Por qué no hay que perderse Carmel: ¿quién mató a María Marta?, por Netflix



Después de años de bombardeo mediático, con un arco narrativo que transitó varias formas y géneros -del policial de Agatha Christie al grotesco, pasando por el melodrama y el sainete- y de tantos vaivenes judiciales que quedaron en la nada, parecía que el caso García Belsunce ya estaba agotado. Pero Carmel reaviva con armas nobles la pregunta que nunca terminó de ser contestada: ¿quién mató a María Marta?

Uno de los grandes méritos de esta miniserie documental es aprovechar a su favor la pequeña perspectiva histórica con la que cuenta. Dieciocho años después del crimen, una vez asentada la polvareda de la confusión y apagado el ruido ensordecedor de los medios de comunicación, repasa el caso desde cero separando la paja del trigo, con la posibilidad de reflexión que da no tener una urgencia periodística por la primicia.

Y lo hace con un recurso esencial: la palabra de casi todos los involucrados, que se explayan sin la presión de estar ante el escrutinio público. Las tres excepciones fueron el vecino Nicolás Pachelo -uno de los sospechosos del crimen- y la masajista Beatriz Michelini, que no quisieron participar, y el cuñado Guillermo Bártoli, que murió en 2014.

Carlos Carrascosa y María Marta García Belsunce. Foto: Netflix

El viudo y principal acusado, Carlos Carrascosa, y el fiscal que lo acusó, Diego Molina Pico, se erigen en los grandes antagonistas. Con una calma y una parsimonia llamativas, repasan no sólo las alternativas del caso, sino también detalles curiosos de sus propias vidas ante un interlocutor -Alejandro Hartmann, el director, que fue el encargado de todas las entrevistas- que los escucha con empatía, pero sin dejar de hacerles las preguntas incómodas.

Con ese mismo espíritu, todos los personajes aportan alguna pieza para armar el rompecabezas: ninguno está desperdiciado. Sus testimonios se entrelazan con los de tres periodistas que cubrieron el caso (Pablo Duggan, Rolando Barbano y Martín Sassone), que van relatando los hechos cronológicamente. A cada suceso o cada descubrimiento de la causa le sigue o lo precede la versión subjetiva de los protagonistas.

Hay un trabajo de guión y edición notables. No es sencillo desplegar las infinitas aristas de un caso que tiene 36 cuerpos y miles de fojas con la claridad y el ritmo que tiene este documental. Para que nadie pierda el hilo de la narración, cada tanto se traza una línea de tiempo en la que se van agregando los sucesos fundamentales.

Afiche de “Carmel”, flamante estreno de Netflix.

Pero el afán didáctico no va en desmedro del suspenso: Carmel no se enreda en la maraña de las contradicciones, sino que las expone, y se va volviendo más apasionante a medida que pasan los capítulos.

Los elementos de archivo están seleccionados con precisión quirúrgica. Hay material sorprendente, como las escenas del juicio a Carlos Carrascosa o el audio de las llamadas que se hicieron al 911 y a emergencias médicas en la noche del crimen. La sobreabundancia de imágenes televisivas disponibles podría haber enfangado la historia, pero están incluidas en dosis homeopáticas, de modo que ponen en contexto la repercusión del caso e ilustran sus ribetes delirantes.

En este sentido, Hartmann, la productora general Vanessa Ragone y el resto del equipo supieron no caer en la tentación de desviarse hacia la farsa. Aparecen, de todos modos, personajes pintorescos, como las dos mujeres que se encargaron de llevar adelante una campaña pública de defensa de la inocencia de Carrascosa y la familia García Belsunce, que llevaron a una medium a la escena del crimen para que revelara qué pasó en la noche del 27 de octubre de 2002.

Una escena de “Carmel”, de cuatro episodios. Foto Netflix

El documental también se aparta de lo estrictamente policial para abordar de refilón aspectos del caso que están entre la semiología y la sociología, como la influencia que los medios tuvieron en el desarrollo de la causa judicial o el porqué de la fascinación que produjo en la sociedad argentina. Aquí sí, tal vez con excepción del de Claudia Piñeiro, los testimonios de los escritores e intelectuales consultados dejan sabor a poco.

En definitiva, Carmel plantea más preguntas que respuestas, nos libra a nuestras propias conclusiones y abre el juego del debate. Más allá del morbo intrínseco -¿qué otra motivación tiene el público para seguir un caso policial?-, no explota los aspectos truculentos, sino que mete al espectador en la montaña rusa de la investigación.

Lo que en un capítulo parece de un modo, al siguiente se ve de forma opuesta. A lo largo de la miniserie, los héroes se transforman en villanos y tal vez más tarde vuelvan a ser héroes. Eso sí: hasta ahora, ninguno es culpable de haber disparado los cinco tiros que mataron a Maria Marta García Belsunce.

María Marta García Belsunce, asesinada hace 18 años. El caso sigue sin resolverse. Foto: Netflix

Ficha

Calificación: Muy buena. 

Año: 2020 Director: Alejandro Hartmann Producción ejecutiva: Vanessa Ragone y Mariela Besuievsky Showrunner: Vanessa Ragone.

Guión: Sofía Isabel Mora, Lucas Bucci, Tomás Sposato, Alejandro Hartmann Dirección de producción: Carolina Urbieta Supervisora de post producción: Mariana Bomba Investigación: Sofía Isabel Mora.

Emisión: Cuatro episodios de 56 minutos en Netflix.

SL

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