectáculos de El Descueve y De La Guarda”.

En 1994 llegó King Crimson a la Argentina. Hubo un ciclo inolvidable en el Prix D’Ami de Monroe, el último de los tres. “Fripp mostró su doble trío con Adrian Belew, Pat Mastelotto, Trey Gunn, Bill Bruford y Tony Levin. Jamás olvidaré mis breves charlas post-show con Bruford y Levin en la planta alta, y la evidente alegría de ellos de estar aquí. Prix D’Ami quedará siempre a la altura de su reputación aunque, signo de los tiempos, terminara como supermercado chino”.

Daniel Morano llegó antes a casi todo. Últimamente estuvo al frente de la producción de Peter Capusotto y sus videos y creó la radio BitBox (FM 93.3). Supo ser también el cerebro por detrás de El Tren fantasma, mítico programa que condujo Omar Cerasuolo. Además lideró Alphonso S’Entrega. ¿Vos creías que el reggae nacional había empezado con Los Pericos y el ska, con los Fabulosos Cadillacs? Escuchá Alphonso y enterate que, en apenas dos discos de mediados de los ‘80, Morano estampó el timbre de voz desganado que después caracterizó la molicie profesional de Vicentico.

Morano también tuvo que ver con esa inesperada catedral del rock que fue Prix D’Ami. “El primero era chiquito, no entraban más de cien personas. Su dueño original era el Gallego Claudio Barreiro. Al Gaita le gustaba mucho Alphonso y nosotros hacíamos de locales en ese reducto”. Ya con el segundo Prix, el de Ciudad de la Paz 2364, Morano se transformó en socio del Gallego.

Noche de zapada Fernando Samalea en la batería y Charly cantando en el pub Prix D’Ami, en 1993.

El escritor Sergio Fombona recuerda que aquel primer Prix, el de la calle Arcos, en el barrio porteño de Belgrano, era un caserón viejísimo, “con entrada de puerta cancel y zaguán”. Un espeso paraíso “empotrado” en plena vereda permitía cobijarte de la lluvia, contaban las crónicas de la época. “Tenía un ventanal a la calle cercado por un balcón de hierro. En verano dejaban abiertas las dos hojas vidriadas y desde afuera se podía apreciar bastante bien a la banda de turno”.

Samalea lo conoció el 7 de septiembre de 1985, probando sonido para actuar con Clap (grupo de Diego Frenkel). “Era un típico pub de escenario diminuto, como alternativa a Látex, Stud Free Pub, La Esquina del Sol, Entreacto, Zero o Rainbow”.

-¿Qué onda El Gallego?

-El Gallego era simpático y no parecía tener el ADN de la deshonestidad. Jamás perdió su don para quejarse, pero supo armar un gran ambiente. Lo apreciábamos. En sus distintas sedes, pasaron desde Los Ratones Paranoicos a una reunión inesperada de Serú Girán. García, obviamente, era el alma mater en toda zapada o rejunte de músicos que ocuparan esos escenarios.

El 7 de abril de 1988, cerrado el de Arcos, reabre Prix sobre Ciudad de la Paz. “Con el Zorrito lo frecuentábamos tanto –continúa Samalea-, que el dibujante Pablo Páez hizo caricaturas nuestras sobre una pared. Los televisores de la barra emitían conciertos de Prince, U2, Madonna o Peter Gabriel en VHS, y las jams fueron inolvidables, así como los looks de sus habitués: chicas y chicos a la moda, habladores seriales de toda índole. Aparecían Carámbula, Pipo Cipolatti, Rinaldo Rafanelli, Morano, Fito, la Cantilo, Moris, Iggy Pop o cuanta visita internacional se acercase a Buenos Aires. La vestuarista Sonia Lifchitz vivía al lado, y su departamento se transformó involuntariamente en la previa o el after para todos…”

fernando Samalea, el Zorrito Fabian Quintiero y Fito Páez, en Prix D´Ami Foto Laura Casarino

Postales: Los Rodríguez sacaron Sin Documentos y la presentación del disco se hizo en Prix. Prix D’Ami es el nombre de una grabación pirata de Charly que se repartió en la reinauguración del último local.

El 30 de septiembre de 1992, la movida se trasladó a Monroe en su versión “menemista uno a uno”, nos explica el batero, también autor de Nunca es demasiado, su tercer libro. Samalea, como Rosario, siempre estuvo cerca. “El siguiente local fue a todo culo. Eran los ’90, cuerpos flotando en el aire pero los pies bien apoyados sobre esta Tierra globalizada”, escribió en uno de sus libros. “En el espacio de esa paradoja se ubicaba el actual estado de situación de De La Guarda. Pasaron sólo algunos años desde aquellas primeras experiencias en Prix D’Ami hasta este presente con compañías desdobladas realizando largas temporadas en Londres y Nueva York”.

Esa noche (re)inaugural de septiembre de 1992 tocaba Hair ’92, un combo hippie-psicodélico con Miguel Zavaleta, Hilda Lizarazu, Fabi Cantilo, Fernando Lupano, el Zorrito, Tito Losavio y Gringui Herrera. Prix ya contaba con escenario móvil y una infraestructura para shows grandes. El precio de “amigo” que ostentaba su apelativo se había perdido. Allí pudimos escuchar a King Crimson y a Charly & Los Indeseables.

En el primer local de Arcos, según el escritor Sergio Fombona, “los baños estaban en línea recta al ventanal. Hacia la derecha, el pequeño escenario opuesto a una barra y a un aparato de televisión en blanco y negro en el que pasaban Viendo a Biondi”.

El tren fantasma fue el origen de la Rock & Pop. Hacia esa frecuencia (FM 106.3) se trasladó el programa en el 89, coincidiendo con el Prix D’Ami de Ciudad de la Paz. Morano viajaba a Londres y traía música que acá no existía en ninguna batea de discos. Sus hallazgos iban directo al programa de radio. Desde la Rock&Pop, Morano y su dueño, Daniel Grinbank, empezaron un trabajo conjunto para posicionar al boliche top del under porteño. “Le hacíamos toda la comunicación a Prix –cuenta Morano- y lo difundíamos sin parar en la radio más escuchada por los jóvenes. El combo resultó explosivo”.

Recital de Los Rodríguez, en Prix D’Ami, en noviembre de 1993 presentando el disco “Sin documentos”. Foto Santiago Porter/Archvo Clarín

El Prix de Ciudad de la Paz había sido un bowling que alquilaron a instancias del Gallego, un capo total en materia de pesquisas inmobiliarias. “La marca comenzó a trascender con el segundo Prix. Tanto, que se volvió un lugar imperial”, señala Morano.

La mudanza de una sede a otra estuvo marcada por la aparición del primer álbum de Alphonso S’Entrega, donde Morano –por entones pareja de la infartante María Carámbula- ponía la onda, y el guitarrista Sergio Nacif, los hits (Barrio Chino, El Manisero). En Alphonso tocaba Rinaldo Rafanelli, prócer y ex bajista de Sui Generis.

Fito Páez ya había metido el nombre de Prix D’Ami en una canción (Fue amor). El rosarino ensayaba en la sede de Ciudad de la Paz. La marca estaba muy aceitada. Morano, hábil para los negocios, también se había encargado de hacer un acuerdo con Grinbank y con Roberto Costa, actualmente al frente del sello Popart Music, para que los grandes shows internacionales patrocinados por la Rock&Pop terminaran siempre, con los músicos bebiendo y zapando en el escenario de Prix D’Ami.

La noche anterior al concierto de García en Amnesty ’88, cuenta Samalea –coautor absoluto de esta tierna evocación-, se quedaron con Charly, el famoso productor Joe Blaney y el Zorrito en una mesa, mirando de reojo el show Lovesexy, de Prince con Sheila E. sentada en la batería.

“Lo mirábamos en los televisores sobre la barra. El concierto estaba grabado en VHS. Recuerdo al Gallego sirviéndonos champagne Don Perignon a las 10 de la mañana, a modo de desayuno. Al mediodía fuimos a la casa de Charly en Coronel Díaz, comimos algo, nos juntamos con el resto y tipo dos ya estábamos en el Estadio de River. Arrancamos a las seis de la tarde con Demoliendo hoteles. Por supuesto, sin dormir…”

Hay un documental en marcha de Prix D’Ami. Lo confirma Morano, que dice tener alrededor de “200 horas” de grabaciones únicas y exclusivas de ese escenario “premium del under”, como certeramente lo define el Gallego, sorprendido y feliz por nuestro interés en su criatura.

Andrés Calamaro y Charly García, en Prix D¿Ami. Charly era el primero en subirse a zapar en el boliche. Foto Santiago Porter/Archivo Clarín

“El primero fue la fundación. El segundo, el de Ciudad de la Paz, fue escenografía y marketing. El tercero, el despliegue total”, sintetiza el fundador. “Con la debacle del ’89 –cuenta el Gallego- hicimos una discoteca y transformamos Prix en Mix, un boliche que estaba gerenciado por Pablo Grinbank, hermano de Daniel”.

Postal: Los Fabulosos Cadillacs llegan nuevamente hasta el viejo barrio de Belgrano en la ciudad de Buenos Aires para presentarse en Prix D’Ami, lugar que visitaron por lo menos en tres ocasiones durante el año ’93 y donde también presentaron oficialmente su disco El León durante el mes de diciembre anterior.

“De tu depto siempre a Prix D’Ami” decía aquella canción de Fito dedicada a Fabi Cantilo. Toda la fauna rockera de fines de los 80’s, y principios de los 90’s, vivía en ese boliche. Charly, Mollo, Arnedo, Los Twist, Suéter, Ratones Paranoicos, 7 Delfines, etc, etc.

Tercera fundación. Morano y el Gallego vendieron su parte de Ciudad de la Paz y empezaron a buscar otro espacio para volver al sello original de Prix D’Ami. El Gallego esta vez encontró un viejo depósito de camiones de Multicanal y ahí, sobre Monroe, en los primeros ’90, arrancó el último reducto que se recuerde.

“Yo me abrí pronto de Monroe y mi parte la compró Pop Art”, cuenta Morano. “El mejor, para mí, fue el de Ciudad de la Paz. Ahí ocurrió algo muy parecido a lo que sucede ahora con el Lollapalooza: la gente iba porque sí, sin importar quién tocara. Charly vivía en ese Prix, Gustavo Cerati, todos. Era una fiesta extraordinaria. El de Arcos era bueno, el de Ciudad de la Paz, genial. También estuvo muy bien el de Monroe, pero allí yo sólo tuve que ver con la artística. Me acuerdo que en el último Prix hubo grandes espectáculos y que los músicos utilizaban de camarín un taller mecánico que estaba al lado”.

Unos y otros, consultados por este diario, coinciden en que el final se dio por qué, paralelamente, empezaba a desaparecer “todo un ecosistema” donde los grupos tocaban de manera constante: Stud Free Pub, La Esquina del Sol, el primer Parakultural…

Portón bajo, para el viejo Prix D’Ami de la avenida Monroe. Foto Fernando de la Orden

El Gallego se ríe desde su eterna trasnoche. “Todos lo pronunciaban Prix, con equis, como lo articulaba Pappo. Le puse ese nombre porque un amigo me había mandado una foto fumando porro en Amsterdam. El lugar se llamaba Prix D’Ami, un típico coffe-shop donde no se podía tomar alcohol pero sí fumar porro”.

El fundador, un tipo querido y respetado por el ambiente, era de esos pibes que antes de la llegada de la Democracia corría delante del patrullero. Una vez, tomando un vino en un bar de Virrey del Pino, el Gallego escuchó que se alquilaba una vieja propiedad en Arcos y Monroe. Una casa chorizo era. “Lo desperté a mi viejo a las cuatro de la mañana, le conté, fuimos a ver el lugar y el salió de garante. Yo tenía 19 años. Lo alquilamos. Mi viejo, un fenómeno, me hizo la gamba”.

Los primeros músicos que tocaron en Prix fueron Pablo Rodríguez (Auténticos Decadentes), el bajista Marcelo Torres, que luego estaría con Spinetta en Los Socios del Desierto, y el Pollo Raffo, en teclados.

“A mí no me interesaba mucho el rock. Prix D’Ami fue un accidente cultural. Charly empezó a venir y nunca más dejó de hacerlo. Lo abrimos para que fuera un bar donde emborracharnos en paz con amigos. Nunca lo pensé como un negocio. Siempre perdimos plata. Por eso duró tanto”.

En Prix tocó Sui Generis ¡En el primer Prix tocaron Los Redondos! Había lugar para 100 y entraron 250 personas. ¡Seis horas duró el show!

Los Rodríguez, en el Prix D’Amil de Monroe, donde más gente entraba. Foto Santiago Porter/Archivo Clarín

El primer Prix de Arcos 2489 ahora es un negocio. El segundo, un estacionamiento. El tercero, un supermercado.

“En Arcos tocaron Los Violadores y los vecinos se quejaban porque les temblaban las copas de cristal. Los quilombos con la policía eran a cada rato, pero como no había coima, marchábamos seguido con las razzias”. Según el Gallego, el trato con la Policía “era un trato agreta. Belgrano era un barrio muy milico”. Con las bandas, el arreglo comercial fue siempre el mismo: “70 para el grupo y 30 para el local”. Te llamaras Charly García o Don Cornelio y la Zona.

El Gallego se quedó con la marca. Prix D’Ami Producciones es una empresa ahora dedicada a la elaboración integral de espectáculos y shows alternativos de alto impacto, “teatro físico, danza, acrobacias de piso, danza aérea, vuelos, FX, video y música”. En otras palabras, con un perfil bajo, distinto, incomparable, todavía hay un Prix D’Ami en Capital Federal. Funciona en el ex cine y teatro Dante, Almirante Brown y Suárez, barrio de La Boca.

WD

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