Premios Grammy: quiénes son los argentinos que ganaron, a lo largo de sus 61 ediciones



Si bien es cierto que los Premios Grammy suelen ser vistos como la celebración de una producción musical a la que la Argentina aporta, fundamentalmente, consumidores, el recuento de la participación nacional en el reparto de estatuillas seguramente sorprenderá a más de un desprevenido.

Es que, a lo largo de sus 61 ediciones pasadas, al menos 31 gramófonos tuvieron como destinatarios, de manera directa o no tanto, en soledad o en forma compartida, a artistas nacidos en nuestro país, quienes dejaron impresos sus nombres en un variado número de categorías.

Entre ellos, el director orquestal y pianista Daniel Barenboim es quien lleva la delantera, con 6 galardones obtenidos, seguido, con dos menos, por el compositor y director Lalo Schifrin, y por la pianista Martha Argerich, el arreglador Jorge Calandrelli, los productores y músicos Gustavo Santaolalla y Rafa Arcaute, la compositora Claudia Brant y hasta Los Fabulosos Cadillacs, entre otros, un poco más atrás.

Lalo Schifrin fue el artista que inauguró la lista de argentinos que tuvieron su gran momento en los premios Grammy.

Lo cierto es que la historia de la participación argentina en los Grammy comenzó a ser escrita en su séptima edición, en 1964, por Schifrin, quien con su obra The Cat conquistó la categoría Mejor Composición Original de Jazz. Eran tiempos en los que Henry Mancini ya descollaba en la escena, los Beatles eran reconocidos como la revelación del año y Bing Crosby ratificaba laureles.

El argentino repitió su “hazaña” al año siguiente con su Jazz Suite On the Mass Text; apenas el preludio del doblete con que se anotó dos años más tarde, en 1967, con su hit Mission: Impossible, que lo hizo acreedor de los premios destinados a Mejor Tema Instrumental, y Mejor Partitura Original Escrita Para una Película o Programa de Televisión.

La pianista Martha Argerich acredita dos galardones, a lo largo de la trayectoria de los premios.

Tiempos en los que el nombre del compositor argentino compartía cartel con unos Beatles bastante más acreditados, a fuerza de creatividad y con una ayudita del Sargento Pepper, y también con una emergente Bobbie Gentry que demostraba que la tarea de escribir canciones, en el mundo del country, no era una tarea que debiese estar reservada sólo a los hombres.

Paradójicamente, en la tierra del jazz, sería ese genero el que volvería a convocar a un argentino al centro de la escena. Esta vez fue el Gato Barbieri quien sacó a relucir su talento para quedarse con el gramófono correspondiente a Mejor Composición Instrumental, por su fantástico Último tango en París.

El saxofonista Gato Barbieri logró un gramófono con la memorable melodía de Último tango en París, en 1973. Foto: AP/Ramon Espinosa)

Corría el 1973, los referentes del viejo “cancionero americano” le dejaban paso en las categorías “mayores” a nombres que marcaban tendencia. Stevie Wonder, Quincy Jones y Roberta Flack se codeaban con Aretha Franklin y Sir George Martin, entre otros, para dejar atrás los floreados ’60.  

Debieron pasar tres años, para que otro argentino subiera a recibir su reconocimiento. Y el que Barenboim se llevó a su casa en 1976, en sociedad con el gran Arthur Rubinstein y la Orquesta Sinfónica de Chicago, por su interpretación de los Cinco Conciertos para piano de Ludwig Van Beethoven, fue apenas el primero de una fantástica serie, que retomó por duplicado en el área de Mejor Música de Cámara u Otros Pequeños Ensambles.

“Fabulosos Calavera”, el disco ‘maldito’ de Los Fabulosos Cadillacs les reportó su único Grammy global.

En 1990 fue por su versión de las Tres Sonatas Para Violín de Johannes Brahms, en dúo con Itzhak Perlman; en 1994, por los Quintetos de Mozart y Beethoven, en sociedad con Dale Clevenger, Larry Combs, Daniele Damiano y Hansjorg Schellenberger. Entre medio de ambos, en 1991 y una vez más con la Sinfónica de Chicago, obtuvo el galardón por Mejor Performance Orquestal, por su abordaje de la Sinfonía No. 1 de John Corigliano.

La música clásica le aportaría sobre el fin de siglo un nuevo motivo de orgullo a la producción argentina, a través de la notable Martha Argerich y sus versiones del Concierto para Piano Nos. 1 & 3 de Prokofiev y el No. 3 de Béla Bartók, que le reportaron la categoría Mejor Performance Instrumental Solista, en la que repetiría en 2005, con los Conciertos para Piano de Beethoven Nos. 2 & 3.

Con frecuente participación en los Latin Grammy, Claudia Brant imprimió el año pasado su nombre en la lista de ganadores de la edición global de los premios. (Foto: Rafael Mario Quinteros)

En el mismo rubro, Barenboim tuvo un excelente comienzo del siglo XXI, de la mano de Richard Strauss y sus Concertos para vientos (corno y oboe), y sólo un año más tarde alcanzó la cumbre de las grabaciones de ópera, merced a su dirección de Tannhäuser, de Richard Wagner.

Pero mucho antes de que eso sucediera, Los Fabulosos Cadillacs ya habían dado su gran golpe, en 1997, con el estupendo y algo extraño álbum Fabulosos Calavera, que resultó la Mejor Performance Latin Rock/Alternativa, y el productor e ingeniero de sonido Sebastián Krys había participado del triunfo de Shakira, con su MTV Unplugged, en 2000, en el apartado dedicado a Mejor Álbum Latino Tropical Tradicional, y del de Carlos Vives en 2001, en el mismo segmento, con su disco Déjame entrar.

Ya más entrada la década, Gustavo Santaolalla se incorporó al grupo de los elegidos, por su rol como productor del álbum Cuatro Caminos de los mexicanos de Café Tacvba, y luego por el mismo papel en La vida es un ratico, de Juanes, cuando se consagró como Mejor Álbum Pop Latino, en 2008.

Como productor, Gustavo Santaolalla lleva ganados dos premios Grammy.

Para entonces, Krys ya había estampado su apellido en un par más de listados, y volvería a hacerlo en 2013, en su doble ejercicio de la producción y la ingeniería del disco Treinta Días, de la Santa Cecilia, y año después de que el ingeniero de sonido Gustavo Borner fuera parte del reparto del premio que Juanes ganaba con su MTV Unplugged.

Para entonces, Calandrelli ya había atesorado dos gramófonos de igual tenor, en 2006 y 2011, como Mejores Arreglos Instrumentales Acompañando a un Vocalista, en ambos casos junto a Tony Bennet; y Osvaldo Golijov ya se había llevado a su casa el suyo, también en 2006, por la Mejor Composición Clásica Contemporánea.

La cosecha ‘argenta’ de premios continuó más acá en el tiempo; Arcaute, fue parte en 2017 del premio a Mejor Latin Rock, Urbano o Alternativo, al frente de la producción del primer álbum solista del referente puertorriqueño de la música urbana más combativa, el ex Calle 13 Residente, repitiendo la experiencia que habían compartido en 2009.

El argentino Cheche Alara, otro frecuente participante de los Latin Grammy, volverá a ser el director musical de la ceremonia de entrega de los premios.

En tanto, en 2019, la compositora Claudia Brant consiguió coronar en la categoría Mejor Álbum Latin Pop, y lo hizo junto a su multinominado compatriota Cheche Alara, ganador de varios Latin Grammy, que además fue el director musical y conductor de las ceremonias de entrega de 2017 y 2019, tarea que repetirá en la nueva edición.

Del otro lado estarán, a la espera de la decisión del “soberano”, el rastamán de Lanús Hernán Don Camel Sforzini y el mendocino Emilio Solla, con la expectativa de sumarse al listado de los ganadores argentinos del premio. Un objetivo que, a juzgar por lo que muestra la historia, muy lejos está de ser un imposible.

E.S.

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