Pat Metheny, “el Steven Spielberg del jazz”: el guitarrista que conjuga excelencia, vanguardia y éxito comercial



Cuando Pat Metheny llegó por primera vez a la Argentina para presentar su álbum First Circle en el Estadio Obras, en 1985 y con 31 años recién cumplidos, su nombre llevaba ya un buen tiempo instalado en la elite del jazz. Pero lo cierto es que para muchos locales más estaba asociado a la disolución de Serú Girán que a su habilidades y destrezas guitarrísticas.

Tres décadas y media después, con varias visitas más al país acreditadas en su currículum, y perdonado ya hace mucho tiempo por habernos “robado” por un rato a nuestro Pedro Aznar, el músico vuelve a Buenos Aires para presentar An Evening With Pat Metheny, los próximos 13 y 14 de marzo en el teatro Gran Rex, acompañado por un trío de músicos sobresalientes y con el respaldo de un historial que sigue acumulando logros.  

Lo cierto es que a lo largo de los últimos 35 años Pat, nacido en Missouri en 1954, publicó la friolera de 36 álbumes, que se sumaron a los 11 que ya tenía editados desde 1976, sumó 18 Premios Grammy a los dos que ya llevaba ganados, armó desarmó una decena de grupos, dúos y tríos, grabó con David Bowie, acumuló no menos de una veintena de menciones, doctorados y otros reconocimientos académicos y, sobre todo, no paró de crear una música que lleva su sello estampado en cada nota, más allá de los rumbos que tomara, que según el músico no son sino distintas versiones de una misma búsqueda.

Un derrotero que lo llevó a grabar con músicos como Ornette Coleman, Charlie Haden, Pino Daniele, Noa, Ron Carter, Brad Mehldau, Joni Mitchell, Milton Nascimento y John Scofield, entre muchísimos otros artistas de renombre. Precisamente fue Scofield quien alguna vez contó que piensa en Metheny como el “Steven Spielberg del jazz”, porque al mismo tiempo que es un gran guitarrista, hizo discos extremadamente populares.

A lo largo de su trayectoria, Pat Metheny cosechó 20 premios Grammy y editó 47 discos. (Foto: John Peden)

“Desde mi perspectiva, veo la mayor parte de todo lo que hice como algo continuo, que es muy personal. No hago distinciones entre uno o tal otro periodo, entre una banda o tal otra. Y no veo el final de nada; sólo comienzos y expansiones. Cada uno de los entornos estéticos que fui creando a lo largo de los años son diferentes versiones de mi sensación de lo que la música puede ser, lo que una banda puede ser… Cuando he convocado a ciertos músicos para mi banda, es porque siento que ellos son los mejores para ayudarme a conseguir cierto sonido. No siento como que alguna vez he “comenzado” o “terminado”; todo es un continuo. Podría tocar toda la música de Bright Size Life ahora mismo, y sus argumentos aún son válidos. Y vale la pena pensar acerca de ellos”, escribe el músico desde algún lugar del mundo, en estado de gira permanente.

Y con una pluma exquisita y de cuidada prosa, amplía su consideración: “Sé que hay músicos que van a través de la vida como si fueran una serpiente que va cambiando su piel, moviéndose hacia una próximo punto y luego hacia otro. Lo mío es algo más parecido a como si se tratara de agregar habitaciones y ventanas en una casa. Todo está conectado a mí. Los cimientos de la casa que me permitieron avanzar hacia todo lo que siguió fueron establecidos en Bright Size Life”.

Metheny cita aquel álbum grabado en 1976 con Bob Moses y Jaco Pastorius como el punto de partida que, explica, fue guiado por “lo urgente”. “Siempre quise ir hacia donde esta ardiendo el fuego, donde está lo más interesante y más urgente. Siempre he tenido un fuerte instinto acerca de lo que lo es, en cada momento en particular, y pude seguirlo fielmente. Sólo trato de hacer lo mío y de hacer lo mejor, sea lo que sea en lo que esté trabajando durante determinado período”, concluye.

Y fue aquel álbum también la coronación de un proceso que tuvo su inicio cuando, a los 8 años, Pat se propuso seguir con la tradición familiar. “Como el resto de mi familia, empecé con la trompeta. Pero yo encajé cronológicamente en ese conjunto demográfico que vio a The Beatles en los tempranos ’60 en el Ed Sullivan Show. De repente, la guitarra pasó a ser un emblema icónico de todo lo que estaba por suceder”, cuenta.

Sólo que, por esos días, el músico escuchó a Miles Davis, y la combinación de ambos mundos cambió el suyo por completo. “Una vez que escuché a Miles, comenzó mi viaje de desear entender cómo había sido que esa música había llegado a ser lo que era. Entonces, Charlie Parker, John Coltrane y Sonny Rollins se convirtieron en mis favoritos. Además de Clifford Brown y un poco más tarde Freddie Hubbard. Y debido a que yo estaba tocando la guitarra, Wes Montgomery se transformó en mi primera gran influencia. También Kenny Burrell, y más tarde Jim Hall. Gary Burton también era algo especial para mí; sus bandas de aquel momento eran mis favoritas”, recuerda Metheny, quien si bien asume que sus padres no vieron con muy buenos ojos su decisión de romper con la tradición, enseguida entendieron que la cosa iba muy en serio. 

-Decís que Wes Montgomery fue tu primera gran influencia. ¿En qué momento sentiste que tenías que definir tu propio estilo

-Wes tenía un gran álbum titulado Goin’’ Out Of My Head; un maestro de mi escuela oyó que yo estaba empezando a tocar la guitarra, y un día me hizo escuchar un tema. Eso me produjo un impacto realmente muy grande. Por lo tanto, si bien Smokin’ at the Half Note es el disco que reconozco como el más importante para mí, toda su producción fe extremadamente rica en información. A menudo hablo de Burrell y Hall como mis favoritos, también. Y lo eran; pero lo de Wes es 100 veces más importante que lo de cualquier otro guitarrista. El tema es que una tarde, cuando tenía unos 15, estaba tocando usando el pulgar, y la referencia de Wes estaba presente, tanto como el amor que yo tenía por su manera de tocar. Pero de pronto sentí como que una sombra enorme se me acercaba, la de alguien que yo admiraba. Y sólo me pregunto: ‘¿Por qué estás haciendo eso?’. En ese momento, me di cuenta que amaba profundamente a Wes, pero que no quería hacer lo que él hacía. Quería ser como él, pero en el sentido de inventar un sonido propio y un concepto musical. Desde aquella noche, nunca más toqué con mi pulgar, y casi nunca más que una nota o dos en octavas. Creo que hay un punto en el que uno tiene que decir simplemente “no”. Y diría que lo antes que lo hagas, mejor.

A los 65 años, Pat Metheny sigue proponiendo nuevos caminos en su música. (Foto: John Peden)

-¿Qué sentiste cuando, con solo 20 años, Gary Burton te convocó para su banda, aún con Mick Goodrick siendo parte de ella?

-La primera vez que toqué con Gary fue cuando tenía 18, mientras estaba enseñando en la Universidad de Miami. Luego pasé a enseñar en Berklee, y fue cuando me llamó. Tenía 19. Ingresar en su banda, para mí fue como entrar a tocar en The Beatles.

-Tu nombre es asociado usualmente al estilo de enseñanza de la Berklee School of Music. ¿Te sentís identificado con eso?

-No podría decir que tengo algún método en especial de enseñanza, más que el de tratar de que la gente se agenda las cosas que yo sentía que eran áreas en las que debían trabajar para ser capaces de alcanzar lo que yo entendí que debían lograr. Ciertamente, no enseñaba de acuerdo al método standard de Berklee; sobre todo teniendo en cuenta que ni siquiera yo sabía de que se trataba.

-¿Qué fue lo que despertó tu interés en escribir tu propia música? ¿Hubo algún compositor que te haya influido especialmente? 

-El impulso más temprano de escribir mi propia música surgió de cierta frustración al no haber sido capaz de encontrar el equilibrio que yo estaba buscando para improvisar sobre los standards y bases de blues, que era la mayor parte del material que me resultaba atractivo. Y si bien era un admirador de los grandes compositores de ese universo musical (Thelonious Monk, Wayne Shorter, Ornette Coleman, Benny Golson, Hernie Hancock y muchos más), había un estilo que no pude desarrollar hasta tanto no escribí mi primera canción y la toqué junto a algunos otros músicos. Era April Joy.

-Una especie de puerta de entrada a un nuevo mundo…

-En ese momento, me di cuenta de las implicancias de cómo ser un compositor te podría llevar a ser el líder de una banda y las posibilidades que me daba de crear entornos específicos para desarrollar cuestiones musicales que realmente me interesaban. A través de esas composiciones tempranas y de cómo me fueron llevando a descubrir qué tipo de músicos debía encontrar para transitarlas de manera apropiada, emergió una especie de hoja de ruta para explorar cualquier rama de ese mapa a la que mis distintos intereses musicales pudieran guiarme.

-¿De qué modo tu manejo de la tecnología aportó a esas exploraciones?

-Para mí, la revolución tecnológica es orgánica a mis intereses y es intrínseca a la rara habilidad que he tenido que desarrollar para llegar a ser el tipo de músico que terminé siendo. Botones, perillas, cables, electricidad y todo el resto son una parte del mundo en el que he vivido durante mis últimos 40 años; nada muy distinto de lo que representan las cañas para los saxofonistas o las boquillas para los trompetistas. 

-Algunos de tus álbumes, como Zero Tolerance for Silence, Orchestrion o The Sign of Four son a veces vistos más como experimentos que como temas musicales, en busca de no quedar atado a un estilo o idea en particular. ¿Qué opinión le merece esa consideración?

-Yo sólo trato de representar con honestidad y en sonidos las cosas que amo acerca de la música. Para empezar, no soy un fan de la idea de hablar de géneros o estilos. Para mí, la música es una gran cosa universal. Los músicos a los que he admirado son personas que tienen un enorme bagaje de conocimiento e intereses, que profundizan no sólo en la música sino acerca de la vida en general y son capaces de representar esas cosas que aman en forma de sonidos. Yo me siento un músico en ese amplio sentido. La forma en que a menudo se habla de la música en los términos que la gente usa para describirla es básicamente una discusión cultural/política que realmente no me interesa en igual nivel en el que estoy interesado en el sonido y el espíritu de la música en sí mismo. Tan lejos como el sonido puede llegar, siempre trato de que la música decida en qué dirección tengo que ir en términos de orquestación. Cuando veo gente referirse a uno u a otro proyecto mío como un “proyecto lateral” o “experimental” relativo a algún otro aspecto de lo que hago, lo siento como un malentendido respecto de que se trata de una entidad completa. Nunca pienso en ninguna de esas partes por fuera de la integridad.

A solas, en formato acústico, así como eléctrico y en banda, Pat Metheny siempre apostó a una búsqueda enmarcada en un sonido propio que comenz´a tomar forma en los primeros ’70. (Foto: REUTERS/Vincent West)

-Durante una presentación tuya en la Neuroscience Society, describiste el jazz como una manera de vivir, o más aún, como un proceso que una manera de hacer música. ¿Podés profundizar un poco más la idea?

-Cada momento que he trabajado en la música me ha provisto de miles de horas de profundización en cuestiones que no podría imaginar haber reunido de otra manera. De eso se trata.

-¿Podría ser considerada la música como el punto de encuentro del cerebro y el alma?

-Es eso, como mínimo. Aunque probablemente sea mucho más.

-Siempre entendí que la improvisación en su música es más una parte de la composición que un espacio de exhibicionismo…

-Acuerdo completamente, y estoy feliz de que lo haya entendido de ese modo.

-¿Cómo funciona esa idea, con la compañía de músicos como Gwilym Simcock, Linda May Han Oh y Antonio Sánchez?

-El concepto es simple: el de formar un grupo realmente excepcional, escribir alguna música para ellos pero adicionalmente poder también tocar algo de otro momento de mi trayectoria también. Durante unos 10 años he tenido puesto el ojo en lo que hace Gwilym Simcock. Es uno de los más talentosos pianistas que han emergido en un largo tiempo, en mi opinión. Comparte algo con otro de mis pianistas preferidos: Brad Mehldau. Ambos aseguran haber sido inspirados en hacer esta música después de haber escuchado mis discos cuando eran chicos. Gwilym tiene un profundo entendimiento de la sensibilidad que mi material invoca y requiere. El piano es un instrumento extraño para mí, en general. En su mayor parte siempre he preferido un ambiente muy abierto donde las melodías expresan la armonía de una manera intrínseca. Pero con el músico correcto y la sensibilidad correcta, el piano y la guitarra juntos pueden ser una combinación fantástica. Creo que con él lo logramos.

-¿Y cómo llegó Linda al grupo?

-Con Antonio y Gwilym creímos que era una interesante oportunidad de explorar quien andaba por ahí fuera para armar un cuarteto. Hay una rara abundancia de músicos actualmente en Nueva York. Eso me llevó al punto de ir a ver o tocar con algunos que me fueron recomendando. Luego de una investigación más o menos extensa, Linda Oh me pareció la mejor elección. Ella es algo especial. Tiene todas las habilidades requeridas, gran tiempo, un conocimiento profundo de lo armónico, y un gran sonido con el instrumento y su técnica. Pero además hay una profundidad narrativa en sus solos y en sus líneas cuando acompaña a los músicos que la rodean que la hace muy especial.

-A esta altura, en 44 años de trayectoria lleva editados 47 discos. ¿Como se desarrolla semejante disciplina de trabajo?

-Suelo escuchar gente que dice eso acerca mío: que soy muy disciplinado y que trabajo muy duro y sostenidamente. Pero la verdad es que todo es muy entretenido y divertido para mí. Considero que tener que hacer lo que hago es realmente un privilegio. Nunca hubo un momento en el que lo haya sentido como un lastre.

-La última: ¿alguna vez sentiste que no te quedaba nada por decir a través de la guitarra? 

-Nunca estuvo cerrada la puerta para crear. En realidad, siempre fue al revés. Finalmente, siento que siempre estoy empezando un nuevo comienzo.

Nombres propios que marcaron la trayectoria de Pat Metheny  

Pedro Aznar: “Un músico absolutamente único”

“Haber tenido a Pedro en mi banda durante unos pocos años ha sido increíble. Es un músico absolutamente único y hasta el día de hoy uno de los más grandes cantantes que escuché. Pero, además, un maravilloso músico en cada uno de los instrumentos que toca.”

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Lyle Mays: “Uno de los más grandes músicos que he conocido”

“Lyle fue uno de los más grandes músicos que he conocido. Su tiempo en el planeta es bien representado en la música. Hay tantos amigos cercanos ahora que no están más ahí; Jaco, Mike Becker, Charlie Haden… Mi objetivo es honrarlos tratando de convertirme en el mejor músico que puedo ser.

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Cómo es “From This Place”

La creatividad al servicio del mensaje político

El nuevo disco de Pat Metheny muestra su inagotable fuerza como compositor, en un trabajo que transita por diversos climas y en el que banda y orquesta consiguen un sólido equilibrio. El artista destacó que el disco es su respuesta artística al encumbramiento de Trump a la presidencia de los Estados Unidos.

“Nuestro país reveló vergonzosamente un lado de sí mismo que mantenía oculto”, señaló en unas líneas sobre su nueva música. Propio de su talento y lejos de componer un trabajo contestatario, Metheny decidió asumir el desafío de crear una música que corporice la experiencia en vivo de su cuarteto. En efecto, las diez composiciones del disco fueron grabadas sin ensayo y sin que el grupo conociese de antemano la música, confiado en que ese lenguaje común adquirido en los conciertos lograse amalgamar ese buscado tono conceptual con una música “tan estadounidense como sea posible”.

Con Gwilym Simcock en piano y teclados, Linda May Han Oh en contrabajo y Antonio Sánchez en batería, y con Meshell Ndegeocello en voz, Gregoire Maret en armónica, Luis Conte en percusión y la Hollywood Studio Symphony, dirigida por Joel McNeely como invitados, Metheny logró plasmar una música de una intensa visualidad.

Así es la tapa de “From This Place”, el álbum número 47 de Pat Metheny.

Tanto America Undefined como Wide and Far, con arreglos que recuerdan los años ’60, y You Are muestran al guitarrista como un solista creativo que explica las razones de su natural liderazgo: es la voz principal sin invadir los espacios donde el grupo edifica los climas. Su lirismo de platino, su capacidad para enhebrar solos a través de las diferentes atmósferas sin acudir a lugares comunes permiten entender por qué es uno de los guitarristas más influyentes de los últimos 40 años.

Ahora bien, el grupo funciona como una verdadera prolongación de las ideas de Metheny; Simcock, la malaya Oh y Sánchez desarrollan un sofisticado entramado musical en el que se lucen como creativos acompañantes. Los detalles en temas como Same River, Pathmaker o Everything Explained son esenciales para entender el alto nivel de integración de este talentoso colectivo.

En The Past in US, guitarra acústica y armónica dialogan en una expresiva balada. From This Place es un himno al que la hermosa voz de Ndegeocello le suma un delicado lirismo que la convierte en una pieza de concierto. La guitarra de Metheny sigue la línea del canto para desarrollar desde la melodía una sentida melancolía que las cuerdas amplifican.

Sixty-Six es un tema a medio tiempo que mantiene el clima precedente aunque con un amplio arco de tensión que nace en el solo de contrabajo y que termina en un extendido solo del guitarrista. El álbum cierra con Love May Take Away, una canción romántica, en especial por la orquestación, que tiene en manos de Metheny un tono de saludable esperanza, tan conveniente para los tiempos que corren.

Pat Metheny presenta “An Evening With Pat Metheny” el 13 y 14 de marzo, a las 21, en el Teatro Gran Rex, Av. Corrientes 857, con Gwilym Simcock en piano y teclados, Linda May Han Oh en contrabajo y Antonio Sánchez en batería. Entradas desde $1.900, a través de Ticketek.

E.S.

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