perlitas, estafas y flechazos del ciclo de Roberto Galán que anticipó Tinder

Un plantel abocado a detectar embaucadores emocionales. Un equipo de entrevistadoras de almas solitarias. Una mesa de productoras que cruzaban los perfiles de los candidatos para ensamblarlos como a medias naranjas y hasta una chaperona que fiscalizaba las salidas. Ese engranaje invisible funcionaba detrás del living del amor. Un sistema perfecto y artesanal que medio siglo después no pudo alcanzar ni Tinder.

“¿Tiene casa propia o alquila?”. “¿Es celoso?”. “¿Es ardiente? ¿Lo amaron de verdad?”. “¿Ni un perrito o gatito para acariciar?”. “¿Qué lado de la cama le gusta ocupar?”. “¿De papeles cómo andamos?”. “¿La permanente esponjosa se la hizo especialmente para venir acá?”. “¿Alguna amiga viudita a quien pueda recomendarle el programa?”, ametrallaba ese algoritmo humano en busca del match que era Roberto Galán.

El hito Yo me quiero casar… ¿Y usted? fue tan burlado como inspirador. De él se valieron varios productores televisivos a puro reciclaje. Hoy, que los amores toman la categoría de “líquidos” -tal estudiaba Zygmunt Bauman- la lupa se vuelve más generosa con Galán y su plan vincular pre-Apps. 

“Yo trabajé en Yo me quiero casar. Todo nació en una peluquería”, se ríe Paula Salinas, una de las pocas voces que quedan y pueden retratar desde adentro ese ciclo que debutó el 15 de noviembre de 1971, a las 18.30, y que en los ochenta pasó a Teledos y en los noventa se reafirmó volando en el canal de la palomita, Canal 9. Productora, la historia de Salinas se vincula al fenómeno de épocas de Alejandro Romay.

En el living del amor... Roberto Galán en épocas de Canal 9.

En el living del amor… Roberto Galán en épocas de Canal 9.

“Tenía yo 21 años en los noventa y Alicia Passeri, pareja y productora de Roberto, se cruzó conmigo un domingo en una peluquería de Belgrano que había abierto para atender a ella y a mi mamá. Yo había terminado la carrera de locución, trabajaba en una agencia de publicidad, fui a buscar a mi madre y Alicia me dijo: ‘¿No te gustaría sumarte a la producción?. Llamame‘. Así, dejé la agencia donde era secretaria ejecutiva”, detalla. “Era un equipo de mujeres grandes, que habían sido reclutadas más por intuición, y tenían roles asignados”. 

Los aspirantes a conseguir pareja se acercaban a una oficina a metros de la entrada del Pasaje Gelly 3378. Paula y compañía iban recepcionándolos y luego tomaban nota de las historias personales. “Era muy mágico. Yo estaba cursando la carrera de psicología, tenía una escucha incorporada, y eso me permitía darme cuenta cuándo me mentían. Una vez descubrí a una chica con su documento adulterado”.

Si el caso del estafador de Tinder que llegó como documental a Netflix deja pasmados a los más inocentes, ¿cómo no pensar que aquel cuento es más viejo que las app? Las malas intenciones también existían por entonces, cuando algunos farsantes intentaban engañar al propio Galán para sacar su tajada. Desde el canal habían diseñado un sistema que evitaba la trampa mediante interrogatorios y chequeos a quienes querían simular flechazo solo para obtener un golpe de cámara y una fiesta de casamiento gratuita.

1, 2, 3, grabando. Galán en Canal 11. (Archivo Clarín)

1, 2, 3, grabando. Galán en Canal 11. (Archivo Clarín)

En la base de datos, el 85% eran adultos mayores, la mayoría viudos, “con dificultad para cortejar fuera de una situación predigitada”. Tres sillones frente a otros tres (excepcionalmente cuatro), después de una charla en cámara con cada candidato, la o él interesado escribía el numerito del posible potencial enamorado en “el cartoncito del amor”, tarjeta que el conductor retiraba y fiscalizaba en busca del “se ha formado una pareja”.

La producción se encargaba de pagar las salidas durante una semana y si todo prosperaba, el beneficio se extendía a cuatro semanas. “En caso de concretarse el matrimonio, el canal se hará cargo de todos los gastos y televisará la ceremonia”, establecía el reglamento. Una señora acompañaba en el paseo, pero sin estorbar, con la tarea de fiscalizar que todo fluyera. Podía presentarlos al gerente del restaurante en cuestión y cenar a un costado, lejos. Si existía algún altercado, lo reportaba a la producción y si la pareja decidía verse en otros momentos no estipulados por el ciclo, eso quedaba ya fuera de la órbita de “la veedora”.

¡Tiene dos jubilaciones! ¡La argentina y la italiana!”. Un video se viraliza cada 14 de febrero. Es Roberto, celestino recalcitrante que en un estudio de TV noventoso entre flores de plástico le sube la cotización a un participante. Su especialidad, el amparo a la tercera edad: “En la tele hay un ataque de pendejitis con resultados nefastos”, opinaba.

¡Que viva el amor! Galán y su orgullo cada vez que se formaba una pareja.

¡Que viva el amor! Galán y su orgullo cada vez que se formaba una pareja.

“Era un programa totalmente noble, con función social y puedo asegurar que Roberto no sabía nada de cada participante más que lo que leía en su presentación. Lo que causaba gracia entonces era el show y la mirada capciosa estaba del lado del receptor. Se hacía de una forma muy honesta. En una reunión de producción cada mañana exponíamos los entrevistados y evaluábamos quiénes tenían características parecidas como para juntarlos y congeniar”, suma Salinas, clave en un rol mucho más complejo que el que se imaginaba: “Era ese oficio sin nombre de ir enhebrando las vidas de las personas”.

“Nos ha pasado mas de una vez que no había pareja ese día, los participantes se retiraban del estudio, decían ‘bueno, vamos a tomar un café’ y en esa charla personalizada terminaban juntos. Aunque ya no contaban con los beneficios del show, si Galán se enteraba de que todo había nacido ahí, les mandaba un regalo de casamiento”, sonríe Salinas.

Un sorbito y un beso, invitaba en el brindis al final, ya en el living del amor, con algún atrevido que estampaba pico apenas se sentaba junto a la dama. En ventas online, el casete de los hits del ciclo en la era Canal 9 se consigue por poco mas de 1.000 pesos, un compilado romántico de 1995 con canciones como Voy a apagar la luz, de Armando Manzanero.

Las promociones de "Yo me quiero casar. ¿Y usted?".

Las promociones de “Yo me quiero casar. ¿Y usted?”.

Los bloopers eran habituales en aquella era pre-meme. No faltaba quien accidentalmente decía en voz alta y antes de tiempo el número del candidato al que iba a votar (algo que estaba prohibido), o quien le confesara a Galán que su sueño en realidad era salir con él. También alguna vez la unión duró segundos: la dama de la coincidencia se percataba de que había escrito erróneamente el numerito elegido y el romance se hacía trizas en segundos. “Lo siento, me equivoqué, yo no quería elegir a este, sino al de corbata negra”, decía ante el derrumbe emocional del perjudicado.

Bodas, teorías, acusaciones…

Nací para ti/ aquí me tienes/ qué te hace feliz, dime que quieres/ Te esperé en soledad tanto tiempo/Que me estás dando la vida si sientes tú lo que yo siento… se escuchaba en la mítica cortina dulce, acompañada por imágenes de parejas traviesas correteando por la playa.

“De la primera etapa en Canal 11 no queda absolutamente nada de archivo, porque como ocurría en todos los canales, se guardaba poco y nada. Ya sea por inundaciones, incendios, desidia o los militares que mandaban a quemar todo, la historia está perdida”, explican desde Telefe, que lamentan que esas cintas no se hayan preservado para el estudio de la posteridad. El archivo Di Film (una empresa fundada en 1949) tiene en su poder muchas de esas gemas.

Paladín del amor le llamaban los medios al conductor del bigote tupido fallecido en 2000 cuya curva subía cuando el milagro del flechazo (o algo parecido) se producía. El summum era el “¡se han formado 3 parejas!”, tres match sobre el máximo posible. Su rictus, sin embargo, nunca se salía del guión. Ya había vivido demasiado en esa vida aventurera de seis matrimonios, una faceta de cantor de tangos en Brasil y París, un rol de dueño de una boite en Copacabana, vendedor de películas argentinas en Argelia y líder de un programa antecesor de La Voz -Si lo sabe cante- en el que el premio era un pajarito en una jaula.

​¿Hasta dónde la televisión es atacada en su misión cultural con esta propuesta. ¿Su programa es chabacano y solo busca rating?”, le preguntaba un periodista a Don Roberto en 1988 la revista TV Guía. “Cumple una función social porque le acerca felicidad a la gente”, respondía él. “Sería bueno que la gente entienda, en especial los críticos, que el principal causante de la desesperanza humana es la soledad. Un estado de ánimo grave y acuciante que no todos pueden sobrellevar. Creo que estoy sirviendo a solucionar en parte esto”

“Me da risa y a veces bronca cómo los argentinos somos tan ligeros para juzgar. El programa no es nuevo en el mundo, ya que en la mayoría de los países se hace, y ninguno sufre tantos ataques”, se defendía Galán. “Durante el anterior ciclo se casaron 50 parejas, 14 en cámara. Ninguno de los matrimonios terminó en divorcio. ¿Me quiere decir dónde está la parte negativa? Sería bueno que aquellos que me atacan, se animen a poner en el mismo horario una propuesta más noble y cultural”.

El casete de "Yo me quiero casar. ¿Y usted?", que hoy se vende por Internet.

El casete de “Yo me quiero casar. ¿Y usted?”, que hoy se vende por Internet.

“Él llegaba y una hora y media antes y había que hacer el desayuno con él. Ahí contaba sus anécdotas de viajes por el mundo. Traía dos o tres docenas de facturas para los técnicos y hacíamos el rito. No se podía grabar si esto no se hacía. Y si bien se grababa, el programa era como un vivo, porque no se cortaba para nada”, recuerda Mariana Assadourian, productora y asesora de medios.

“Varias veces me tocó ser reemplazo como producción ejecutiva cuando el productor de siempre, Horacio Romairone, no podía. Yo entré al canal en 1987 y en los reemplazos en los ’90 mi trabajo allí era supervisar el aire. Llegamos a grabar hasta tres programas en una jornada, en el estudio 5 del Pasaje Gelly. Fue un placer conocer a Roberto. Lo recuerdo con mucho cariño. Terminé haciéndome amiga de él y al tiempo hicimos Ponele sal, un programa que duró poco tiempo, una mesa de domingo con amigos, al estilo La peña de morfi hoy”, agrega Assadourian.

Galán, el paladín del amor (Archivo Clarín).

Galán, el paladín del amor (Archivo Clarín).

Las bodas masivas eran las instancias en las que la aguja del rating se disparaba. Por civil (y por Iglesia en caso de ser católicos, en parroquias diversas, desde Saavedra hasta Lomas del Mirador), los novios firmaban un contrato en el que cedían aquel momento de emoción a las cámaras. Muchos casamientos fueron celebrados por el Padre José Lombardero, amigo de Galán. En una ocasión hubo también unión oficial entre parejas judías, que se casaron en sinagogas porteñas. 

El hotel Bauen de la Avenida Callao podía ser uno de los puntos anfitriones de la gran fiesta. El mayor despliegue ocurrió en un barco. Un joven Guillermo Andino se encargó en alguna oportunidad de las entrevistas en vivo a los tortolitos y familiares. También había luna de miel breve, en destino argentino, todo supeditado a la suerte del canje cristalizado por el canal.

No todo eran finales felices, claro. Sobre el ciclo giraban, también, teorías conspirativas, dudas, señalamientos. En 1973, por ejemplo, el programa fue denunciado por un supuesto fraude, una pareja que se conocía y jugaba a actuar enamoramiento a primera vista en cámara. Galán tuvo que salir a defender su buen nombre en Matinee, programa de Canal 11 que conducía Andrés Percivale (con colaboración de La Tia Valentina).

“Fue un escándalo. Se conocían, nos engañaron y los casamos. Ella era muy viva y muy mona. Tenían demandas previas y después robó un anillo de brillantes. La Policía rodeó el canal. La mujer terminó presa y él murió en un tiroteo”, explicaba después.

En épocas de Teledos.

En épocas de Teledos.

El gran golpe de pantalla se dio con el casamiento de Héctor Sotelo y Teresita Fauret, una pareja con enanismo. La ceremonia fue en la iglesia de Pompeya el viernes 16 de junio de 1972. Los padrinos fueron dos populares cantantes, Ramona Galarza y Roberto Rimoldi Fraga. Hubo luna de miel en Bariloche y una historia de amor que incluyó tres hijos. Por aglomeración de curiosos, se comparó aquella unión con la de Palito Ortega y Evangelina Salazar​ y con la de Violeta Rivas y Néstor Fabián.

“Hay que besarse más”, promovía sin coronavirus el hombre que declaraba que consumir mucha vitamina “E” para “fortalecer el aspecto sexual” . Se adjudicaba gran parte del flechazo de Evita y Juan Domingo Perón en 1944, cuando los presentó en un acto de beneficencia tras el terremoto de San Juan, en el Luna Park.

Convencido de su misión amorosa, no tenía reparos en enfrentarse a la Liga de madres de familia, que lo acusaba de “lucrar y rebajar el sentimiento del amor”: “Mi programa está dedicado a todas esas personas que puedan tener problemas de comunicación. Se los trata con educación y respeto. La Liga, me persigue desde ‘Si lo sabe, cante’, tiene la idea fija”. Yo les digo a todas esas honorables madres de familia, que no hacen nada por el prójimo. Viven de subvenciones y de ayudas, y para lo único que sirven es para rechazar lo popular”.

Mirá también

Mirá también

Source link

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *