primero Kurt Cobain y ahora Taylor Hawkins

Tras la inesperada muerte de Taylor Hawkins, el baterista de Foo Fighters, la mente de Dave Grohl, líder de la banda, debe haber transitado por lugares conocidos. Y terribles, como la muerte de su amigo en Nirvana Kurt Cobain, y el susto con la sobredosis de heroína de Taylor Hawkins en 2001.

In the mend (Mejorando) es una de las canciones más tranquilas del repertorio de Foo Fighters, que Grohl escribió cuando Hawkins se recuperaba casi milagrosamente de una sobredosis de heroína en el año 2001. “Voy bien, ya respiro solo”, cantaba, poniéndose en el lugar de su amigo.

Dave Grohl a la batería y Taylor Hawkins al frente, un momneto cumbre de los shows de Foo Fighters, aquí en Lollapalooza Chile. Foto: AFP.

Dave Grohl a la batería y Taylor Hawkins al frente, un momneto cumbre de los shows de Foo Fighters, aquí en Lollapalooza Chile. Foto: AFP.

Fue un tiempo en el que el líder de Foo Fighters pensó seriamente en abandonar la música tras ver partir a muchos, demasiados amigos. La tragedia nuevamente golpeó a su puerta y le debe haber sido inevitable que la conmoción gatillara recuerdos de aquel trágico día en el que finalmente se enteró de otro final, pero que se venía anunciando desde hacía varios meses: la muerte de Kurt Cobain.

Una premonición

En los últimos años todo fue puro florecer para Dave Grohl, a quien se vio más dinámico que nunca, tanto con los Foo Fighters editando álbumes o bien impulsando proyectos audiovisuales como la reciente película de terror clase B: Studio 666. Y justamente ahí, en el film estrenado hace apenas unas semanas, hay una premonición que impacta.

Una escena de "Studio 666", el film de Dave Grohl con humor, terror y frases que hoy suenan promonitorias.

Una escena de “Studio 666”, el film de Dave Grohl con humor, terror y frases que hoy suenan promonitorias.

Lo que parecía ser una parodia grotesca del viejo cuento de la casa embrujada, a la luz de la muerte de Taylor Hawkins da miedo en serio. “¿Ustedes también sienten esta abrumadora sensación de muerte?”, les pregunta Grohl al resto de los Foo Fighters presentes en el lugar para grabar su décimo disco en el que se planteaban “romper el molde”. Y es el propio Hawkins el que se burla del presentimiento de su compañero, moviéndole las manos como una momia y diciéndole: “¡Buuuuu!”.

Exactamente un mes después del estreno, Hawkins encontraba la muerte en su habitación del hotel Casa Medina, en Bogotá. Su último concierto había sido en Buenos Aires y nadie hubiera podido imaginar que ese baterista tan poderoso y sonriente no alcanzaría a subirse a un escenario de nuevo.

La primera tragedia: Kurt

Kurt Cobain. Foto: EFE

Kurt Cobain. Foto: EFE

Dave Grohl comenzó a ser una figura determinante para el rock cuando fue convocado para ocupar la banqueta de la batería en Nirvana en 1991. El grupo tenía por delante la grabación de su segundo disco, nada menos que Nevermind, el álbum que cambiaría la historia del rock y abriría las compuertas del rock alternativo, tendencia dominante en la última década del siglo pasado.

El suceso de Nirvana fue tan rutilante como inestable era la psiquis de su líder, Kurt Cobain, que se suicidó en su casa de Seattle en los primeros días de abril de 1994, tras una seguidilla de intentos fallidos, algunos abortados por su mujer Courtney Love.

La noticia de la muerte de Kurt Cobain conmocionó a todo el planeta pero no sorprendió demasiado a sus compañeros en Nirvana. Chris Novoselic y Dave Grohl habían visto la película completa y sabían que su desenlace era inevitable. Nirvana había sido el grupo que pudo desplazar a Michael Jackson del centro de la escena, y el que abrió las puertas para una generación. Pero recién encontró su centro tras el ingreso de Grohl, uno de los mejores bateristas de la historia del rock.

Nirvana en su última sesión de fotos con el fotógrafo Jesse Frohman. Fotos: Twitter @JuliensAuctions

Nirvana en su última sesión de fotos con el fotógrafo Jesse Frohman. Fotos: Twitter @JuliensAuctions

Pese al previsible final de los días de Cobain sobre la tierra, el por entonces baterista de Nirvana no dejó de experimentar una sensación de pérdida abrumadora ante el hecho de que esta vez no habría rectificación de la noticia tantas veces anunciada, y que en ese abril de 1994 se repetía como un sórdido eco por todos los medios de comunicación.

“La vida se convirtió en una sucesión de primeras veces –escribió Grohl en su autobiografía The Storyteller-; mi primer café desde su desaparición, mi primera comida desde su muerte. Mi primer llamado telefónico. Mi primer paseo en auto, y así sucesivamente. Parecía que cada paso que daba era un nuevo paso que me alejaba de un tiempo en el que (Kurt) estaba vivo; una sucesión de momentos en donde tuve que reaprender todo. Tenía que aprender a vivir otra vez”.

Por Sergio Marchi

MFB

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