Por qué no brilla Distanciamiento social: es la agobiante cuarentena hecha ficción



Abril de 2020. Ike es un peluquero obligado a cerrar su negocio por la pandemia. “Mi comercio no es esencial, pero sí lo son las armerías y licorerías”, dice con bronca. Su novia lo dejó poco tiempo antes del confinamiento y es un alcohólico en recuperación. Con el paso de los días, se termina convirtiendo en un tipo que disfraza a su maceta, le habla a su helecho y comparte esas fotos en busca de algunos likes que sirvan de consuelo.

Ésa es una de las historias de Distanciamiento social, la producción de ocho episodios de Netflix, creada por Hilary Weisman Graham (Orange is The New Black) y filmada en aislamiento. No hay un hilo conductor entre los personajes de los capítulos y sus vidas, salvo -claro- el desarrollo de las acciones durante la pandemia.

Así como Ike debe lidiar contra sus fantasmas y el estrago de la soledad, hay una pareja que, aburrida de la rutina y el encierro, decide buscar a un tercero para una aventura sexual. Una madre desesperada por no perder su trabajo y cuidar a su hija a la que vigila por una aplicación.

También, una familia latina que busca consuelo por una pérdida a través de un velatorio por Zoom. Y un padre devastado por la posible partida de su esposa, enferma de Covid, entre otras historias.

Si bien son episodios creados para la serie, la excesiva verosimilitud termina arrinconando contra la realidad.

Aunque los directores varían a lo largo de los episodios, la creadora apostó por una misma narrativa que resulta familiar para nuestros consumos digitales en pandemia. Las tomas son similares a las que usamos con nuestros dispositivos y vemos en pantalla todos los íconos de las aplicaciones conocidas, como Zoom, Tik Tok y otras de citas. A medida que las historias avanzan -y el tiempo cronológico también- se van agregando otros temas además del virus.

El objetivo de Hilary Weisman Graham no fue nada fácil: hablarle al público sobre un fenómeno global que aún está sucediendo. Y, además, intentar reflexionar sobre semejante drama colectivo. El problema de Distanciamiento Social radica en la falta de potencia y de atrevimiento en el abordaje de las historias.

Aunque los conflictos están bien planteados, los personajes son una gran suma de moralejas. En los episodios, las cosas suelen ser “adecuadas” o “inadecuadas”. Por ejemplo, la pareja que busca a un tercero se da cuenta finalmente de lo enamoradísima que está pese a todo.

Salvo un episodio que narra la historia de una adolescente y su mundo de interacciones virtuales, el resto navega por la generalidad. Las historias son poco orgánicas y, por momentos, resultan sosas.

La serie tiene buenas intenciones, pero la resolución estética termina demasiado emparentada a las cominucaciones de este tiempo. Exceso de pantallas.

La serie tiene buenas intenciones y algunas escenas logradas gracias a un sólido elenco formado por Daphne Rubin-Vega, Guillermo Díaz, Danielle Brooks y Dylan Baker. Pero resulta poco nutritiva en su sucesión de planos con cámaras webs y teléfonos inteligentes.

Quizás estemos demasiado cerca del tema -y demasiado en el lodo- como para producir un buen legado creativo sobre la pandemia. O quizás resulte poco atractivo ver una ficción sobre la vida de otros confinados, con luchas y miserias tan parecidas a las nuestras.

Ficha

Calificación: Regular.

Género: Comedia dramática.

Protagonistas: Brian Jordan Alvarez, Asante Blackk y Becky Ann Baker.

Creador: Hilary Weisman Graham.

Emisión: Netflix. Duración: ocho episodios de veinte minutos.

SL 

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